«Emigramos en dos Land Rover con los colchones y la matanza»

Daniel Lombardía nació en Suarbol y emigró en los años 60 a Barcelona


Navia de Suarna / La Voz

Daniel Lombardía nació en Suárbol, la aldea leonesa que limita con Murias, y en los años sesenta se marchó junto con su familia a Barcelona. Allí conocería a su mujer, nacida en Murias. Cada año, por estas fechas, regresan a la pequeña aldea de Navia de Suarna para reencontrarse con las raíces y recordar tiempos pasados.

«Recuerdo que salimos de aquí un 4 de mayo del 66 y llegamos a Barcelona el 6 en un Land Rover», relata Daniel. «En el año 65 habían venido unos tíos míos de Barcelona a pasar las vacaciones; yo tenía 13 años y mi hermano, 15. Estando aquí, mi hermano dijo que cuando se volvieran los tíos para Barcelona, se iba con ellos, y dije: 'yo voy para el año siguiente'». Pero visto que los niños querían poner rumbo a Cataluña en busca de un futuro mejor, toda la familia decidió emigrar.

«Acordamos irnos todos para allá, y así lo hicimos. Nos fuimos el resto de la familia al año siguiente, porque había que vender el ganado, arrendar las tierras. Prepararon el viaje y se apuntaron dos vecinos más del pueblo», prosigue un Daniel recién llegado a Murias.

Los recuerdos están frescos en su mente. Como si no hubiese pasado medio siglo. «Terminamos la última faena, que era recoger las patatas, y se marcharon tres vecinos y mi hermano para Barcelona. Cuando regresaron ya lo hicieron con las llaves de los pisos y allá nos marchamos. Emigramos en dos Land Rovert grandes, parecía aquello una caravana. De nuestra casa iban dos colchones, la matanza, la ropa, cacharros de cocina… todavía hay cosas de mis padres que fueron a Barcelona en el primer viaje», comparte.

Esos dos Land Rover que marchaban rumbo a Barcelona fueron los predecesores de las líneas de autobús que se establecerían entre Navia y la capital catalana. «En los años 60 iban atestados de gente de todas las edades, había movimiento de aquí para allí y al revés. Jaimito y García cogía gente de todos los pueblos de la zona. Empezó con un Land Rover, que era lo que había».

En Barcelona, Daniel construyó una vida, conoció a su esposa y tuvo a su hija Marina. Trabajó en la hostelería, en bingos, y hace 24 años montó su propio negocio. Ahora está jubilado y en agosto, como cada año, regresa con su familia a Murias. Su otro pequeño hogar.

Agosto repuebla la montaña lucense

lorena garcía calvo

Murias, en Navia de Suarna, multiplica su población en verano con los que emigraron a Barcelona

En una esquina del concello de Navia de Suarna, rayando con León, se esconde Murias, una aldea tan bonita como lejana, que cada año florece a la vida en el mes de agosto. En el invierno apenas queda un puñado de vecinos; pero en el verano todos los que en su momento emigraron a Barcelona o sus descendientes regresan al lugar. Las viviendas se repueblan por unos días, con los acentos gallegos y catalanes conviviendo en armonía.

En la semana que despide julio y da la bienvenida a agosto, en la aldea se percibe movimiento. Los bancos y sillas que rodean la plaza de la aldea tienen ocupantes. Aparcan coches. Los recién llegados se bajan y empiezan a saludar con besos y abrazos. De esos que se dan de año en año. De los que rezuman recuerdos.

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