La colonia gallega marca un nuevo récord: ya son casi tantos como los vecinos de Vigo y A Coruña juntos

La pandemia ha hecho que se frene el éxodo desde la comunidad, pero la diáspora sigue creciendo por los descendientes. Ya son más de 523.000


Vigo / la voz

Nunca hubo tantos gallegos habitando en otros países. Pero, al mismo tiempo, la colonia de emigrados de origen no deja de menguar y está en su nivel más reducido desde que en el 2009 se inició el análisis de su censo. La paradoja la explica el hecho de que mientras una parte de la emigración (los que nacieron en Galicia y salieron de ella) están optando por regresar en un número notable, y se produce a la vez un alto índice de fallecimientos entre la colonia exterior de mayor edad, las bajas de ambos grupos es aún menor que el ritmo de adquisición de la nacionalidad española por parte de los descendientes de los que un día se fueron para establecerse en otros países.

Las cifras del padrón de residentes en el extranjero difundidas ayer por el INE establecen a 1 de enero del 2021 la más numerosa colonia gallega en el exterior: 523.856 personas. Son solo 184 más que un año antes, pero suficientes para establecer un nuevo récord. Son ya casi tantos como la suma de los habitantes de Vigo y A Coruña (544.296) y superan de largo la población que reúnen las provincias de Lugo u Ourense, lo que da cuenta de la relevancia de la colonia exterior.

El número de nacidos en Galicia que se mantienen en el extranjero es ahora de 147.868, unos 2.349 menos que en el 2020. En cambio, el de los gallegos nacidos fuera sube a 375.988, otros 2.533 más que un año antes. De los primeros, los que se fueron, eran 14.945 más hace doce años; los segundos, los descendientes que han adquirido la nacionalidad española con adscripción a alguna provincia gallega, son ahora 155.202 más que en el 2009. La Ley de Memoria Histórica fue crucial en ese crecimiento exponencial, al favorecer la nacionalización de segundas y terceras generaciones de descendientes.

El año de la pandemia se ha dejado notar en todo caso en una ralentización del crecimiento de la diáspora, con el menor incremento desde que hay registros. El secretario xeral da Emigración de la Xunta, Antonio Rodríguez Miranda, pone el acento en el retorno de emigrados y la población ajena a Galicia que arrastran también los emigrantes en su vuelta (cónyuges y otros parientes), que sumados al resto de la inmigración hacen que sean más desde hace un lustro que los que parten hacia el extranjero. «Galicia tenlle dado a volta o seu saldo migratorio grazas, en parte, á política de acollida os retornados. Pese a pandemia cubríronse case que todas as prazas de becas que da a Xunta a emigración, aumentamos o número de axudas a retornados para que impulsen o seu negocio aquí, e non deixan de crecer as peticións de información», asegura.

Hay una caída en el ritmo de llegada e interés por volver de gallegos radicados en Venezuela, pero en cambio se disparan las consultas desde Argentina, Brasil y puntos como México, por la inestabilidad política del país. La ruptura con la UE de Gran Bretaña está provocando un efecto similar.

La diáspora gallega sigue teniendo en América su principal referente, máxime con la extensión de la nacionalidad a los descendientes de los emigrados. El 77,7 % de la colonia gallega del exterior se ubica en dicho continente, en el que sobresale históricamente Argentina con 180.908 censados, y le siguen Brasil, con 49.467; Cuba, 44.062 fruto del acceso al pasaporte español, y ya en Europa, Suiza, con 41.169.

La supresión del voto rogado para la emigración, un poco más cerca

Un total de 464.312 gallegos residentes en el extranjero tienen derecho a participar en las elecciones autonómicas, generales y europeas como integrantes del censo general de Galicia. Son ya el 17,25 % del censo electoral total, pero nunca han participado tan poco. En los comicios gallegos del año pasado solo consiguieron o pelearon por mandar su voto el 1,24 % de los gallegos en el extranjero, apenas 5.700 papeletas.

El Congreso se ha vuelto a comprometer a eliminar el llamado voto rogado, el sistema implantado en el 2011 que hizo descender la participación de la diáspora al tener que rogar cada emigrado poder participar en los comicios, esperar la llegada de la documentación electoral y enviar el voto después, todo en unos plazos muy ajustados y dependientes de servicios de correos, en general, menos eficientes que el español o los del resto de Europa.

La reforma del voto emigrante se encuentra ya a estudio de nuevo en una comisión del Congreso, cámara donde el debate suscitado el mes pasado para el cambio del sistema electoral propició que el PSOE pidiese perdón a la diáspora por boca de la diputada gallega Pilar Cancela, al ser su partido durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el que propició con el apoyo del PP, CiU y el PNV, el cambio que redujo al máximo el voto llegado del extranjero. La apuesta por la limpieza en un proceso en el que habían surgido votos a nombre de personas muertas o sacas sin control, llevó a adoptar el ruego del voto para mayor control.

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