En taxi a Oporto, avión a Zúrich y tren para volver a trabajar a Suiza

Xosé Abelenda emplea 12 horas en regresar al cantón de Vaud desde Santa Comba: apenas hay vuelos, son caros y los requisitos para entrar, complejos hasta el lunes

David Gil Lopez, taxista, lleva hoy por la mañana a Oporto a Xosé Abelenda, que tras tres meses vuelve a Suiza tras lograr un vuelo. En total, viajará unas 12 horas
David Gil Lopez, taxista, lleva hoy por la mañana a Oporto a Xosé Abelenda, que tras tres meses vuelve a Suiza tras lograr un vuelo. En total, viajará unas 12 horas

La Voz

Suiza, un país que ha recuperado mucho la nueva normalidad, donde residen más de 40.000 gallegos, reabrirá las fronteras con los países del espacio Schengen el próximo lunes. Entrar y salir será más fácil, sin tener que acreditar residencia, trabajo, causa mayor y otras circunstancias que hasta ahora limitaba los accesos, además de la evidente falta de vuelos. Pero Xosé Abelenda, natural de Grixoa de Esternande, en Santa Comba (al lado de Coristanco, municipio bergantiñán al que está muy vinculado) no puede esperar tanto: ese día retoma allí su trabajo presencial, tras los últimos tres meses en Galicia teletrabajando. Vino por unos días, llegó la pandemia y volver se hizo imposible, y cuando pudo ser temas familiares lo demoraron unas semanas más. El caso es que ahora ha llegado la hora de volver a su puesto de inspector en el sector TIC con el sindicato Syndicom. Y esta mañana está inmerso en ese regreso, que no va a ser rápido: taxi hasta Oporto, avión desde allí a Zúrich (a Ginebra no había plazas) con Swiss, y después tren hasta Yverdon-les-Bains, en Vaud. Calcula, en total, unas doce horas, nada que ver con las dos de un vuelo desde Santiago a Ginebra, que ahora no hay. Y menos que las algo más de 20 que tarda un taxi (depende del destino) hasta Suiza, muy habituales entre la Costa da Morte y este país, que estos tres meses han reducido o anulado su actividad.

El caso de Abelenda no es excepcional ni por supuesto ninguna epopeya, pero sirve de ejemplo para ilustrar las dificultades que los emigrantes han tenido para comunicarse entre los dos países, con una relaicón que es muy fluida hacia ambos lados. Suiza es el principal destino del aeropuerto de Santiago, por ejemplo. Y a la falta de vuelos se suman los elevados precios: él logró una tarifa de 300 euros en la ida, pero ayer ya estaba a 600, explica desde el taxi, que conduce David Gil Lopez, natural de A Baña y residente en Santa Comba. Ambos, claro, con mascarilla, y Xosé seguirá con ella en el avión esta tarde, en el que no habrá espacios libres. Pero, al menso, puede irse. «Menos mal que nos queda Portugal», bromea.

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