Álvaro Montes: «Quise hacerlo en Galicia para retribuir lo que me está dando»

La Voz

RETORNADOS

PACO RODRÍGUEZ

Puso en marcha Nunuku, una firma para comercializar productos de descanso que diseña él mismo. Puso en marcha Nunuku, una firma para comercializar productos de descanso que diseña él mismo. Es un ejemplo de emprendimiento de emigrantes retornados

30 dic 2019 . Actualizado a las 09:43 h.

Álvaro Montes, de 52 años, es un venezolano hijo de padre pontevedrés y madre vasca que, tras una larga y productiva experiencia como gestor de recursos humanos, directivo y empresario en su país, se decidió a poner en marcha su sueño: desarrollar productos de descanso que él mismo diseña. «Quise hacerlo en Galicia para retribuir lo que me está dando», asegura desde Santiago, donde se asentó con su familia y donde desarrolla la marca Nunuku, que a mediados de enero estará al servicio de los consumidores en la plataforma de micromecenazgos para proyectos creativos Kickstarter.

Detrás de la aventura de Álvaro Montes está la difícil situación que se vive en Venezuela, donde él era socio de una cadena de perfumería. «El negocio me permitía vivir, pero lo que ves alrededor no es el escenario que tú quieres para tus hijos». Él tiene dos, y a la mayor ya la había enviado con anterioridad para estudiar en Madrid, mientras que a sus padres los tenía en Santiago, donde el progenitor, consultor gerencial, realizó algunos trabajos para la Universidade de Santiago y para otros organismos antes de jubilarse. «Yo ya estaba preparado y con el pasaporte listo. Fue hacer las maletas y venirnos».

Así fue cómo toda la familia se trasladó a Santiago, a la casa de los abuelos. «Al menos sé que tengo donde dormir y donde comer». Y decidió que era el momento oportuno para poner en marcha un proyecto que le rondaba la cabeza desde hacía cinco años. «Era obvio que en Venezuela no iba a poder hacerlo».

Su intención es poner en el mercado productos de descanso como almohadas o cojines diseñados por él mismo a partir de la experiencia recogida de las diferentes empresas en las que trabajó relacionadas con los tratamientos de belleza y salud. «El concepto de almohada de descanso ya existe, pero las buscas en Internet y lo que encuentras es estéticamente horrible. Yo le di la vuelta y transformé la almohada en una pieza de diseño».

No perdió un minuto. A través de la Fundación Ronsel se asesoró sobre los pasos que tenía que dar, a través de la Cámara de Comercio de Santiago desarrolló un plan de empresa y a través del programa de retorno emprendedor de la Xunta recibió la subvención de 5.000 euros que le permitió realizar los moldes y los prototipos previos a la fabricación de los productos. «La verdad es que me dieron toda la información que necesitaba, desde que llegué y empecé con el papeleo de la tarjeta de salud, luego con el subsidio de emigrante retornado que da el Gobierno y el asesoramiento que me ofrecieron en la oficina de empleo, donde les expliqué mi proyecto y me dijeron a dónde me tenía que dirigir».