«La baja incidencia en Nueva Zelanda se debió a la rápida reacción del Gobierno»

Pilar García, una coruñesa que trabaja como arquitecta en Auckland, asegura en ese país que al ver lo que pasaba en Europa, se actuó de forma muy eficiente


a coruña

La coruñesa Pilar García Domingo trabaja como arquitecta en Auckland, en el norte de Nueva Zelanda. Se preparó con tiempo para el teletrabajo y organizó el traslado con su pareja a una casa que se están haciendo en Tinopai, en la región de Matakohe. «Estuvimos tres días en nuestra burbuja, en una zona que está relativamente aislada y solo saliendo de la casa para ir al bed & breakfast de unos amigos donde podíamos utilizar la red wifi para teletrabajar. Pero todo se precipitó y de un día para otro pasamos de un nivel de alerta 2 al 4. Es decir, de tener prudencia y cierto distanciamiento social, a un confinamiento total». Esto les obligó a cambiar de planes: «Veníamos preparados para estar un par de semanas en la casa que estamos construyendo, pensando en que tendríamos una relativa movilidad con la furgoneta. Pero el confinamiento ha sido absoluto y muy estricto, así que tuvimos que trasladarnos a vivir al bed & breakfast, pero no como clientes, sino como compañeros de confinamiento de nuestros amigos argentinos que lo regentan», explica.

No han tenido problema de suministros a pesar de estar en una zona apartada, cerca de un parque natural y de un museo dedicado a los kauris, árboles milenarios que son venerados por los maoríes y que fueron desapareciendo por las talas masivas que hicieron para usarlos como mástiles en los antiguos barcos. «Es una tranquilidad absoluta. Y así llevábamos ya varias semanas, cuando nuestra primera ministra, una mujer joven pero con las ideas muy claras y a la que no le tiembla el pulso, decidió que podíamos pasar al nivel 3 de alerta. Esto significa que la gente que no puede teletrabajar ya puede acudir a sus puestos laborales o que los restaurantes puedan abrir, aunque solo para el take-away... Que hayan reducido el nivel de confinamiento es ideal en nuestra situación, porque nos permite dormir en nuestra finca, pero también desplazarnos unos kilómetros en coche hasta el bed & breakfast para utilizar la red wifi y seguir teletrabajando», explica. Opina que la escasa incidencia que está teniendo el coronavirus en Nueva Zelanda tiene que ver con el bajo índice de población, con unas costumbres sociales poco dadas al contacto físico y con «la rápida y contundente reacción del Gobierno». «Viendo lo que estaba pasando en Europa, aquí se dio prioridad a la salud de la gente. Se cerraron fronteras, se cancelaron vuelos y la población, con muy pocos incumplimientos, se quedó confinada en sus casas», confirma.

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Luis Bello Juanatey se crio en Noia, creció en Compostela y lleva un par de décadas afincado en Estados Unidos, actualmente asentado en Atlanta, la capital de Georgia. El gobernador, el republicano Brian Kemp, fue el primero que levantó el confinamiento, incluso a costa de ganarse la reprensión de Donald Trump. «Defiende que no se puede poner en peligro la economía, que se está magnificando la crisis sanitaria», apunta Bello Juanatey. En cambio la alcaldesa, la demócrata Keisha Lance Bottoms, «no deja de pedir a los ciudadanos que no bajen la guardia, de avisar que estamos ante un problema de salud serio». Y la población está dividida: «Esto es un enredo, un enorme lío».

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