La montaña lucense desfila por la alfombra roja en el Festival de Cannes

La presentación de la última película de Oliver Laxe en el certamen francés proyecta al mundo el problema de los incendios en Galicia, al tiempo que pone su grano de arena para que «o rural non morra»

Benedicta Sánchez Vila baila la muiñeira durante la presentación de la película en Cannes, mientras Amador Arias observa su arte
Benedicta Sánchez Vila baila la muiñeira durante la presentación de la película en Cannes, mientras Amador Arias observa su arte

redacción | la voz

«O impacto de O que Arde é moi bo para o concello e para toda a montaña. A xente quedou encantada da rodaxe, do director... Iniciativas como esta son moi importantes porque despertan o interese da xente nesta zona e son boas para que o rural non morra». El alcalde de Navia de Suarna, José Fernández, habla exultante de cómo la última película del director gallego Oliver Laxe presentada ayer en el festival francés de Cannes, donde concursa en la categoría Un certain regard (una cierta mirada), ha contribuido a poner su granito de arena a la hora de proyectar la realidad que viven cada día las personas de ayuntamientos de la montaña lucense. Porque todo el mundo está hablando hoy de O que Arde. Pero en Navia más. Porque el largometraje grabado en gallego «da montaña», en el que os pantalóns son pantalois, fue rodado mayoritariamente en ese concello lucense. Cuenta la historia de Amador Coro, un hombre que regresa a su casa en un pueblo de las montañas después de haber estado en la cárcel por haber provocado un incendio. Ahí vive tranquilamente con su madre Benedicta y tres vacas hasta que un día el fuego vuelve al monte. El argumento pone el foco sobre uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la Galicia rural: el fuego. Lo hace, por ejemplo, con escenas en las que se ve como los brigadistas emprenden una lucha titánica contra las llamas.  

Imagen tomada el verano pasado en Navia de Suarna durante el rodaje de la película
Imagen tomada el verano pasado en Navia de Suarna durante el rodaje de la película

«Oliver fixo un cásting para facer a película e ao final colleu a este home (por Amador Arias) que é de A Fonsagrada e a señora (por Benedicta Sánchez) que é de hacia o Corgo, pero tamén participou moita xente de Navia como extras», cuenta Fernández. Efectivamente, Amador Arias es de A Fonsagrada, a escasos kilómetros de Navia montaña arriba; y Benedicta es de O Corgo, «da Campa, da estrada que vai para Sarria», como matiza el alcalde de O Corgo, José Antonio Ferreiro. 

Tras el estreno de ayer, Amador y Benedicta aún están en Cannes. Durante el photocall fueron espontáneos, fueron ellos. Benedicta, con una elegancia natural que recordaba a Vanessa Redgrave, incluso se atrevió a bailar para los fotógrafos una muiñeira. A José Antonio no le sorprende las dotes de actriz, aunque amateur, de su convecina: «Xa lle ven de familia porque tiña un irmán que era músico no grupos Jaslas e ela ten moito mundo, estivo emigrada en Brasil».

Pero más allá de que Oliver Laxe, que nació en Francia pero creció en la aldea de Vilela (Navia) donde nació su madre, haya puesto el foco sobre lo que ocurre en los pueblos de la montaña lucense o en el grave problema de los incendios en Galicia, la película ha servido también para que la gente esté más orgullosa de vivir ahí.

«É unha sorte que alguén como Oliver se interese polo lugar no que pasou tanto tempo e do que ten tantos recordos. Xa antes de facer a película empadroouse en Navia para vir cando poda. Eso é unha sorte para un municipio como este», concluye José Fernández que, probablemente, no dejará de ver la película.   

Festival de Cannes: Oliver Laxe hace crepitar el corazón del bosque en «O que arde»

josé luis losa

Es la primera vez que se proyecta en la sección oficial de Cannes un filme en gallego

En un presente en el cual, más que nunca, la narrativa cinematográfica parece abocada a responder con gratuidad y maniqueísmo a los conflictos, como si el drama y sus concausas fuesen un pimpampum, asistimos este martes a un acto creativo de nobilísimo armisticio alejado de estos garrotazos que exigen a la pantalla devenir cadalso. No nos sorprende que la mirada de Oliver Laxe sobre la tierra quemada de O que arde posea esa limpieza innata que le permite desmochar trampas argumentales propias del cine condescendiente. Y así crece y se enraíza esta película en la estirpe de las obras eminentes cuya estatura moral evita el juicio sumarísimo o populachero.

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