Nunca hubo tantos electores fuera de Galicia pero nunca su peso fue tan débil

Los emigrantes han pasado de participar uno de cada tres antes del voto rogado a solo tres de cada cien ahora

Recuento de voto emigrante en las autonómicas del 2012
Recuento de voto emigrante en las autonómicas del 2012

vigo / la voz

Son muchos más que los electores de las provincias de Lugo u Ourense. Son más de la mitad de los posibles de la de Pontevedra. Y podrían determinar el color del Gobierno de la próxima Xunta, en realidad lo puede hacer un solo voto, pero lo cierto es que nunca ha pesado tan poco el voto de la emigración gallega cuando, en cambio, nunca antes tuvo tantos integrantes.

La implantación del complicado sistema del voto rogado levantó desde el 2011 un muro entre los residentes en el exterior y las urnas. De participar un 30 % de la emigración en las autonómicas del 2009, o un 35,1 en las generales de un año antes, el triple proceso postal que se debe seguir para poder votar desde otros países ha disparado la abstención, bajando la emisión de votos de la diáspora a solo un 3,2 % en el 2012 o a un 2,4 el 2016.

Solo 10.000 votos

En esa última cita con las urnas para elegir a los integrantes del Parlamento, solo llegaron 10.777 votos. En el 2009, las juntas provinciales habían extraído de las sacas de correo internacional 101.708 papeletas.

Antes de implantar la obligación de tener que rogar el voto, todos los emigrantes recibían en sus domicilios las papeletas de sus provincias. Adjuntando una fotocopia del carné o pasaporte y el voto elegido en otro sobre, se remitía el sufragio a la Junta Electoral. Así de simple. Tanto que dio lugar a una casuística tan cuestionable democráticamente que llegaban votos de personas ya fallecidas, sobres repetidos o envíos masivos con el mismo punto de origen. Pero también votaban residentes en el exterior con toda su intención de participar y legitimidad para hacerlo.

La reforma electoral adoptada en el 2011 por el PSOE, PP, CiU y PNV le dio un certificado de legalidad a todo el proceso, pero solo aparente. No todos los residentes en el exterior tienen las mismas garantías para participar pues se pasa a depender en exceso de los servicios de correos de cada país.

Tres envíos postales

A ellos hay que acudir a enviar la solicitud para poder participar en cada proceso electoral —menos en el caso de las elecciones municipales de las que fueron excluidos hace nueve años—, cuyo plazo acaba este sábado. Las oficinas provinciales del censo enviarán a continuación un certificado de inscripción en el registro. Y después, el elector tiene que volver a reenviar esa documentación junto con su papeleta.

Un laberinto administrativo y postal que desde su implantación ha hecho que la abstención de la emigración gallega haya superado siempre el 95 % del censo. Y curiosamente lo hace cuando ese registro de emigrantes en el extranjero ha alcanzado su mayor cota histórica: 462.443 gallegos y descendientes radicados permanentemente en otro país. De ellos, eso sí, solo el 28,9 % nacieron en España.

Desde la implantación del voto rogado, los mismos partidos que lo impulsaron reconocieron la exclusión electoral que había supuesto para los residentes en el exterior. Además de prometer tanto PSOE como Podemos eliminar ese ruego, el PP también acaba de lograr aprobar en el Senado una moción para que se suprima ya en seis meses.

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