Un gallego en Rusia: «El club nos ha dicho a los extranjeros que no nos puede pagar. Es un corralito puro y duro»

Pablo Penedo Vázquez
Pablo Penedo VILAGARCÍA / LA VOZ

DEPORTISTAS

Mónica Irago

El entrenador de baloncesto Alberto Blanco se encuentra con la paradoja de no poder continuar con el envío periódico de dinero a su familia mientras a él se le abarata la vida en Krasnodar

12 mar 2022 . Actualizado a las 20:18 h.

Alberto Blanco regresó este miércoles a Krasnodar de un muy, muy largo doble desplazamiento a las ciudades de Moscú y Ufá para cumplir con el calendario del Lokomotiv Kuban B en la Superliga 1 del baloncesto ruso. Tras siete días fuera de su hogar en el Cáucaso, el entrenador vilagarciano chocó con los nuevos efectos que la respuesta de Occidente a la invasión de Ucrania están generando en Rusia. Una situación que lo lleva a hablar de «corralito puro y duro», al menos para los extranjeros que viven al este del Donbás.

Desde ayer, el banco central del gigante eslavo decretó la limitación de la retirada de moneda extranjera de las cuentas del país, fijando un máximo de 10.000 dólares de aquí al 9 de septiembre. Consciente de ello, este jueves Alberto Blanco acudió a una sucursal del banco en el que su club le abrió a su llegada, el pasado verano, la cuenta en la que recibe sus nóminas, en euros, y paga sus gastos en Rusia. Y esto es lo que, relata, se encontró: «Le dije a la cajera que quería sacar euros de mi cuenta y que cuántos me podía dar. ‘Nada. Te doy lo que quieras en rublos; no tenemos euros’», le contestó muy amablemente antes de decirle que trasladaría su petición a la central de la entidad, emplazándolo a volver en 15 días. Visto lo visto, sostiene el entrenador: «No es verdad que podamos retirar 10.000 dólares».

Las autoridades rusas, señala Blanco, explicaron que el problema de disponibilidad de moneda extranjera se limita solo al diez por ciento de la gente que vive en el país, ya que el noventa por ciento de la población se maneja únicamente en rublos. Los principales damnificados, añade el gallego, seon las empresas extranjeras establecidas en el país y personas que, como él mismo, tienen en Rusia su actual trabajo. Una ocupación que al arousano le reporta «un sueldo correcto», pero ni mucho menos espectacular, con el que poder enviar cada mes dinero a su familia en Vilagarcía para pagar los gastos de cualquier economía de un trabajador medio, desde la luz y la gasolina a una hipoteca: «Yo tengo que mandar dinero cada mes a casa, aunque sea a través de Western Union. Pero lo tengo que hacer en euros, porque si lo hago en rublos pierdo un 40 %».

Seis días antes, el técnico gallego había encajado ya el primer golpe. Camino de Moscú con su equipo para jugar frente al CSKA B, Blanco recibió la misma llamada que el resto de jugadores y técnicos extranjeros que habían decidido no abandonar todavía el club tras la primera semana de guerra en Ucrania: «El club nos comunicó que no nos puede pagar. Nos dijo que estemos tranquilos, que va a buscar fórmulas para pagarnos. Se puso a nuestra disposición y nos dijo que si queremos marcharnos, podemos rescindir nuestros contratos». El arousano exime de la responsabilidad de la situación a un Lokomotiv Kuban que sí ha podido pagar a sus empleados rusos, en tanto estos cobran en rublos y no en una hoy por hoy cotizadísima moneda extranjera.

La intención de Alberto Blanco, hoy, es cumplir su contrato, que lo liga a la entidad de Krasnodar hasta mediados de mayo. Un tiempo en el que, de momento, irá tirando de los ahorros en su cuenta rusa y de la ventaja de pagar las compras con tarjeta, ya que de esta forma lo hace en euros, con su banco haciendo la conversión de la moneda comunitaria a la rusa en el abono de cada operación. Para muestra, un botón: «Ayer (por el miércoles), después de siete días fuera de viaje, fui al supermercado. Gasté unos 1.500 rublos con la tarjeta. Le pregunté a la persona del club que trabaja con los bancos cuánto me había costado la compra en euros y me dijo que unos 10,50. Hace quince días lo mismo me costaba 18 euros. Y eso que en productos como la leche, el salami, los yogures, el pan o la coca-cola noté una subida de 8-9 rublos, unos 12 céntimos de euro». Detrás de ello, la depreciación de un 40 % de la moneda rusa apuntada por el gallego.