Almoina, el sastre de Viveiro que presidió el Círculo Republicano Español de Cuba

Fue miembro de la Hermandad Gallega y expulsado del Centro Gallego de La Habana en el año 1940

Celebración del Día de Galicia en 1959 en el Centro Gallego de La Habana, poco antes de ser incautado por Fidel Castro
Celebración del Día de Galicia en 1959 en el Centro Gallego de La Habana, poco antes de ser incautado por Fidel Castro

Francisco Almoina Chao fue un sastre de Viveiro que mantuvo una activa y destacada participación en iniciativas solidarias y democráticas desarrolladas por los emigrantes gallegos en Cuba en el entorno de la guerra civil de 1936. Dejó su huella en momentos y en entidades claves como Vivero y su Comarca, el Círculo Republicano Español que presidió, el Partido Hermandad Gallega e Hijas de Galicia. No fue un triunfador. Pero su vida y su obra no fueron en vano.

Era sastre y el 4 de junio de 1925 solicitó a la Oficina de Marcas y Patentes de Cuba registrar una línea de ropa de confección que pretendía comercializar con el nombre de su taller, Cincinnati. Su petición fue rechazada porque la ley no permitía usar nombres de lugares de Estados Unidos para productos que no fueran elaborados allí.

No se desanimó y dedicó sus esfuerzos a su tienda, a la sociedad Vivero y su Comarca y a la revista Vivero en Cuba que dirigió con Jesús Peynó entre 1914 y 1931. Ahí comenzó a practicar la solidaridad que había aprendido en la sociedad rural de la que procedía, Landrove. Y supo que había causas que valían la pena. Una de ellas, la que lo encumbró, fue el Círculo Republicano Español, como estudiaron Naranjo Orovio, Núñez Seixas o Cuadriello, entre otros.

La entidad, que él presidía en 1937, editaba la revista Mensajes en la que colaboraron Ángel Lázaro, X. Álvarez Gallego, Azaña, Indalecio Prieto, De los Ríos, Nicolás Guillén, Castelao o Bagaría. En ella expuso el viveirense su visión de la guerra en agosto de 1937: “La contienda no se produjo por ningún fenómeno político sino por uno económico. Frente a frente, luchan dos clases sociales: a un lado, los privilegiados, los que lo tienen todo; y al otro, los parias, desheredados de la fortuna, que nada tienen más que su trabajo mal retribuido...”. Un hermano suyo, José María, de 27 años, minero y comunista, había sido paseado y asesinado en Viveiro el 6 de agosto de 1936.

Cociña y Vázquez Penabad

El Círculo Republicano dejó de funcionar en 1938 por las críticas de los socialistas y por la presencia e influencia de los comunistas en él. Pero, al terminar la guerra, resurgió con Francisco Almoina como presidente; el masón Luciano Carregal, de Padrón, vicepresidente; y Vicente Gisbert, secretario. Se orientó a ayudar y recaudar fondos para guerrilleros y exiliados españoles. Tenía un espacio de radio, La Voz de España, y celebraba actos políticos. En el duodécimo aniversario de la Segunda República, en 1943, con asistencia de Álvaro de Albornoz y Pérez Urría, se impuso la Orden de la Liberación de España a emigrantes significados por su apoyo a la República.

Entre ellos estaban los emigrantes mariñanos Heriberto Cociña (de Izquierda Republicana) y Ángel Vázquez Penabad ?hermano de Carlos, el médico de Ourol, que ayudó a los guerrilleros- y a José Abelenda, Salvador Díaz (de Boal) y José Vilariño, de Ferrol.

Fue miembro de la Hermandad Gallega y expulsado del Centro Gallego de La Habana en el año 1940

Almoina vivió en primera persona el crisol de pasiones que fue el Centro Gallego de La Habana en 1936. La guerra lo partió en dos: a un lado, los partidos Afirmación y Defensa (franquista, con su revista Lar) y Pro Renovación y Defensa Social y Unión Progresista (conservadores); y al otro, Hermandad Gallega, republicano, y su revista Loita. Los dos bandos se batieron en la Asamblea de Apoderados, el órgano que estatutariamente dirigía el Centro.

En las elecciones de 1937, concurrieron dos partidos conservadores y ganó Afirmación Gallega, liderada por el falangista muxián Cayetano García Lago. Dos años después, en 1939, la cosa cambió. Surgiera en 1938 una tercera fuerza, Hermandad Gallega, con un Comité de dirección que presidía Xerardo Álvarez Gallego ?galleguista, cuñado de Bóveda- y formaban Francisco Almoina (Círculo Republicano Español), Manuel Somoza (Círculo Español Socialista) y Pegerto Gallego (Ateneo Socialista). Quería “cambiar la baja y sucia política tradicional del Centro Gallego”.

Castelao, de viaje en Cuba en busca de ayudas para la República, apoyó en sus mítines ?en los que participó Almoina- a la Hermandad y censuró el caciquismo de García Lago y el Centro. La Hermandad pasó de 0 a 24 representantes, aún insuficientes ante los 34 de Afirmación y Defensa y los 17 de Defensa Social. Pero el cambio obligó a democratizarse al Centro, no sin tensiones: en junio de 1940, su directiva expulsó, tras requerir a la policía, a cinco apoderados de la Hermandad -José Vilariño (pte.), Francisco Almoina (vicepresidente), Antonio Amil, Manuel Millares y Rafael Rodríguez- que denunciaran irregularidades. Los acusaron de representar a la “fiera de Moscú”…

En 1941, tampoco ganó la Hermandad y, tras acusar la derecha a Álvarez Gallego de graves imputaciones, hubo una escisión en sus filas y se formó un nuevo partido de izquierdas, la Unión Social, que, al fin, ganó las elecciones en 1959. El año en que Fidel Castro tomó el poder e incautó la casa de todos los gallegos…

Pidió nombrar a Taladrid hijo predilecto y fue activo colaborador de Hijas de Galicia

La vocación social de Francisco Almoina lo hizo asiduo partícipe de la vida de Vivero y su Comarca, la asociación de los viveirenses en Cuba. De febrero de 1914 a diciembre de 1931, dirigió, en alternancia con Jesús Peinó, Vivero en Cuba, la revista que se editó entre 1911 y 1957 y que fue referencia entre las publicaciones emigrantes. Llegó a tirar 2.000 ejemplares y, además de Peinó y Almoina, la dirigieron Del Valle Moré, Amador Fernández, Miguel Barreiro y Francisco Docal.

En 1930, cuando Justo Taladrid regresó a Cuba y donó cien mil pesetas a la sociedad que él mismo fundara, Almoina dirigía la revista y emprendió una campaña para que todos los concellos del distrito de Viveiro -en los que Vivero y su Comarca había construido escuelas- lo nombrasen Hijo Predilecto. Una campaña que tuvo desigual eco: mientras el Concello de Xove le concedió la distinción en mayo de 1930, el de Viveiro anunció que lo haría pero la proclama quedó en nada. Taladrid dejó por escrito en su libro Verdades como puños los muchos favores que prestó al entonces alcalde, José Santiago Seijo, las malas relaciones que con él mantenía y su declarada enemistad.

Otra de las entidades con las que Almoina colaboró en Cuba fue con la ejemplar Hijas de Galicia, de la que otro viveirense, Luis Fernández Albo, había sido presidente de 1949 a 1951. Almoina presidió el Comité Electoral de los comicios celebrados el 7 de enero de 1958, el año en que la asociación llegó a las 58.000 asociadas y en el que inauguró el pabellón de ocho plantas que alberga la Maternidad y el Hogar-Albergue.

martinfvizoso@gmail.com

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