Cuba, amistad y desarraigo, en la mirada documental de dos mujeres cineastas en el exilio

Málaga estrena este domingo la producción gallega «A media voz»

Detalle de un fotograma del filme documental «A media voz», en una escena rodada en la hermosa desembocadura del río Anllóns
Detalle de un fotograma del filme documental «A media voz», en una escena rodada en la hermosa desembocadura del río Anllóns

Redacción / La Voz

El Festival de Málaga estrena este domingo en España el filme documental A media voz, impulsado por la productora gallega Matriuska y obra de las cineastas cubanas Heidi Hassan y Patricia Pérez, a las que la situación política de su país empujó a la emigración, al exilio. Patricia recaló en la Costa da Morte hace más de quince años, cuando dejó la isla, decisión que ocasionó la incomprensión de su amiga de la infancia Heidi, que no entendía cómo la revolución y el castrismo la había defraudado de esa manera. Lo comprendió mucho después, y también ella huyó para ir a dar a Ginebra. El desarraigo suizo la animó a tratar de reconectar con Patricia, de restaurar aquel vínculo emocional. Y lo que empezó a través del correo electrónico pasó a convertirse en una correspondencia articulada mediante pequeñas piezas audiovisuales -ya conscientes de que había una película en el horizonte- que se intercambiaban en un diálogo fructífero, donde hablaban de la experiencia emigratoria, el fracaso de la utopía, la infancia, la creación, el tiempo pasado, la familia, la maternidad...

Sobre ese material epistolar fílmico edificaron el documental, más alguna pieza filmada del archivo personal de Pérez. Lo reunieron todo, se juntaron con la cineasta gallega Diana Toucedo para acometer el montaje y finalmente acordaron rodar algunas escenas complementarias muy específicas necesarias para afianzar la narración, que, entiende Pérez, «funciona como una ficción a nivel de dramaturgia».

El contraste entre los dos enfoques -el lenguaje de Heidi como fotógrafa «es más exigente con la imagen», el de Patricia «busca la naturalidad»- no merma la potencia del relato, que ha encontrado abundante eco y reconocimiento. En su estreno, en el prestigioso IDFA (International Documentary Filmfestival Amsterdam), en noviembre pasado, obtuvo el premio al mejor largometraje documental. Un mes después recibió en La Habana también el galardón al mejor documental. «En marzo, con once festivales en la agenda, todo se frustró con el covid-19», recuerda Patricia Pérez, que espera que ahora todavía se pueda retomar la inercia perdida, empezando mañana por Málaga, uno de esos certámenes que menciona que se vieron postergados o suspendidos por la pandemia.

En la cita andaluza A media voz compite en la sección de documentales. Acudirá después a Tui al Play-Doc, aplazado hasta la última semana de septiembre. Y en diciembre llegará a las salas comerciales.

En el Festival de Málaga también se verá, el próximo martes, la película gallega Lúa vermella, del realizador vigués Lois Patiño, que compite en la sección de autor, Zonazine.

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