La cabaña de Heidegger

Isidro Tascón reflexiona sobre la idiosincrasia del pueblo cubano en «Réplica» desde la Sala Valente

La exposición de Tascón en la sala Valente, en una foto del día de la inauguración (el 5 de marzo)
La exposición de Tascón en la sala Valente, en una foto del día de la inauguración (el 5 de marzo)

ourense

«Lo que me dominó es el animal humano, el núcleo familiar, la familia, el hogar. Es darle al ser humano su cáscara». Le Corbusier.

El artista multidisciplinar Isidro Tascón presenta a través de la exposición Réplica una magnífica colección de carácter documental constituida por 100 fotografías en color sobre papel baritado que muestran las fachadas de 100 casas rurales cubanas ubicadas en zonas apartadas de los circuitos turísticos, lugares próximos a Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spíritus y Meneses lejos de las mareas turísticas que al abordaje irrumpen en el Caribe con mirada ajena.

Son imágenes que muestran un paisaje definido por la ausencia de presencia humana y sin embargo, son vacíos habitados, tiempos de espera, hábitats simétricos, geometrías que en su austeridad remiten a la tipología arquitectónica propia de la zona y de su identidad. El bohío como disidencia como permanencia coherente en equilibrio con la naturaleza, respetabilidad del medio y sostenibilidad de un ecosistema no contaminado por la fuerza destructiva de la globalización y el consumismo.

Isidro Tascón encontró en la Cuba invisible la verdadera esencia de la pureza del silencio, del trabajo comprometido con la tierra, de los orígenes que hermanan a los pueblos. Réplica es la memoria de aquellos que emigraron desde Galicia y Asturias y encontraron en esos humildes bohíos su hogar.

Es un homenaje a las historias mínimas como al purismo arquitectónico que define sus construcciones. Belleza y austeridad, equilibrio y simetría. Un desarrollo del minimalismo sin necesidad de conocer su concepto. Una sublime representación de lo humano entre cañas y barro. Una arquitectura sin pretensiones que se abre al exterior con un zaguán presidido por dos sillas vacías.

La extraordinaria sensibilidad del conocido artista hizo que reparase en la carga de humanidad que en estas mecedoras dobles radicaba y sobre esta reflexión creó un proyecto ilusionante, Réplica que presenta en el corazón de la ciudad tras una larga itinerancia de dos años siendo previamente inaugurada en la Embajada de España en Cuba y continuando su periplo expositivo por salas de consolidado prestigio como la galería Guillermina Caicoya de Oviedo, La Caja Negra en Madrid, Museo de León, Affspace de Berna y que concluye este recorrido plástico en el magnífico contenedor expositivo del Centro cultural Ángel Valente de la capital ourensana.

Réplica es el resultado de un análisis conceptual del valor simbólico de los objetos como vehículo dialéctico y emocional, las sillas como cronistas de ausencia y de permanencia. Catálogo de emociones vividas y de resistencia.

Un trabajo impecable avalado por Suset Sánchez Sánchez, profesional de reconocido prestigio como comisaria artística del Museo de Arte contemporáneo Reina Sofía cuyo magnífico texto en vinilo preside la exposición de Tascón que también comisaría.

A través de la escala y la fisicidad de los elementos replicados, consigue equilibrar a la perfección el contenido de su obra con el espacio que lo contiene. Dispuestas de manera simétrica en series de ocho imágenes y organizadas en dos partes de 50 fotografías, refuerza el concepto de simetría dual que traslada al irresistible objeto-catálogo realizado en colaboración con la Embajada de España en Cuba y la Fundación Cerezales Antonino y Cinia de León en dos espléndidos tomos que cierran este concepto de duplicidad con un lúcido texto de Rafael Doctor Roncero y una sobrecogedora fotografía de Tascón realizada por el eximio artista Alberto García-Alix.

Hay que profundizar el carácter iconográfico-escénico de las sillas vacías que acogen al público como calco de las de los porches cubanos para definir la verdadera dimensión de su presencia imbricada en un respeto por la etnografía e identidad cultural del pueblo cubano en particular y por extensión al colectivo humano desde su carga sociológica, su vinculación con la artesanía y el arte popular como memoria que articula las voces del silencio, los ecos de conversaciones compartidas y cómplices, la incursión de lo público en lo privado. Dos sillas de hierro vacías que son testigos atemporales de la vida mientras pasa, un espacio para pensar en la prisa que nos aliena en la casa cobijo y el hogar-lugar, una idea que se ha vuelto volumen, un paisaje convertido en lenguaje ya que Isidro Tascón como Heidegger identifica el sentido de construir con el de habitar.

La mirada de Isidro Tascón lejos de ser una mirada ajena, extranjera, es una mirada cómplice y comprometida.

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