Julio César González Pagés: «En La Habana se habla de 'morriña'»

El escritor e historiador presentó en Santiago «Gallegas en Cuba», un libro sobre la historia de Hijas de Galicia


Santiago / la Voz

Julio César González Pagés (La Habana, 1965) nació en Cuba. Con una abuela paterna de Pontevedra, padre canario y una tercera parte de sus raíces catalanas, siempre ha tenido muy arraigado un sentimiento gallego, dice. Conocido al otro lado del charco es por su labor en los estudios de género y su lucha por visibilizar la violencia machista, su último libro es el resultado de estas dos condiciones, dijo en la presentación en Santiago de Gallegas en Cuba. En él recoge la historia de Hijas de Galicia, una asociación cubana que «nace de la necesidad de proteger a las mujeres gallegas que emigraron desde 1914 y a sus descendientes».

«Este proyecto surgió cuando estaba trabajando en el Centro Gallego. Empiezo a buscar en unos archivos y veo unos expedientes que tenían el nombre de Hijas de Galicia. Me llama la atención y me pongo a leer. En la documentación, compruebo que era una asociación que había tenido 60.000 mujeres gallegas y descendientes. Entonces me entró el interés por conocer más sobre algo que había existido, de lo que nunca me habían hablado aunque soy historiador y que no se había divulgado. La única referencia que tenía la gente sobre Hijas de Galicia cuando empecé a indagar era el hospital materno-infantil», cuenta el autor de la publicación.

Cuando descubrió qué había detrás de la asociación y empezó a tirar del hilo para saber un poco más, descubrió que se trataba de «una asociación muy potente, que no era solamente por filiación sino también por protección de las mujeres que se habían sido víctimas de la trata humana, de otras que no tenían recursos para poder ser atendidas médicamente... Es decir, había una vocación de ayuda a mujeres gallegas de diferentes clases sociales».

Su indagaciones arrancaron en 1992 y duraron 12 años. Rebuscó para encontrar documentos sobre Hijas de Galicia en el propio hospital, en el Archivo Nacional y en ficheros particulares de personas que habían pertenecido a la institución o cuyos familiares lo habían hecho. Llegó a entrevistar a 120 mujeres gallegas vinculadas a la organización y asegura que le costó cerrar el último capítulo, porque seguían surgiendo historias fascinantes que sentía la necesidad de incluir en la obra.

Una historia viva

«Nací en el barrio gallego de La Habana y tenía la curiosidad desde niño por saber por qué en ese lugar la gente decía ciertas palabras que fuera de ese circuito no se entendían. De hecho, allí se habla de morriña, en vez de decir puerta decimos porta... Son palabras que yo he incorporado y que forman parte del lenguaje de los afectos. Vi en este libro, editado en gallego y español, el momento de sacar esa morriña que tenía desde pequeño. Fue como un viaje con todas estas mujeres y sus documentos. Este no un libro que hace un autor y se desprende. Es algo que me acompaña siempre. Yo sigo yendo a verlas porque esta una historia viva, aunque empezó hace más de cien años. Ellas están ahí, con sus hijas, nietas y bisnietas; y esto es lo más bonito de todo», explica González Pagés.

El historiador destaca que, antes incluso de que existiera el sufragio en Cuba, estas 60.000 mujeres ya podían votar dentro de la organización y algunas llegaron a tener un papel destacado en la vida social cubana, incluso involucradas en campañas políticas.

«Sería bueno que aprendiéramos de ellas. Demostraron que en la unión está la fuerza. Eran de diferentes lugares de Galicia se juntaron para crear una red humana, que siempre será mucho más resistente que las virtuales por mucho que se hable ahora del poder de las redes sociales», subraya.

A título personal, el autor de Gallegas en Cuba reconoce que las historias que más le conmovieron fueron las de las mujeres que se quedaron solas, sin sus esposos, a miles de kilómetros de su tierra: «De ellas entendí lo que significa cuando te hablan del alma gallega. Estaban convencidas de que iban a regresar a Galicia, aún cuando el suyo no fue el cuento feliz que esperaban. No se enriquecieron y se quedaron sin recursos, pero tuvieron una vida digna y nunca se rindieron».

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