Narciso R. Lanza, un barreirense edil en La Habana y presidente del Centro Gallego

Emigró a Cuba con 12 años y logró una sólida posición económica por medio de negocios y empresas del tabaco


Narciso María Rodríguez Lanza nació en San Cosme de Barreiros en 1892. Presidió en dos ocasiones el Centro Gallego y fue concejal de La Habana. Francisco Franco lo condecoró con una de las más altas distinciones del Estado. El dictador siempre cuidó las relaciones con los españoles en Cuba y con la propia Cuba: «Los americanos son nuestros aliados pero Cuba es nuestra familia; y con la familia se discute pero no se rompe». Así respondía cuando le pedían sumarse al bloqueo americano y romper con el gobierno de Fidel Castro. Narciso R, Lanza marchó a La Habana al cumplir 12 años. Su familia pudo darle educación y estudios y logró ser un buen técnico con fama de gran orador. Empezó a trabajar muy joven y logró una sólida posición económica por medio de negocios y empresas del tabaco de las que primero fue gestor y después propietario. Su reputación social fue en paralelo a su ascenso económico. Durante 23 años desempeñó responsabilidades y cargos directivos en el Centro Gallego de La Habana. En los convulsos años treinta se vinculó a Cayetano García Lago, un exitoso emigrante de Muxía (A Coruña) que tenía negocios de restauración y gran predicamento entre la colonia. Era un tipo tan afín a Franco que, en su larga etapa al frente del Centro Gallego, era habitual verlo vestido con el uniforme de Falange.

Gobierno pro franquista

El emigrante de San Cosme de Barreiros presidió el Centro Gallego por primera vez de 1928 a 1930 y desde entonces no abandonó el entorno del poder en la capital cubana. La revista Vida Gallega escribía en noviembre de 1935 que Lanza era un joven -tenía entonces 43 años- que se postulaba como candidato a Concejal en las elecciones del 15 de diciembre. La revista resaltaba sus «destacadas cualidades»: era culto, «paladín de nuestra causa» y «discutido por los que miran con egoístas reservas a quienes por su tesón y esfuerzo escalan altas posiciones». La publicación defendía su candidatura, pedía apoyarlo y afirmaba que «trata de hacer lo que debiéramos haber hecho todos desde hace 35 años».

En el año 1936, el Centro Gallego vivió en carne propia la polarización de la guerra civil a través de los partidos Afirmación y Defensa, liderado por el falangista García Lago, y Hermandad Gallega, encabezado por el izquierdista Xerardo Álvarez Gallego. En las elecciones celebradas ese año, Narciso María Rodríguez Lanza fue interventor en el gobierno pro franquista de Afirmación y Defensa que presidía el viveirense Antonio Rodríguez Vázquez y del que formaban parte García Lago, el empresario cinematográfico Norberto Soliño, Juan Varela Grande, un ferrolano dueño de tostaderos de café, y el comerciante de A Estrada, Secundino Baños.

Tras la guerra, el barreirense volvió a presidir el Centro Gallego desde 1951 a 1955. En 1953 viajó a España y recibió de manos de Franco la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica, una de las más altas distinciones civiles del Estado.

Una distinción y las complicidades de Franco con Batista y Fidel

Cuando Narciso fue condecorado por Franco, el Centro Gallego que presidía contaba con 55.000 socios. Su presupuesto era de 2 millones de dólares y pagaba al mes a sus empleados 86.000. A su sombra crecían 67 sociedades. Sostenía escuelas con 1.000 alumnos, su hospital La Benéfica atendía a 600 enfermos/día y tenía un asilo para asociados sin recursos. La distinción que recibió Lanza se sitúa en el marco del reconocimiento a los emigrantes franquistas y en el de los mutuos intereses y las relaciones cómplices del dictador español con sus homólogos cubanos.

Batista siempre agradeció a Franco que fuese España la primera nación europea en reconocer y establecer relaciones comerciales con Cuba tras su golpe de estado de 1952. Por eso celebraba misas por los caídos y por eso otorgó la Orden Carlos Manuel Céspedes, la más alta distinción nacional, a franquistas como el Conde de Mayalde, Menéndez Pidal, Sánchez Bella y otros. Franco, en tanto, para fidelizar y reconquistar adeptos, concedió la Orden de Isabel la Católica ?la máxima condecoración civil española- a sus más fieles seguidores en Cuba. Entre otros, los cubanos José Ignacio Rivero, Gastón Baquero, Antonio Iraizoz, Elicio Argüelles o Miguel Ángel de la Campa o los españoles Marcelino García Rubiera, el coruñés Padre Rubinos, Eduardo Sánchez, Segundo Casteleiro, Antonio Docampo, Cayetano García Lago, Joaquín Díaz Villar (de O Valadouro) y Narciso Rodríguez Lanza.

Fidel siguió la misma línea y valoró que el dictador español no rompiera relaciones con La Habana pese a las presiones de Estados Unidos y a las confiscaciones que sufrió la colonia española. En el libro Fidel Castro, biografía a dos voces de Ignacio Ramonet, Castro lo resumió así: «Las relaciones con Franco no había quien las rompiera. Nos compraba todo, el tabaco, el azúcar, el ron… Y nosotros teníamos una fiebre y una crítica incesante contra él. Nunca cedió a la presión norteamericana». Cuando murió en 1975, Fidel Castro decretó tres días de luto oficial por él como agradecimiento a esa extraña solidaridad.

Hijos de Barreiros se fundó en 1924 y en 1963 tenía cien socios y la presidía José María López Vila

Barreiros tuvo en Cuba sociedades como Hijos de San Miguel y Reinante, Centro e Hijos de Benquerencia, Hijos de Cabarcos e Hijos de la villa de Barreiros. Esta última se fundó en 1924 y, según constata Vida Gallega en 1935, pocos años despues sufrió una gran crisis económico-social que obligó al cese de sus actividades. El 27 de septiembre de ese año, los barreirenses se reunieron en los jardines de La Polar para celebrar a su patrón, San Cosme. Y ello supuso su reactivación. Al acto asistieron, entre otros, el presidente del Centro Gallego, Jesús Pérez Cobo, el secretario Alfonso Blanco Guerra y, entre otros, el doctor Stincer «mago del bisturí».

Meses después, el 24 de enero de 1936, Hijos de la villa de Barreiros celebró elecciones. Resultó elegida la siguiente directiva: José Mª López Vila, presidente; Ramón Fanego Fernández, vicepresidente; Ramón Veiga Ramos, secretario; José Mª López Moreda, vicesecretario; Ramón Iglesias Moreda, tesorero, y Manuel González Lorenzo, vicetesorero; vocales Francisco Fernández Rocha, Francisco Palmeiro Fernández, José A. Carracedo Neira, Roberto Piñeiro García, Manuel Rego Dorado, Manuel Fuentes Fuentes; y suplentes Antonio Palmeiro Fernández, José Mª Requejo Lanza y Francisco Sánchez Fanego.

En 1955 los barreirenses en La Habana seguían activos como lo demuestra la foto ?cedida por Alfonso Blanco Rivas- de una celebración en La Polar en la que, entre otros, aparece la numerosa familia Cantera sentada en torno al camarero al que se le distingue la cara. Son la mujer de Constantino, su hijo Armando, Roberto y otros.

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