El Centro Gallego de La Habana, epicentro de la galleguidad

No recuerdo felicidad tan grande como la de aquellos años en que vivíamos en la Habana Vieja y necesitábamos tan poco.


De todos los momentos de mi infancia que recuerdo siempre con mayor satisfacción están aquellos que pasé junto a mis padres. En mi casa vivíamos en aquella época solamente tres personas: mi padre, emigrante gallego, mi madre, emigrante asturiana, y yo, nacido en Cuba. Esa era toda mi familia, a la que habría que añadir a mi madrina y un tío-abuelo, ambos asturianos. No recuerdo felicidad tan grande como la de aquellos años en que vivíamos en la Habana Vieja y necesitábamos tan poco.

No tendría yo más de 5 o 6 años cuando mi padre me llevó por primera vez al Centro Gallego: el motivo de aquella visita no lo recuerdo. Aquel inmenso palacio, situado frente al Parque Central habanero se quedó grabado para siempre en mi memoria; cómo poder olvidar aquella majestuosa escalera; la inmensa lámpara de araña que pendía del lucernario; o aquel cuadro, lo primero que uno veía al llegar a la primera planta; representaba a un niño y a un viejo que tomaban con sendas cucharas de madera algo que hervía dentro de en un pote sobre el fuego. «Es caldo gallego», me explicó mi padre, y me leyó ?en galego? el nombre de aquel cuadro, que en castellano sería algo así como: «Bien que te sabe?.

Posteriormente, y cada vez que visitaba el Centro en su compañía, la contemplación de aquel cuadro, que con el paso de los años desapareció y nunca más vi, era siempre parada obligatoria. Una vez al año íbamos al local de las Secretarías Sociales a recoger las entradas para el banquete que celebraba en el mes de junio Hijos de La Estrada en los Jardines de la Cervecería La Tropical; otras veces, y siempre de noche -porque de día había que trabajar- asistíamos a las juntas generales; tomas de posesión de las juntas directivas o veladas literarias y culturales, donde siempre hablaban importantes figuras del galleguismo de la época, entre ellos, el sacerdote jesuita José Rubinos. Algún que otro domingo todos asistíamos al Teatro Nacional del Centro Gallego a ver las películas españolas de estreno en Cuba, siempre acompañadas del noticiero cinematográfico NO-DO.

DPero lo que más nos gustaba a los niños de aquella época, era la llegada de los Carnavales, porque los hijos de los asociados podíamos presenciar cómodamente y en compañía de nuestros padres el desfile de las carrozas y comparsas por el Paseo del Prado desde los balcones de aquel inmenso Palacio. 

Capital de la galleguidad

Traigo estos recuerdos a colación, porque hoy y mañana sesionará en la capital cubana el XI Pleno del Consejo de Comunidades Gallegas en el Exterior y su sede principal será el antiguo Palacio del Centro Gallego de La Habana (1915). Durante dos días nuestro País se convertirá en la capital mundial de la galleguidad y nos visitarán delegados de todo el mundo, encabezados por el presidente de la Xunta y el secretario general de Emigración, Antonio Rodríguez Miranda, junto a representantes de importantes instituciones gallegas, los que serán recibidos con la hospitalidad que caracteriza a nuestro pueblo.

No pudo ser más acertada la selección de La Habana para la celebración de esta magna cita de la emigración gallega y la de su sede. En esta ciudad-capital vivieron, trabajaron, fundaron familias y quedaron sembrados para siempre, decenas de miles de gallegos. Aquí pensaron e hicieron realidad la Galicia que ellos siempre soñaron. Aquí nacieron sus símbolos patrios, su numerosa prensa periódica; instituciones de salud, educativas y de recreo, así como su gran sociedad regional, el Centro Gallego de La Habana: con millares de asociados, partidos políticos y un sistema de gobierno semi-parlamentario. Aquí fundaron centenares de sociedades de instrucción y comarcales para llevar la educación y una moderna agricultura a Galicia.

A pesar del tiempo transcurrido, la impronta de Galicia permanece viva en esta ciudad, Patrimonio Cultural de la Humanidad y Ciudad Maravilla. Sin duda alguna los visitantes lo podrán comprobar.

Como cubano e hijo de gallego, me siento muy orgulloso de ser un testigo privilegiado de este gran acontecimiento, que sin duda será histórico, y de su principal protagonista, Mi Centro Gallego.

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