Enseña ajedrez en Hong Kong, antes en Singapur, y visitó Nueva Zelanda
13 ene 2012 . Actualizado a las 11:26 h.Alberto Muñiz Pardiño es, muy probablemente, el primer carballés que ha viajado a la antípoda. La exacta, no la genérica sin más de Nueva Zelanda, como es conocido. Y no porque no haya habido más vecinos que han estado en ese sur perfecto, el que hipotéticamente se encontraría en un largo viaje en línea recta al otro lado del globo, sino porque es necesario trasladada al hemisferio sur la longitud y la latitud de Carballo. En números: los 43.22118973298753 grados de latitud norte y los 8.70391845703125 sur, y los -43.2211... y 171.29608154296875 correspondientes.
La antípoda carballesa se encuentra en un lateral del Craigieburn Forest Park, enclavado en el Artuhr?s Pass National Park, una zona de la región de Canterbury, en la isla sur del país. Fue, justamente ahí, adonde se dirigió Alberto, de 34 años. Lo hizo por curiosidad, aprovechando un viaje de ocio reciente: «Estando en Christchurch, la antípoda exacta de Carballo quedaba cerquita, y era un detalle muy curioso», explica Muñiz.
Un momento perfecto, aguado acaso por la avería de su cámara justo en ese lugar, que compensó con otras vistas espectaculares durante su trayecto por el idílico y remoto país.
El viaje es largo, pero en su caso fue algo más sencillo, ya que lo hizo desde Singapur, adonde llegó hace unos cuatro años. Primero lo hizo como entrenador de ajedrez, y después, en marzo del año pasado, fue nombrado director ejecutivo de Asean Chess Academy. Coordinaba una plantilla de veinte entrenadores, daban clase en veinte colegios, cursos, entrenamiento individual, organización de torneos... Pero, tras algunos cambios, llegó a un acuerdo y decidió cambiar de aires.
Aires más del norte, en Hong Kong, adonde llegó hace muy pocos días. El primer contacto fue en octubre, cuando acudió a jugar el Open Internacional de Hong Kong. «Gané, y eso supuso que me enviasen una oferta de Activekids, una academia que da cursos de todo tipo para chavales», señala. Su reconocimiento es mayor, y de momento aún se está aclimatando.
Alberto echa de menos a la familia y amigos, pero reconoce que extraña menos Carballo de lo que se imaginaba. «Mi vida está bastante hecha por estos lares», reconoce. Físico de formación por la Universidade de Santiago, en los años noventa logró destacados éxitos ajedrecísticos en Galicia.