Piñón, Chao, Rolle, Berdeal o Amor contribuyeron a ese fulgor
01 feb 2026 . Actualizado a las 21:03 h.En Venezuela hubo un antes y un después del 15 de abril de 1914. Ese día, en el campo de Mene Grande, estado de Zulia, cuenca del Lago Maracaibo, del suelo brotó petróleo. Y nada volvió a ser igual. Ni el país ni su economía. De la subsistencia agrícola se pasó a la riqueza, y de la necesidad a la exuberancia que acarreó la exportación del combustible. En los años 50, la dictadura de Pérez Jiménez modernizó, por decreto, la nación con un acelerado desarrollo, un férreo control y una política de puertas abiertas al europeo. De los 5 millones de habitantes que entonces tenía el país, 250.000 eran españoles, la mitad gallegos.
La riqueza, como la vida, corría desatada por las calles. Y muchos viveirenses -Piñón, Chao, Rolle, Berdeal, Amor- contribuyeron a ese esplendor y a esa hora alta de la emigración gallega. Hoy, en Venezuela, el viento sopla «p’al norte. Pero antes sopló p’al sur...». A diferencia de lo sucedido en otros lugares, en el país caribeño los gallegos tomaron la extraña decisión de ser razonables. Y construyeron una ciudad, la Hermandad Gallega, dentro de una ciudad, Caracas, de seis millones de habitantes. Rodolfo Prada -un hombre de confianza de Castelao que, a la sazón, era representante de Laboratorios Andreu y secretario del Centro Gallego de Buenos Aires- llegó a Caracas en 1949 e instó a los gallegos a unirse. No para estar juntos, sino para hacer algo juntos. Y treinta compatriotas fundaron el Lar Gallego. Dos años después doce se separaron y crearon el Centro Gallego. Una nueva escisión en este -promovida por Silvio Santiago, un galleguista anarquista- originó la Casa Galicia. Pero en 1960, al fin, resolvieron olvidar diferencias y acentuar afinidades. Se reunificaron, compraron un vasto y céntrico terreno y levantaron la Hermandad Gallega de Venezuela. Sus dependencias y servicios la convierten en algo sin igual en la diáspora gallega. Cuenta con el Colegio Castelao, con 50 profesores y 500 alumnos; con el Teatro Rosalía de Castro; con un Centro Médico, modélico en el país, que ofrece varias especialidades médicas, hospital, consultas y farmacia; con el Hogar San José para desamparados y con un predio campestre de 240.000 metros cuadrados en el que conviven dotaciones deportivas, cámping, merenderos, capilla y cinco restaurantes.
En pleno centro de Caracas, la Hermandad desarrolla una intensa actividad cultural, social, deportiva y de ocio para los 32.000 gallegos que aún residen en la nación.
Al principio, el centro sufrió algún vaivén. El más sonado, la expulsión en 1968 del poeta Celso Emilio Ferreiro que había sido contratado como profesor y director de su periódico. Pero luego sus 25.000 socios vivieron una etapa de convivencia y prosperidad bajo el paraguas del petróleo y de un propicio país. En ese largo período, varios viveirenses tuvieron una destacada participación.
Raúl Amor, su sobrino Antonio R. Piñón y una entidad comarcal con 200 socios, Hijos de Vivero y su Comarca
Uno de los fundadores de la Hermandad fue Raúl Amor García que durante años dirigió la sección cultural e impartió clases de música a varias generaciones. Era uno de los cinco hijos (Ramón, Raúl, Antón, Manuel y Chudo) de Ramón Amor (Viveiro 1906), el patriarca fundador de la banda de música y la saga Os Tolinos.
Sus miembros formaron la mítica Orquesta Amor y sus descendientes acompañaron a famosos cantantes, tocaron en grupos como Salsa Mandinga y orquestas del Berlín Circus, Circo Ruso o Circo Kron y enseñaron música en centros y conservatorios.
Raúl Amor fundó también Hijos de Vivero y su Comarca que agrupaba a 200 emigrantes de Ourol, O Vicedo, Xove, Cervo, Muras y Viveiro en Venezuela. Tenía fines culturales, benéficos, asistenciales y recreativos y su sede estaba en la Hermandad Gallega. Los fundadores fueron doce: además de Amor, José Chao
Trobo, Francisco Rolle Galdo, Cosme Pinillos, Alfonso Rodríguez, Francisco Dopico García, Eliseo Berdeal Insua, Manuel Blanco López, Antonio Cora Mel,
Silvano Álvarez Vale, Servando García y Antonio Ricardo Piñón Ferreiro.
Este último, Piñón Ferreiro, era sobrino de Raúl Amor, su gran protector. Nació en Viveiro en 1935, hijo de Eduardo Piñón Rodríguez y de Jesusa Ferreiro Fernández. Al quedar huérfano muy joven, sus tíos le posibilitaron estudios de bachillerato y música en Madrid. Emigró a Venezuela con 19 años y empezó tocando en orquestas de hoteles y salas de fiesta.
En 1963 se dedicó a los negocios y al comercio. Fue vendedor, representante de importantes firmas y tuvo empresas propias como Papelería Orión, Plásticos Dinco y los restaurantes El
Mesón del Rey y El Salón. En la Hermandad Gallega de Venezuela fue secretario de Deportes, directivo del Galicia Fútbol Club (que llegó a jugar la Copa Libertadores) y presidente en 1974. Por su aportación a la colonia, recibió la Orden del Mérito de la Emigración en Venezuela y también la del Mérito al Trabajo en España. Hace poco publicó, a sus 88 años, un libro titulado «Mar de dos orillas» en el que relata su vida como emigrante.
Un hijo suyo, Antonio Piñón Martín es gerente en la actualidad de una multinacional del aluminio y también presidió la Hermandad Gallega de Venezuela de 2009 a 2013.
18.000 retornados de una colonia de clase media y buena posición dedicada al comercio y a los servicios
Los 32.000 gallegos que residen en Venezuela viven la situación creada con la intervención de USA en el país con «preocupación, incertidumbre, expectativas y esperanza». Un cambio de régimen reactivaría la economía y el consumo y dotaría los mercados. Pero temen que acarree privatizaciones que permitan a EE.UU. acceder a los recursos del país, sobre todo el petróleo.
Venezuela tiene la mayor reserva de crudo del mundo, 300.000 millones de barriles. Desde la caída de Pérez Jiménez en 1958, el país gozó de libertad y prosperidad. Gobernó un bipartidismo formado por Acción Democrática, socialdemócrata (el que más tiempo estuvo en el poder) y COPEI, partido este último socialcristiano.
La corrupción -sobre todo de Carlos Andrés- facilitó la llegada en 1999 del populismo de Chaves y Maduro. El país se empobreció y, según Acnur, 8 millones de venezolanos se exiliaron. La mayoría (87 %) a América Latina y el Caribe y el 13% restante a EE.UU. y España, que acoge a 700.000.
Aquí en Galicia viven 22.747, la mayor comunidad extranjera. Los emigrantes retornados a Galicia son 18.000, reduciendo allá la comunidad de 50.000 personas a 32.000 en los últimos años. En general, los gallegos de Venezuela son clase media que otrora ganó dinero en el comercio -Almacenes El Fortín, Tambí, Cortés (luego fundó Pórtico en Mos), o el ourensán José Iglesias, Pepe Ganga- y los servicios con hoteles como El Gran Plaza, restaurantes, aparcamientos, etc.
La Hermandad Gallega, el centro gallego con más socios y servicios, fue presidida hasta el año pasado por primera vez por una mujer, Noemí García. Hoy la preside Jesús Alberto Bello Couselo, hijo de coruñeses.