Nathalie Esteve: «Me fui de Nepal porque no me sentía a salvo, temía otro terremoto fuerte»

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO / LA VOZ

VENEZUELA

Ana García

Personas con historia | La profesora de yoga cambió un minipiso en Madrid por una casa en Baldaio

27 may 2021 . Actualizado a las 13:37 h.

Nathalie Esteve (Venezuela, 1987) reconoce que cuándo le preguntan de dónde es a veces no sabe bien que contestar. Ahora tiene claro que su hogar está en Baldaio, pero hasta llegar aquí ha hecho un camino no demasiado largo, porque es joven, pero sí con muchas paradas. La última fue Madrid, donde certificó sus conocimientos de yoga, adquiridos en Tailandia, unas semanas antes del confinamiento. La pandemia la pilló, pero podía haber sido casi cualquier otro lugar del mundo.

El espíritu viajero, domado ahora, le viene a Nathalie desde su más tierna infancia. A los 4 años dejó su Venezuela natal para irse con su familia a Tenerife, la isla de su padre. Duró poco la estancia, porque sus padres se separaron y con 8 ya estaba de vuelta en Valencia, capital de estado de Carabobo, de donde es la familia materna. Entonces le costó adaptarse al cambio de cultura y, sobre todo de sistema educativo, pero en esos años, probablemente, se fraguó la aventurera que había de ser.

A los 19, con casi la excusa de estudiar Filología en la universidad, se vino a Barcelona e hizo multitud de contactos internacionales. Entre amigos y parientes tejió una red amplia que la ha llevado por Europa y por Asia. Entonces anduvo por Holanda, Alemania y Noruega, donde terminó quedándose. Por recomendación de una amiga empezó a trabajar en el cuidado de dos chicas con una enfermedad crónica e invalidante.

Dos años más tarde decidió tomarse un año sabático, pilló su mochila y se aventuró por Asia. Arrancó en Malasia, donde tenía un pariente. Allí le recomendaron una escuela de yoga en Tailandia. Ella había practicado algo estando en Noruega y decidió probar. Se quedó seis meses en los que siguió una intensa formación que supuso el primer cambio importante en su vida. El segundo sería ya en Baldaio.

En esa escuela insular en Tailandia escuchó hablar mucho de Nepal. «Me lo pintaban tan bonito que me dije: Ahí voy». Y allí fue, a un pueblo cerca del Annapurna, uno de los macizos montañosos de la cordillera del Himalaya. «Había mucha afluencia de gente, muchos que hacían trekking y mucho interés por el yoga». No solo tuvo mucho trabajo, sino que se mantuvo lejos de Katmandú.