«Quien puede escapa de Venezuela por la inseguridad y falta de servicios»

Los venezolanos de Lalín y A Estrada hablan de la crisis que atraviesa el país


a estrada, lalín / la voz

La Hermandad Venezolana de A Estrada está conmocionada por el reciente asesinato en Venezuela del militar de origen estradense Viberto Quinteiro, tiroteado en una emboscada. Conocen su historia y la ilusión que tenía por instalarse en Galicia con su familia. Ellos, como muchos otros descendientes de gallegos en Venezuela, tenían sus esperanzas de futuro puestas al otro lado del Atlántico.

«Hoy quien puede escapa de Venezuela por la inseguridad y la falta de servicios», comentan desde el colectivo venezolano de A Estrada. La Asociación Venezolana del Deza lo corrobora. Según aseguran, los robos, asaltos y asesinatos está siendo el pan de cada día. «Hay más inseguridad que nunca. Cuanta más gente se va y más clase media desaparece, más posibilidades tienes de que te roben, te extorsionen, te asalten o te secuestren. Si antes tenías un 10% de posibilidades, ahora puedes tener un 30%», explica Clara Isabel Presas, de la Asociación Venezolanos del Deza.

Según indica, la inseguridad unida a la falta de servicios están obligando a muchos venezolanos a marcharse. «Es un desastre. No funciona nada. No hay gasolina, no hay agua, no hay luz. Es todo un despropósito. La gente se pasa cinco días con sus noches haciendo cola para poner gasoil al coche, con el riesgo que ello supone. Sin luz pueden estar doce horas seguidas, viene media hora y se va otras ocho», comenta.

El colectivo lalinense de venezolanos agrupa a más de 500 socios, aunque algunos ya han dejado la comarca en busca de trabajos en otras zonas. La mayoría llegaron al Deza tirando de sus raíces familiares, pero algunos han llegado incluso sin referencias. «Tuvimos un caso de un venezolano que vino porque su jefe allá era gallego y le hablaba muy bien de Galicia. Buscando una zona tranquila y con una colonia venezolana grande acabó en Lalín», cuenta Presas.

Desde la asociación estradense subrayan el drama de las familias que dejan en Venezuela el trabajo de toda una vida. «Si quieres vender tu casa te van a dar cuatro perras. O vendes a los que se aprovechan de la situación y compran a precio de gallina flaca o lo dejas todo y te arriesgas a que te ocupen la casa. Hay gente que llegó a A Estrada, dejó la casa cerrada y a los 15 días le llamó la vecina y les dijo que se la habían desvalijado. Quedaron solo las paredes», cuentan.

«Decidimos venirnos por darle un futuro mejor a nuestros hijos»

La familia de Liliana González tomó en febrero una de las decisiones más valientes de su vida. Liliana -descendiente de un emigrante de Laro (Silleda)- y su marido -de origen venezolano- buscaban un futuro mejor para sus hijos de 19 y 12 años. «En Venezuela ni los sueldos de los dos daban para cubrir gastos», explica. Liliana trabajó en una taquería en Estados Unidos tres meses. Ese dinero y el de la venta del coche familiar les dio para reunir el dinero para los billetes. El primer destino fue Barcelona, donde Liliana confiaba en encontrar empleo con más facilidad. Se instaló con su familia en un hostal y encontró trabajo enseguida en un restaurante. Pero el covid la puso en un ERTE que no cobró y la familia tuvo que buscar refugio temporalmente en el piso de un amigo para pasar el confinamiento. Sin techo propio y en plena crisis, Liliana pidió auxilio a sus parientes dezanos. La familia llegó el 8 de julio a Lalín y de nuevo la suerte le sonrió. Pese a la delicada situación, Liliana consiguió un trabajo en un restaurante de Lalín que le permitió alquilar un piso para cobijar a su familia. Su marido tramita la tarjeta de residente para poder trabajar y la hija mayor busca un empleo a media jornada para ayudar a costear sus estudios. «La tranquilidad de aquí no tiene precio», dice Liliana.

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