«Soy venezolano y grabé una bachata en gallego»

La historia de Arturo le hizo cruzar el océano para luchar por el sueño de la música. Hoy es un gallego más. Aquí ha encontrado el amor, se ha atrevido a mezclar nuestro acento con su ritmo latino y, asegura, ya nunca se irá


A sus 27 años, Arturo Moreno puede decir que ha cruzado medio mundo persiguiendo un sueño. Ese impulso fue el que le hizo salir de Venezuela con una maleta cargada de esperanza ante la difícil situación del país para convertirse en cantante. «Allí si no eres rico es muy difícil», asegura el joven desde Carballo, donde no solo han empezado a fructificar sus esfuerzos, sino que ha encontrado doblemente el amor: el de pareja y el de la tierra. «Estoy enamorado de Galicia, de aquí ya no me muevo», confiesa hoy Arturo. Tanto es así que también se ha enamorado de nuestra lengua. Ha grabado una bachata en gallego junto a Nerea Blanco, vocalista de la orquesta Compostela: «Yo dije: ‘Quiero grabar algo en gallego'. Y me decían: ‘¿Pero por qué en gallego?'. No sé por qué, pero hay gallegos a los que no les convence lanzar temas en su lengua. A mí me encanta el gallego y no dudé en grabar una bachata».

Se refiere a Mal de amor, un tema para el que ambos cantantes hicieron un cover que, en realidad, es un auténtico videoclip que cada vez tiene más éxito en Instagram (@hud_arturo). El despliegue en la playa de Baldaio para materializarlo fue grande. «Me vine a Galicia en enero desconociendo por completo que aquí las orquestas funcionan por temporada, así que con la pandemia los artistas hemos tenido que reinventarnos en las redes sociales y decidí grabar covers. Conocí a Nerea y me encanta como canta, se lo propuse y ella accedió encantada. Quedamos un día para grabar el videoclip y fue una locura, llevamos un sofá y hasta una pequeña furgoneta hippy que bajaron con una grúa», relata el venezolano, que quiere cuidar al máximo sus creaciones y diferenciarlas de otros covers para darse a conocer en Galicia con la vista en la reactivación de las orquestas. Una maniobra que empieza a darle resultados, porque confiesa que ya ha recibido alguna que otra propuesta de varias formaciones de cara a la próxima temporada.

UN INCENDIO LO CAMBIÓ TODO

Pero esta historia empieza mucho antes, cuando el joven cantante sale de la Valencia de su Venezuela natal con tan solo 22 años, y viaja hasta la isla de Aruba. «Allí trabajaba lavando coches, pero al ser una isla tan pequeñita estaban muy pendientes de quienes estuviésemos sin papeles, así que me marché a Panamá. Allí fui cocinero en un restaurante árabe durante un año, y estaba superfrustrado. Pero un día, sin querer y con esa sensación de frustración, echo algo en la sartén y quemó la cocina entera, que era un cubículo pequeñito. No había quien pudiera pararlo. Ese día entendí que yo tenía que cambiar mi vida», narra Arturo, que decidió poner un anuncio que rezaba así: «Se ofrece cantante para orquesta». Poco después recibió contestación desde España. «Me escribieron de un pueblecito de Toledo, que yo no sabía ni dónde estaba. Mandé audios y notas de voz cantando, y me dijeron que estuviese allí en enero. Como aquello ocurrió en noviembre, empecé a trabajar desde las 4.30 de la madrugada hasta el cierre, que era a las 12 de la noche. Tenía dos meses para conseguir el dinero del billete y no podía perder esa oportunidad», recuerda.

Tal y como le pidieron, en enero llegó a Toledo «en pleno invierno y con una chaquetita», y se encontró con que hasta marzo no empezaba la temporada de orquestas: «Me dijeron: ‘Búscate la vida hasta marzo'. Pero gracias a Dios, siempre tengo ángeles de la guarda en mi camino. Al principio dormí en un sofá, hasta que supe que por asilo político podía solicitar permiso de trabajo pasados seis meses de mi llegada. Aguanté hasta marzo y ya empecé a trabajar con la orquesta Las Vegas. Gracias a ellos cogí tablas y aprendí a expresarme». Y con esas tablas encadenó con otra orquesta, La Factoría, de Talavera de la Reina. Arturo pensaba quedarse allí y venir a Galicia en el 2021, pero con la paralización de la actividad a causa de la pandemia, adelantó su llegada. Hoy lo cuenta desde Carballo, donde disfruta junto a su pareja de la calidad de vida gallega. «Madrid es Madrid, pero la calidad de vida de aquí... Aquí se puede vivir y estoy encantado», apunta. Un amor que, añade, encontró gracias a Jedhill, cantante de los Trovadores. «Es como mi hermana ya», añade.

Pero mientras aguarda a que las orquestas vuelvan por fin a funcionar, Arturo es fiel a su espíritu y no piensa quedarse quieto. A la grabación de sus covers pronto añadirá el más especial: su debut en solitario con Bailando, una kizomba que prevé publicar en octubre y que compuso para él Jorge Luis Puglisi, vocalista de la orquesta Compostela. Si hay algo que representa Arturo es la lucha por alcanzar su sueño gallego. Y tiene pinta de que Galicia pronto le devolverá el flechazo.

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