Karina Sainz: «La hija de la española es, en realidad, la hija de la gallega»

La periodista se ha convertido en el fenómeno editorial del año en su debut literario con una historia de violencia en una Venezuela que no reconoce


Escapó de un país que vive en un «invierno perpetuo». La aventura de Adelaida Falcón, La hija de la española, con la que la venezolana Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982) está revolucionando el mercado literario, se vendió en 22 países antes de publicarse. A las librerías españolas llegó el 7 de marzo y ya va por la cuarta edición. 

­-¿Por qué la hija de la española?

-¡Tendría que ser la hija de la gallega! La persona a la que suplanta Adelaida Falcón es hija de una emigrante de Viveiro.

­-¿Alguien real?

-No, pero quería hacer una descripción realista. Aunque allí no llamemos a todos los españoles gallegos como en Argentina, Caracas está llena de gallegos.

-¿El libro nos habla de una huida o hay algo más?

-La peripecia narrativa de la protagonista es una historia de supervivencia aunque, en verdad, la novela trata sobre la culpa del superviviente. La que sufrió Primo Levi, que se suicidó tras salir de Auschwitz. A Adelaida la carcome abandonar su país, lo odia y lo ama al mismo tiempo.

­-¿Autobiografía?

-Mi situación familiar no tiene nada que ver con la de Adelaida Falcón. Yo me vine para España con 12 años, en el 2006. Pero, como ella, tengo muchos conflictos con Venezuela, una sensación de desarraigo. El libro es un homenaje a mi país y una novela del desengaño respecto a lo que nos prometían.

­-¿Estamos ante una distopía?

-Me lo pregunta mucha gente, pero no lo es. Quería hacer una novela universal, más allá de las tragedias en la Venezuela contemporánea. El individuo se desdibuja con la carestía, la represión, el control. En Francia lo han leído en clave del Holocausto. Es Venezuela, pero muy pocas veces se cita. Ocurre en Caracas, pero apenas se menciona.

­-¿Todos quieren escapar de allí?

-Mi hermana no. Da clases en la universidad. Defiende que los países no se extinguen ni se vacían. Yo, sin embargo, me di cuenta de que no reconocía el lugar en el que vivía. Se canibalizó aquella Venezuela que aspiraba al progreso.

-¿Es una novela politizada?

-Es una novela muy política, pero no está politizada. Cuento una tragedia ciudadana, cívica.

la épica no contada

-En el libro mandan las mujeres.

-Los hombres son fantasmagorías, como en muchos hogares de Venezuela. No es por el movimiento Me Too, las sociedades del Caribe son muy matriarcales.

-Usted también es hija de un español.

-Mis abuelos eran exiliados republicanos de Santander. España era un acertijo irresuelto para mí, algo doloroso para ellos. Nunca quisieron volver. Lo que me pasa con Venezuela es homologable. La diferencia es que en España hubo una guerra. Allí, no. Hay hambre, desesperación, pero no un tanque. Es más sutil. Cojo prestada una cita: «El Atlántico es un mar donde la gente se dice adiós». Los europeos que llegaron en los 40, 50 y 60 crearon país, se hicieron iberoamericanos. Ochenta años después, una generación está haciendo el camino inverso. La épica de los primeros estaba contada, no así la de sus hijos y nietos. Los tenéis que ver, hay muchos venezolanos en Galicia.

­-¿Se cierra el círculo?

-Desde hace 200 años no paramos de movernos. El problema es que ahora lo hacemos más rápido. El mundo se ha vuelto trashumante. Con una contradicción: el siglo del progreso es más árido con los que no tienen nada.

-Es periodista, ¿por qué el salto a la ficción?

-Si pretendía informar de lo que pasa en Venezuela tenía que escribir un reportaje, pero yo quería emocionar. Se pueden explicar muchas cosas con metáforas. Es una novela violenta que no renuncia a lo bello.

-¿Es la emoción lo que mueve el mundo?

-Más bien [Karina arrastra la lengua y medita la respuesta], la desesperación. El instinto de supervivencia envilece. No te hace malvado, pero te descubres haciendo cosas que pensabas que nunca harías, como le ocurre a la protagonista.

-¿Sacude más conciencias la literatura?

-La literatura está en la vida real y el periodismo es la forma más fácil para ir a buscarla. No me gusta separarlos. La arquitectura tiene que ser sólida en ambos. El periodismo insufla realidad. La ficción puede llegar a rincones más íntimos, a la habitación de una persona que siente miedo. Incluso puede ser más realista.

-¿Está gustando en Venezuela?

-El libro no puede llegar a Venezuela. No es que me censure el poder político, sino la tremenda hiperinflación que hay. Para comprarlo son necesarios cinco meses de sueldo.

«La hija de la española»

Karina Sainz Borgo

EDITORIAL LUMEN 

PÁGINAS 220

PRECIO 18,90

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Karina Sainz: «La hija de la española es, en realidad, la hija de la gallega»

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