Chus Martínez: «Creo fervientemente en la capacidad de intervención social que posee el arte»

La investigadora gallega, que dirige la Escuela de Bellas Artes de Basilea, defiende el derecho del medio rural al acceso a la cultura. La Fundación María José Jove impulsa una beca para que jóvenes artistas gallegos se formen en esta prestigiosa institución suiza

La comisaria e investigadora Chus Martínez, en su casa suiza, con los tejados de Basilea al fondo
La comisaria e investigadora Chus Martínez, en su casa suiza, con los tejados de Basilea al fondo

Redacción / La Voz

Ha liderado instituciones de gran prestigio internacional como comisaria jefe del Museo del Barrio de Nueva York, directora de la Documenta de Kassel, conservadora-jefe del MACBA de Barcelona y responsable de la Frankfurter Kunstverein, y, desde hace siete años, está volcada en el sector de la enseñanza pública dirigiendo el Art Institute FHNW [la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Artes y Ciencias Aplicadas del Noroeste de Suiza, con sede en Basilea]. Es más, dice Chus Martínez (O Couto, San Tirso de Cospindo, Ponteceso, 1972), nunca como ahora se había divertido tanto en un trabajo. «No hay nada que te motive más que la idea de que puedes cambiar a la gente, aun consciente de que tu impacto es mínimo en comparación con otros, pero le cambias la vida para bien, y puedes crear un vínculo con muchas personas y dar esperanza», añade. Pese a las vueltas que ha dado por el mundo, mantiene intacta esa ingenuidad necesaria para confiar en que «en educación se pueden hacer muchas cosas». No conoce además mayor motivación que la de saber que «a los alumnos, tras salir preparados, les está yendo muy bien».

Para ella, la creación contemporánea no es solo un asunto de museos, mercados, subastas y postureo, sino una herramienta para transformar el entorno, para mejorar la existencia del ser humano. Por eso acudió a la Fundación María José Jove, para tratar de tender un puente desde Basilea con su tierra, para ayudar a los jóvenes artistas gallegos, a los que ve necesitados de incentivos y respaldo. Defiende además que esos artistas, una vez formados, devolverán esos conocimientos a Galicia, en un proceso seminal de expansión, como en un eco exponencial. «Creo fervientemente en la capacidad de intervención social que posee el arte», confiesa para afirmar que la comunidad artística no está ahí solo para hacer obras que se exhiban en los distintos espacios expositivos, sino para «servir a la sociedad en el sentido de dar oportunidades e imaginación a muchos jóvenes que no pueden hacerlo solos; mediante el contacto, como una manera de implementar las posibilidades a nivel mental, en la estética y el conocimiento».

El calor humano, ver a un artista, tocarlo, observar cómo trabaja... para un chaval en el colegio, en un instituto, es una experiencia relevante. Pero también para la gente en general. «El arte posee una gran capacidad de intervención, sin duda. Llevo cinco años trabajando en implicar artistas en cuestiones medioambientales y la respuesta de las comunidades es increíble, no solo de las comunidades costeras y agrícolas, sino también de las científicas». La flexibilidad y la libertad de pensamiento y creativas con que opera un artista pueden ser una herramienta válida, un enfoque interesante, para aplicar en otras disciplinas científicas que tienden a ser más ortodoxas, rígidas.

Aunque ella, cuando piensa en Galicia, tiene en mente al ciudadano de a pie; es más, al habitante del ámbito rural. La incomprensión del arte contemporáneo por la sociedad, arguye, está en relación directa con la falta de medios para llegar a él. La investigadora defiende el derecho de los pueblos y aldeas al acceso a la cultura. «Si tuviéramos la posibilidad de hacer pequeños programas, residencias de creadores… Las aldeas no tienen nada en contra de los artistas; en cuanto lo acogen, lo más importante es la persona, es lo que está en el centro. Y luego la curiosidad… Tienen una idea muy clara de cómo se desarrolla la vida para ellos y gran curiosidad por otras vidas. No es gente a la que le falte curiosidad. Eso sería un grandísimo foco de motivación también para muchos jóvenes, ver cómo vinculas unas cosas con otras, cómo formulas preguntas, cómo relacionas el campo con la ciencia, ese tipo de cosas son importantes y los artistas -razona- las saben hacer muy bien».

Cuando imaginó esta beca no fue porque pensara que el arte gallego esté especialmente ensimismado, pero comprende que el territorio tampoco se lo pone fácil. «No es que tenga muchos medios y está concentrado en las ciudades. Creo en Galicia, pero necesitamos apoyo de las instituciones. La gente tiene mucho miedo a moverse, y tenemos una economía muy precaria, las familias no se pueden permitir muchas cosas. Por eso estamos tan entusiasmados con el proyecto porque será una forma de reenergización del panorama. Es maravilloso el impacto que puede tener dentro de tres años. Cada vez que hay gente que se va a estudiar y vuelve, lo comparte todo. Solo esa idea ya crea una ambición distinta».

«Una cosa es leer a Donna Haraway y otra, hablar en una aldea; nada obliga a usar una jerga»

Uno de los objetivos de la Escuela de Bellas Artes de Basilea es reflexionar sobre cómo se irán agotando los espacios más tradicionales de contacto con el artista y empujar hacia posibilidades nuevas. Trasladar al alumno lo que el artista puede hacer por una sociedad (insertándose en ella), y no solo en las galerías. Por ejemplo, trabajar en Galicia con comunidades que no van ir a un museo, ni tienen por qué, lo que no significa que no les guste estar con artistas. Es más, es posible -aduce Chus Martínez- que quieran para sí mismas lo que gozan las ciudades a nivel cultural.

Sostiene que el aparato teórico del arte contemporáneo no es una barrera. «No tengo por qué emplear una terminología abstrusa. Una cosa es leer un libro de Donna Haraway y otra, hablar en una aldea, decirle a una persona que los bosques tienen una comprensión de la tierra. No hay un solo de nuestros abuelos que no haya entendido la vida de los castaños. Haraway con su rollo y ellos con el suyo. Es perfectamente compatible. Si quieres que te entiendan te entienden, no es obligatorio usar una jerga. Hay un aparato crítico excelente que sirve a las universidades, para estudiar arte, pero no es un modelo para ir a otros lugares».

La sociedad puede esperar del arte comprensión. «El arte -asegura Martínez- tiene desde hace cientos de años una comprensión del tacto, las sensaciones..., lo que entendemos a través de la experiencia, y eso puede ayudarnos a entender mejor la ciencia, ya es un gran mediador para comprender procesos complejos. Sin descartar la evasión estética, el arte es una apertura de preguntas y de mundos. He trabajado con muchos artistas y me he acercado a comunidades diversas... y nunca se ha ido nadie. A la gente no le falta curiosidad o ganas. Entre la alternativa de ver Sálvame todo el día y hacer otras cosas, hacer otras cosas está bien, les gusta», recalca.

La demanda cultural cambia en función de la oferta, insiste. En Ponteceso, su concello, recuerda, hace quince años no había un solo camino para dar un paseo, hasta estaba mal visto, «parecías un vago... cuando debías ocuparte de las leiras. A medida que los cultivos desaparecieron, los médicos aconsejaban caminar y los vecinos preguntaban que por dónde. Hoy todo el pueblo da paseos diarios de kilómetros. Han construido caminos. Pues lo mismo se puede realizar con la cultura y el arte. Tú dales la oportunidad de hacerlo -concluye- y ya te dirán ellos para qué lo quieren».

La Fundación María José Jove becará a creadores gallegos para que se formen en la Escuela de Bellas Artes de Basilea

La Fundación María José Jove ha creado una beca de formación para que creadores gallegos puedan estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Basilea. El acuerdo entre ambas instituciones permitirá al alumno cursar el Máster de Bellas Artes. Naturaleza, Género y Justicia Social, que durante dos años aborda un examen en profundidad de la práctica artística de los estudiantes y se presenta en forma de seminarios, simposios y talleres. De carácter anual y dotada de 20.000 euros, podrán beneficiarse de esta beca aquellos candidatos que cumplan los requisitos y superen las pruebas de admisión de la escuela -solo acepta 29 alumnos por año-. La solicitud debe realizarse en la web del propio instituto: https://www.fhnw.ch/en/degree-programmes/art-and-design/master-of-arts/fine-arts. Es algo más que un máster de técnicas, explica Chus Martínez: «Primero le llenamos al alumno las manos de aparatos y de formas; hay talleres de 3D y 4D, de cerámica, de madera, de cortar metal, de vídeo, de sonido, de cine… Y después le contamos que el arte contemporáneo no es un producto exclusivo de las ciudades, sino que esperamos que se puedan insertar prácticas culturales y artísticas en los territorios no urbanos». La transformación en el siglo XXI -arguye- no va a pasar por las coordenadas de la transformación industrial del siglo XX sino por una ampliación de la idea de ecología. En el mismo sentido, incluye la idea de diversidad de género, de igual modo en que la separación campo/ciudad no existe, tampoco existirá culturalmente la división entre hombre y mujer. El máster incide en todas estas preguntas. Y, aunque no compartimenta por lenguajes artísticos -«no hay un departamento de pintura, pero hay un taller de pintura, hay varios expertos en pintura y se trata la elaboración de pigmentos…»-, ofrece todo lo que se necesita para formar al estudiante pero la manera de expresarlo es diferente a la de una escuela convencional.

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