Estrella Valiña: «Deixar aquí aos fillos foi o máis duro, non llo desexo nin ao peor inimigo»

Personas con historia | La mayor de nueve hermanos, empezó cosiendo por las casas y estuvo en Suiza 30 años. Tiene dos hijos


Carballo / la voz

En la vida de Estrella, y en cómo la cuenta, se verán reflejadas muchas familias fracturadas por la emigración. Primero tuvo que dejar a sus hijos aquí, después los llevó consigo y ahora son ella y su marido los que han regresado solos a Galicia. No son ni de aquí, ni de allá: es el precio a pagar.

Nacida en Mórdomo (Traba, Laxe), es la mayor de 9 hermanos, de los cuales dos murieron de niños. Con ellos hizo de hermana mayor y de madre, renunciando incluso a ir a la escuela para cuidarlos cuando sus padres y su abuela salían a ganar el pan. Por la puerta de su casa pasaban andando sus compañeros para ir al cole y Estrella se moría por acompañarles, pero el deber era el deber. Cuenta que su madre aprendió a leer y escribir cuando se echó un novio que se marchó a Argentina. Tuvo que aplicarse para poder leer sus cartas y, al final, con tesón, logró aprender.

Cuando su padre consiguió reunir unos ahorros trabajando en Asturias, le compró una máquina de coser. Se formó en el oficio con una modista de Pasarela, de las pocas que había por la zona entonces y que tenía varias aprendices para que le ayudasen con los encargos. Pronto comenzó a hacer sus propios trabajos y a coser por las casas de los vecinos, llevando a casa lo poco que lograba reunir cada día.

Se casó joven y enseguida tuvo a su primer hijo. «Se antes o intentásemos, antes o tiñamos», bromea Estrella. Pero su marido se fue a Suiza y, tras encontrarle un empleo, le pidió que se fuese con él tiempo después. Eso implicó para Estrella dejar a su pequeño, de solo 11 meses, en Traba. «Foi o máis duro que tiven que facer. Non me importou nada ir para un sitio que non coñecía e cun idioma que non falaba, o que me importou foi deixar ao rapaz, iso matoume», explica. Estuvo casi tres años sin verle, hasta que nació el segundo y le tuvo que traer también para que se criase con su hermano. «Non viñamos tan a miúdo como se vén agora. Foi cruel deixalos atrás e ter que marchar, non llo desexo ao meu peor inimigo. Pasado un tempo cansei, falei co home e trouxémolos para aquí con nós».

Al llegar a Suiza, Estrella trabajó inicialmente en un restaurante, que dejó cuando se quedó embarazada de su segundo hijo. Tras dar a luz, congenió muy bien con una de las monjas del hospital en el que estaba y, al irse, se acercó a pedir trabajo. Meses después, se incorporó al área de maternidad para limpiar las habitaciones y llevarles la comida a las internas. «Estaba moi contenta e daba gusto ver todos os neniños que había. Máis tarde, a xefa púxome tamén a axudarlle ás mulleres a asearse», indica.

Pasado un tiempo su marido pasó una temporada en el hospital tras sufrir un accidente. Su jefe, que iba a visitarle con frecuencia, le ofreció a Estrella la posibilidad de trabajar en su casa con buen sueldo y más tiempo libre que en el hospital, así que no lo dudó. Allí limpiaba, cocinaba y cuidaba a los pequeños. Incluso le ayudaba a soportar mejor la ausencia de los suyos propios mientras no los llevó consigo.En casa del jefe de su marido trabajó durante 22 años. De los suizos no tiene más que buenas palabras. «Haberá quen bote contra eles, pero eu non teño nada que dicir porque a min tratáronme sempre moi ben, e á miña familia tamén», sostiene. Antes de regresar a España volvió a sus inicios y trabajó en una fábrica de costura. Se retiró a los 50, hace 26 años.

«Co covid vese que somos de hoxe e non de mañá. Hai que gozar da vida»

Siete y ocho días es lo que tardaban en llegar a casa las cartas que Estrella escribía a su familia desde la emigración. De vez en cuando llamaba por teléfono, pero era todo un procedimiento a seguir: «Na casa non tiñan coche e mamá non podía ir andando tódolos días a Laxe, que era onde había o teléfono. Así que eu falaba a principios de semana á centraliña e deixaba recado para que alguén de Traba que estivese por alí lle avisase a mamá de que un determinado día, a unha hora, a ía chamar. Así podía organizarse ela, vir andando ou no coche do veciño, sen falta de estar tódolos días en Laxe. Cando puxeron teléfono nun bar cerca da casa faciamos o mesmo. Sempre había quen pasase o recado», relata.

Cuando enfermó, Estrella regresó de sorpresa para cuidarla. Era la primogénita y sintió esa responsabilidad. Su marido la apoyó, así que con 50 años se retiró y se dedicó a cuidar de su madre. También trabajó la tierra durante un tiempo, pero cuando ya murieron sus progenitores y su marido la acompañó en Traba decidieron que ya era hora de empezar «a vivir algo a vida. Agora imos por aí de vacacións, dun lado noutro o tempo que nos quede aquí. Imos para Alicante durante uns meses e, cando empeza a facer bo tempo aquí, volvemos para Traba. Imos ver os fillos e o neto e facemos viaxes por aí adiante. Entre o coronavirus e o maldito cáncer estase vendo que somos de hoxe e non de mañá, así que hai que gozar mentres se poida».

Y disfruta, vaya si disfruta, sobre todo de la playa de Traba, un paraíso que tiene al lado de casa. Sale a pasear cada día y, aunque no se atreva a probar el agua, no pierde ocasión, como ella dice, «de poñer os osos ao sol. É o que manda o médico!», bromea.

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