«Conducín dende Liechtenstein ata Dumbría durante 24 horas e non vin ningún control»

José Manuel Touriñán es natural de Bustelo, en el municipio de Dumbría. Estos días pasa las vacaciones en su localidad de origen


Carballo / La Voz

José Manuel Touriñán Vieites, de 53 años, es emigrante en Suiza y en Liechtenstein. Puede sonar raro, pero ambos lugares son correctos. Trabaja en el Principado, y reside en Buchs, en el cantón helvético de San Gall. Entre uno y otro lugar apenas hay distancia, más que cruzar el río Rin y desplazarse unos metros. De hecho, la vida diaria entre ambas fronteras es muy común.

José Manuel es natural de Bustelo, en la parroquia de Salgueiros, en Dumbría, y se marchó a Liechtenstein, donde estuvo viviendo un tiempo, hace cerca de cuatro años. Lo hizo como respuesta ante la crisis, por la falta de trabajo en la zona. Él, y muchos más, sobre todo de hace diez años hasta no hace mucho. Y, también como tantos, ya conocía la emigración en aquellas tierras, a las que se había marchado con poco más de dos decenios. Entonces pasó siete años. Tuvo suerte en este nuevo intento, ya que logró trabajo (es jardinero), y su vida ya está ahora en esa franja de tierra entre las montañas de Austria y las de Suiza.

Estos días pasa las vacaciones en Bustelo. Llegó la semana pasada. Y lo hizo sin problemas: «Conducín dende Liechtenstein ata Dumbría e non vin ningún control», explica y resume. Ni en Suiza (hay que cruzarla toda de Este a Oeste), ni en Francia, ni en España. De haberle parado, no tendría problemas, ya que llevaba los papeles de desplazamiento que le dan en el consulado. Pero, por ejemplo, a los desplazamientos por carretera no le piden un PCR. Hizo todo el viaje por autopista. En total, 2.048 kilómetros de puerta a puerta, distancia en a que empleó 24 horas. Pudieron ser menos, pero fue despacio, debido a la intensa lluvia. Salió a la una de la mañana de un día, y a esa misma hora del siguiente ya estaba en casa.

Viajar entre España y Suiza en las vacaciones forma parte del ADN de decenas de miles de emigrantes, sobre todos entre los años 60 y 90. Pero cada vez son menos, gracias a las líneas aéreas de bajo coste y a las conexiones aéreas con Santiago desde Zúrich, Basilea y Ginebra. «Eu creo que este Nadal moita xente volveu coller o coche ao ver como están as cousas, moitos que eu coñezo fixeron iso», explica, retomando una ruta muy habitual entre los taxistas gallegos que van y vienen cada semana entre los dos países. A la vuelta no tendrá que guardar cuarentena, ya que ahora no la piden, como en el verano. La vida allí es más o menos normal, con mascarilla en determinados ámbitos pero, eso sí, muchas familias en cuarentena voluntaria, por precaución. Y trabajo hay. «Vai habendo, pero sobre todo para os que xa estamos alí. Para os novos esixen cada vez máis o alemán», dice. Es consciente de que a muchos de la zona le gustaría emigrar, pero ya no es fácil.

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