Los emigrantes de Liechtenstein ya tienen nuevo centro, construido entre todos

La mayoría son de la Costa da Morte. Tras quedarse sin su histórico local han debido buscar otro, y lo han adecuado con sus propias manos


carballo / la voz

El Centro Español Santiago Apóstol de Liechtenstein sigue adelante gracias al esfuerzo de sus socios, algo que no suele ser habitual en los tiempos actuales de la emigración, donde la función de los centros (con muy honrosas excepciones) ha dejado de ser la de los años sesenta, setenta y ochenta. Pero el de Liechtenstein sí conserva este espíritu de comunidad, y además de pequeña embajada de la Costa da Morte, ya que la inmensa mayoría de sus poco más de 300 gallegos que residen en el Principado son de la comarca y municipios limítrofes.

Pero el local de siempre de la entidad, creada hace 40 años, pasó a otra vida, ya que es de propiedad municipal y hubo que demolerlo. Así que no quedó más remedio que buscar otro. Y no fue fácil, explica el veterano presidente, Manuel Figueroa, de Ozón, Muxía, casado con una emigrante de Cerceda. Tras mucho buscar apareció un buen local en Bendern, en el municipio de Gambrin, al norte de Vaduz, la capital, y no lejos de su antigua localidad, Schaan. Aunque, claro, en Liechtenstein nada está lejos: tampoco Austria, y mucho menos Suiza: con levantar la vista sobre el río Rin ya aparece, con localidades como Grabs a dos pasos, donde el colectivo gallego también se hace notar.

El nuevo local no sale gratis. «Menos mal que tiñamos as contas saneadas para afrontar estes gastos», indica Figueroa, quien también trabaja en búsqueda de ayudas tanto en Liechtenstein como en el Gobierno central y Xunta. Menos mal eso, y que todos echaron una mano. Muchas manos y muchas semanas, arrimando el hombro todo lo que pudieron. Pueden estar satisfechos, tanto de esa unión que ya casi no se encuentra («nunca lles pagaremos eses favores aos socios voluntarios, sen eles non se podía facer nada», elogia Figueroa), como del resultado: les ha quedado un local elegante, amplio, cómodo, y además ya con gerente, algo esencial a la hora de sacar adelante una instalación así, para generar ingresos, activar las comidas de fin de semana... Todo bien, salvo la pandemia, que lo ha trastocado todo, plazos incluidos. De momento, ya llevan seis meses sin local, algo insólito en la vida emigrante de Liechtenstein. La idea es abrir en enero, pero con la reserva de ver cómo evolucionan las cosas. Curioso: al principio de la pandemia este pequeño país fue de los que mejor resistieron al virus de toda Europa, pero con los meses le ha llegado igual que a todos. Así que no queda más remedio que esperar. Y urge abrir, porque las rentas hay que pagarlas y los ingresos son necesarios. De momento, las banderas españolas y gallegas ya lucen en el exterior. Otro de sus rasgos distintivo es la gran fiesta anual, siempre en noviembre, que esta vez evidentemente no pudo celebrarse. A ver si para el 2021.

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