«Cando te ves voando polo aire nun autobús dis: 'aquí acabouse todo'»

José Sordo recuerda cómo hace cuarenta años sobrevivió al grave accidente de un autobús que se precipitó desde un puente en Lalín


REDACCIÓN / LA VOZ

El 22 de marzo de 1980 José Sordo volvió a nacer. Con 26 años y casado hacía poco, fatalidad y fortuna se aliaron para él ese día. A primera hora de la mañana había tomado un autobús en Santiago. Tras unos días visitando a su familia en Xermade, tocaba regresar a la localidad suiza de Friburgo, donde estaba emigrado desde hacía algunos años. El viaje hasta Galicia lo había hecho en avión, pero había pasado tanto miedo que para la vuelta prefirió el transporte por carretera.

Transcurrida poco más de una hora de trayecto, el autobús sufrió un terrible accidente. Sucedió a la altura de Pozo Negro, en el término municipal de Lalín (Pontevedra). Circulaban por la nacional 525 que une Santiago y Ourense, cuando al atravesar un puente que cruza sobre el río Deza el autocar se fue contra el pretil, lo atravesó y cayó al vacío desde unos 20 metros de altura. «Decateime de que algo pasaba ao ver ao axudante do condutor tirarse sobre o chofer, pero xa o bus estaba no aire. Cando te ves voando así dis aquí acabouse todo», narra José.

Página de La Voz de Galicia del 23 de marzo de 1980 donde se cuentan los pormenores del accidente
Página de La Voz de Galicia del 23 de marzo de 1980 donde se cuentan los pormenores del accidente

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El siniestro dejó cuatro muertos. Fallecieron el piloto y el copiloto, ambos asturianos y de 43 y 44 años, respectivamente. También perdieron la vida una mujer de 36 y su hija pequeña, de tan solo 5. «Hai cousas que son un milagre. Eu ía sentado entre eles catro. Os condutores ían diante de min e morreron. A muller e a filla detrás. E eu sobrevivín», recuerda, dándole vueltas todavía a lo que pudo suceder.

Cuarenta años después, José no ha olvidado la angustia que sintió atrapado entre los hierros del autobús. «Quería escapar, tiña medo de que o bus me esmagara. Gritei e gritei, pero ao final perdín forzas. Sei que me sacaron de alí e espertei xa na clínica», rememora.

Seis meses estuvo ingresado en la Clínica Echeverri, en Santiago de Compostela, de los que dos los pasó sin poder moverse de la cama. Él fue uno de los nueve heridos graves que dejó el accidente, la mayoría emigrantes que se dirigían a Alemania o Suiza. Otra persona resultó herida leve.

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El suceso despertó mucho interés mediático: «Viu algunha tele e ata nos visitou Fernández Albor, que daquela era presidente da Xunta», cuenta. Quien no pudo visitarle mucho fue su mujer, que viajó desde Suiza al enterarse de la noticia pero tuvo que volver a Friburgo para seguir atendiendo sus obligaciones laborales.

Durante bastante tiempo, aquel siniestro marcó su día a día. «Ao principio acordábame sempre que collía un bus, ou incluso cando ía nun coche segundo como conducirán, pero agora xa non me pasa», explica. De hecho, es capaz de contemplar sin angustia su foto postrado en la cama tras el accidente. Y es que, de alguna manera extraña, el fue afortunado: «O chofer non o contou, eu podo contalo e podo ver esas fotos porque estou vivo».

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