¡Taxi!, a Liechtenstein

Jesús Sánchez cumple 25 años haciendo viajes regulares, a veces semanales, al Principado


carballo / la voz

El fenómeno de los taxistas que viajan desde Galicia a Suiza es conocido desde hace tiempo. El decano sigue siendo José Martínez Mosquera, de Abegondo, que lleva 43 seguidos. La mayor parte están en la Costa da Morte, con un peso migratorio extraordinario en el país y, como todos los fenómenos, atraviesan sus ciclos. El actual es que ya quedan menos, tal vez la mitad que hace cinco años. Jubilaciones, cansancio, cambio de mercado... La resistencia es el combustible de los que aguantan.

Entre todos ellos también hay especificidades. El caso de Jesús Sánchez Caamaño, 55 años, de Muxía (donde tiene su parada), lo es, por tiempo y destino. Este año cumple un cuarto de siglo yendo y viniendo a Liechtenstein, pequeño Principado situado en el extremo este de Suiza. Y además, acude con una regularidad no tan habitual en otros casos (no es el único que llega): mínimo, dos veces al mes, y en determinadas épocas, incluso cuatro, como ocurrió hasta hace poco durante cuatro meses seguidos. Cada siete días, ida y vuelta, todo un tute de 2.000 kilómetros justos en cada sentido. Eso, en la teoría, con el GPS, porque la realidad es que estos profesionales se adaptan a las necesidades de cada cliente, así que seguramente le tocará dar algunas vueltas antes de llegar al fin de trayecto para repartir viajeros y mercancía, siempre de puerta a puerta. Esa es la principal ventaja que arguyen quienes contratan sus servicios, la comodidad de salir de casa en Cee (o de donde sea) y llegar a Vaduz 25 horas más tarde de promedio. Puede parecer exagerado en la época de los vuelos de bajo coste, pero son muchos los que van más cómodos, y además con la maleta y un bolso de mano incluidos.

Por 200 euros

La tarifa también puede ser otro motivo importante. Ese viaje de 2.000 kilómetros, o al lugar que elija el cliente en el mismo trayecto, cuesta 200 euros. Es curioso porque, hace cinco o seis años, la tarifa era la misma. «E sigo igual con ela, non subín nada, e iso que o gasóleo disparouse, e as peaxes tamén», explica. No solo hay que luchar contra el aumento de costes, también contra la competencia desleal, o que no está regularizada, que la hay y rebaja incluso más los precios, pero sin las garantías de los profesionales.

Cuatro vehículos

Por eso tiene que cuadrar mucho los números. Él tiene ahora cuatro vehículos, entre furgones y monovolúmenes, además del remolque y espacios en los que dejar las mercancías que le encargan. A veces son mudanzas, otras envíos de todo tipo de objetos, lo que salga. Así que se combinan los pasajeros con el material. Cada trayecto, y ya van cientos, es una clase extraordinaria de logística.

Son muchas horas en la carretera. No sabe cuántos kilómetros ha hecho, pero «pasa moito dos tres millóns» en estos 25 años, aunque antes también hacía estos trayectos, pero más esporádicos. A su primer vehículo como taxista, una Fiat Ducato, le hizo 1,2 millones, «e non tiña nin seis anos». Nunca tuvo accidentes hasta el año pasado, el primero, un día de nieve, y con él solo en el coche. A él no le pasó nada, solo hubo daños materiales.

Tantos años y tantas horas dan para ver y conocer mil historias. En los últimos tiempos le tocó ver cómo a amigos, vecinos o ex compañeros de emigración los llevó de nuevo a Suiza o a Liechtenstein: «Eu xa lle fixera a mudanza a España, porque retornaran, e despois volvinos levar de volta, porque non tiñan traballo aquí. Xente ás veces con 58 ou 60 anos. Por sorte, á maioría volveron contratalos». Fue uno de los efectos de la crisis. En ese lugar viven algo más de 300 oriundos de la Costa da Morte, el grueso de los españoles. Una parroquia más, la 158 de la comarca.

Su primer coche fue un Seat 127, y ya hizo viajes con cinco ocupantes

Jesús llegó a Liechtenstein en 1979, como un emigrante más, para trabajar en una empresa de construcción. Era un chaval, cumplió allí los 15 años. Más tarde, su primer coche para moverse de manera legal (a los 16 ya conducía un 124) fue un Seat 127, con el que hizo viajes de ida y vuelta. Más de una vez, con cuatro ocupantes más. Cuesta imaginarse a los cinco dentro de aquel pequeño coche, por aquellas carreteras, sin autovías. «Unha vez, no verán, levounos máis de 70 horas. Pero é que os billetes de avión daquela custaban 800 francos, era moito!». Recuerda que su hermano venía con ellos en otro coche, un 131, «e non daba feito comigo», recuerda entre risas. Desde entonces ha tenido 20 coches más.

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