De Pasarela a la pasarela mundial

El joven vimiancés está ahora en Milán tras un fulgurante inicio en la profesión: esta es la historia de Damián Álvarez Tajes


carballo / la voz

Lo suyo ha sido chegar e encher, aunque es muy consciente de que las cosas no son fáciles y que hay que trabajar mucho. Damián Álvarez Tajes llevaba una vida muy normal hasta el principio del otoño pasado, en septiembre, y ahora no para de coger aviones, moverse en los desfiles y posar en sesiones de fotos. Y es solo el inicio. Ayer contaba su historia desde Milán, una de las capitales internacionales de la moda, adonde llegó hace unas semanas.

Damián tiene 25 años y es de Pasarela. Es su punto de referencia, de donde es natural su padre. La madre es de Moreira, Carnés. Pero su vida, hasta los 14 años, estaba en Delémont, la que debería ser la parroquia 158 de la Costa da Morte. Como tantos, es hijo de la emigración suiza. Allí se crio en la primera etapa de su vida (más de la mitad por los años que tiene) y allí tiene a su padre y otros familiares cercanos, y donde procura volver cada vez que puede. Pero lo que le tiraba de verdad era Galicia, y aquí se formó. «Cada lugar ten as súas cousas boas, e hai que quedarse con elas», explica.

En Galicia estudió y trabajaba en una gran empresa de la construcción hasta el verano pasado en trabajos de delineación y topografía, centrado sobre todo en proyectos relacionados con los barrios coruñeses. Allí llevaba tres años. Tenía una muy buena amiga, modelo, que le comentó la posibilidad de que intentase serlo él también. Le mandó unas fotos a una agencia y lo llamaron de inmediato, solo por las fotos, y en Canarias. Así empezó todo, muy rápido, y muy bien. Una cosa llevó a la otra. De repente lo reclaman de Barcelona, varias agencias estaban interesadas y finalmente se decantó por Sight Management, considerada, si no la mejor de España, de las mejores. Todo eso, en septiembre, cerrando un breve círculo que había empezado, con las llamadas y contactos, a finales de julio.

Vistas las cosas, pidió una excedencia en su trabajo. Se la dieron por cinco años, que irá renovando uno a uno. Está muy agradecido por el trato.

Se estableció en Barcelona, nada fácil porque los alquileres son estratosféricos, y porque el mundo de la moda obliga a moverse mucho, hoy aquí y mañana allí, nada que ver con la tranquila vida de oficina a la que estaba acostumbrado. Hizo varios desfiles, por ejemplo uno de Stradivarius en la capital catalana, y en Canarias, y en Mallorca (publicidad para una empresa sueca), y para una de gafas (Sea2see)... Ahora elige Milán. «Aquí hai máis traballo ca en Barcelona no mundo da moda», argumenta. Es un sector que le gusta. «Vexo opción de traballar disto, xa o estou facendo. E tamén son moi optimista e moi loitador», señala.

El salto definitivo acaba de darlo, pero pudo haberlo hecho (o intentado) mucho antes. Desde hace tiempo sus amigos y conocidos le insistían en que probase. Mide 1,87, tiene ojos verdes («e cambiantes», bromea a medias, en función de la época o la luz), muy musculado por el deporte. Pese a esos ánimos, «nunca facía caso. Só -explica- me dedicaba a facer o meu traballo, e punto. Non mo creía. Agora si que creo que podo».

El mundo de la inmediatez

Reconoce que es un mundo complicado. La inmediatez manda, hay que manejar otros ritmos vitales, no es un trabajo de ocho horas con todo programado. «Hai que acostumarse e adaptarse, tomar avións, estar pendente do teléfono... Pero gústame moito, síntome cómodo desfilando, que me miren, tamén me gusta sacar fotos». Puestos a pedir, no le disgustaría nada poder hacer algunos trabajos en Suiza, el país al que tanto debe. Idiomas, por ejemplo. El francés lo domina sin problemas, y también se maneja en italiano. En inglés de defiende. Gallego y castellano, obviamente. No solo los idiomas ayudan. También su aspecto. Es un deportista nato. Ha jugado al fútbol, ha practicado kick-boxing, surf, bicicleta... Lo que más le gusta es correr. Y a lo grande. Ha completado la maratón de Barcelona, y le patrocina la marca ASICS FrontRunners, precisamente tras esa prueba. Ahora le va a tocar adelgazar un poco -no está nada gordo, pero en la moda los patrones son estrictos con la musculatura- para las nuevas exigencias. Lo asume con plena naturalidad: gimnasio y punto. «A min encántanme os deportes», resume.

La vida personal es complicada en estas circunstancias. «Complicado, si, pero lévoo ben». Su novia es italiana, también profesional de la moda con base en Barcelona, y ambos se esfuerzan lo más que pueden para verse. Si la progresión sigue como ha empezado, les esperan muchos aviones.

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