El relojero de Abadín que montó una tienda tras aprender el oficio como emigrante en Suiza

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS LUGO / LA VOZ

RETORNADOS

Armando Chao, que en la foto aparece con su mujer, dice que el oficio de relojero requiere paciencia
Armando Chao, que en la foto aparece con su mujer, dice que el oficio de relojero requiere paciencia PALACIOS

Armando Chao afirma que el oficio requiere sobre todo paciencia y que aún tiene futuro

16 may 2021 . Actualizado a las 21:36 h.

En el negocio de Armando Chao suena un reloj; minutos después, otro; un poco más tarde, otro... No sorprende que eso ocurra en el local, ya que se trata de un establecimiento de relojería. Suenan en momentos diferentes porque así él, explica, sabe si funcionan o no. Ese es uno de los detalles que comenta sobre el presente y el pasado de su oficio, que aprendió en Suiza y que ahora, de vuelta en su municipio natal tras más de 40 años en la emigración, sigue ejerciendo.

En su local casi interesa más la trastienda que la zona de venta y de atención al público. En esta se ven relojes de pulsera, y en aquella, relojes de pared, con sus cajas de madera y con un inevitable aroma a tiempos pasados. Aunque para muchos baste con mirar el teléfono móvil para saber qué hora es, Armando Chao admite que aún hay gente que conserva relojes antiguos. Eso sí, suelen abundar los que le dan importancia al valor sentimental de esas piezas sin pensar que el aspecto económico también es relevante: comenta, por ejemplo, que un cliente le llevó a arreglar un reloj que podría costar varios miles de euros sin sospechar cuánto podría valer.

Conservar un reloj de pared tiene unas pautas. En primer lugar, dice Armando Chao, es conveniente que la caja sea de pino y no de castaño, ya que esta madera tiene una acidez que puede ser perjudicial para la maquinaria. En segundo lugar, hay que limpiarlo cada cierto tiempo, pues en el interior puede acumularse polvo o pueden entrar insectos. También es conveniente situarlo en un lugar que no tenga mucho sol, que deteriora la madera, ni mucha humedad, que causa corrosión, para que las condiciones atmosféricas no le afecten.

Si hace décadas era fácil encontrar, incluso en poblaciones pequeñas, relojeros que arreglaban todo tipo de aparatos, hoy el caso de este abadinense resulta casi excepcional. Él admite que animar a una persona joven a que aprenda este oficio es algo difícil. «Ten que ser alguén con moita paciencia e con habilidade nas mans», afirma.

Esas características, en su opinión, hacen que las personas que se dedican a labores de costura y confección o de peluquería tengan más posibilidades de dominar todas las claves de esta profesión. También lanza un aviso: un relojero tiene que cuidarse y descansar, ya que los excesos de la vida nocturna acaban pasando factura a la precisión indispensable en este trabajo.