La pizza y las tartas que llegaron de La Pampa

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

RETORNADOS

M.MORALEJO

El restaurante Chicote abrió hace 40 años en Vigo con Isaac Mosquera, cuando la comida italiana aún era algo exótico. Tras su expansión, hoy concentra su esencia en un solo local con sus clásicos dulces y salados

24 abr 2021 . Actualizado a las 23:01 h.

Cuando en 1981 Isaac Mosquera Vilanova llegó con 27 años desde Buenos Aires a Vigo, las pizzas se veían poco menos que en las películas. «Solo estaba La bella Napoli y La Góndola», recuerda de una ciudad a cuya Alameda llegaría al año siguiente el primer chino, el Shanghái. La cocina internacional rompía lentamente las férreas barreras en una España que solo llevaba seis años viuda de Franco.

Isaac, de familia originaria de Celanova, hizo el camino de vuelta de la emigración y, aunque nació en Argentina, la tierra le tiraba en los genes y con su mujer, berciana, y sus dos hijas, se plantó en Vigo dispuesto a todo. Estudió ingeniería electrónica, «que planté en cuatro curso». Toda su vida laboral ha discurrido entre fogones.

Los orígenes del restaurante Chicote, que durante décadas reinó en la ciudad como uno de los italianos de referencia sin competencia o muy escasa, está en su primer local, ya desaparecido, en la calle Brasil. «Al principio era una cafetería que ya existía y de la que nos hicimos cargo con ese nombre ya puesto, en la que empezamos a dar como tapa trozos de pizza», cuenta.

Hay que dar gracias al sopor que Isaac empezó a sentir en aquel primer establecimiento porque, según revela, empezó a hacer tartas por puro aburrimiento y creó obras maestras como la Mar del Plata (con su triple combinación de chocolate, nata y dulce de leche), la de la casa (nata, flan, dulce de leche y crema tostada), la de yogur semifrío con yogur natural o la Chicote, con nata al café, fresas, dulce de leche y merengue en bizcocho cubierto de chocolate. Con intuición, experimentación y trabajo se hizo a sí mismo como maestro pastelero y alcanzada la perfección testada en cientos de paladares felices, una vez fijadas las recetas, se tornaron inamovibles.

Tras algunos problemas de salud superados con éxito, Mosquera se acaba de jubilar, pero que no cunda el pánico porque las especialidades dulces y saladas del Chicote están a buen recaudo. Aunque ninguna de las hijas del hostelero están por la labor de seguir sus pasos («afortunadamente», apostilla), la carta está a buen recaudo.