Las historias de los retornados: nueva entrega de Luis Lamela

Raimundo García y Manuel Grela: pequeñas tragedias de la emigración de la Costa da Morte


Historias de retornados. La gran mayoría de los individuos que emigraron de la Costa da Morte están en la más absoluta maleza del olvido, cubiertos por musgo; personajes que se enfrentaron a fuertes vientos lejos de su tierra y de sus familias, abocados a sufrir enormes cambios culturales y sociales que les llevaron a desempeñar, en la mayoría de los casos, los más humildes trabajos; condenados a aceptar lo que les salía.

Pero, la gran mayoría sobrevivieron, aunque muchos quedaron en el camino de la indigencia y en el desamparo. No fue el caso de Raimundo García Fernández, que nació en Camariñas y emigró para la Argentina en un año que desconocemos, seguramente en los últimos del siglo XIX. A finales de julio de 1920 embarcó en Buenos Aires en el vapor Avón para regresar a su tierra de origen. Desembarcó en Vigo y cogió el tren correo para dirigirse a Coruña y seguir después a la localidad del encaixe, su pueblo natal. En Vilagarcía, Raimundo bajó al andén a estirar las piernas, y cuando ya había iniciado el ferrocarril su salida, pretendió subir al vagón con la mala suerte de caer del estribo del coche y alcanzarle las ruedas ambas piernas, fracturándoselas. Después de las primeras curas de urgencia fue trasladado al Hospital de Santiago, en donde falleció el sábado 21 de agosto de 1920. Y nunca pudo llegar a su Ítaca, a su Camariñas, ni abrazar a los que allí le esperaban. Ni sus cenizas se mezclaron con la tierra que tantas veces había pisado en sus primeros años de vida.

Otro caso fue el de Manuel Grela, O Ruso de Bosildo, que sí pudo regresar a su pueblo natal. O Ruso de Bosildo nació en A Ponte do Porto (Camariñas) y, soltero, emigró con 28 años para la Argentina. Embarcó en el vapor Wittekind en A Coruña y arribó a Buenos Aires el 16 de octubre de 1898. Manuel Grela fue uno de esos emigrantes que supo retornar a su tierra para el definitivo descanso y así cerrar su historia. Poco después de regresar a A Ponte do Porto con sus heridas y cicatrices tras más de tres decenios de ausencia, falleció a los 61 años el 10 de noviembre de 1931. Él si pudo llegar a la tierra que le viera nacer y entregarle sus restos mortales.

En fin, pequeñas tragedias de la emigración de la Costa da Morte.

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