«No 1981 en Sudáfrica traballábamos as 24 horas porque había peixe espeso»

Albino López exploró el mundo en todo tipo de barcos, de mercantes a remolcadores

i. d.
O Vicedo / la voz

Un comienzo precoz, como tienen la mayoría de los que se inician en esto del mar, dio lugar para Albino López Baltar (O Vicedo, 1952) a un viaje excepcional por prácticamente todas las latitudes planetarias, desde las heladas aguas canadienses o del Gran Sol hasta las paradisíacas costas de Filipinas, pasando por toda la costa americana y sudafricana. Océanos, mares y aeropuertos, todos conquistados por Albino López (conocido como O Pillo), que solo dejó el mar para hacer la mili y con la jubilación. Son incontables las anécdotas, que guarda para sus memorias. «A vós non volas digo que non me pagades un peso!», bromea, cómplice, el protagonista.

Su primer contacto con los mares lejanos fue en Ferrol. «Aínda que cando cheguei o barco xa saíra, eu negueime a volver á casa, así que fun xunto do responsable das contratacións e díxenlle que me quería ir ‘mañá mesmo'». De ese modo puso rumbo a Chicago, después de embarcar en Ceuta, «tras cruzar a Península en tren con 17 anos, mira se tiña interese». Sería el primero de los muchos viajes que Albino haría en mercantes, su primera relación con el mar. Con base en Hamburgo, «botei sete anos na mercante, do 73 ao 80, sen saber nada de alemán». Años duros, de seriedad total en el trabajo por parte de los alemanes, aunque «cando saen de festa tamén son bos, que cando íamos por Brasil ou así... Igual que hoxe en Ibiza».

Las aventuras en la mercante fueron de lo más dispares, días de viajes en avión, noches en puertos y hoteles y meses de travesía por el mundo. «Levábamos de todo, dende plátanos ata armas, que transportamos durante os tempos das guerras entre Irak e Irán», explica Albino. «Estaban a tiros de cada pouco, na Libia de Gadafi, nun Exipto tenso...». Vivió años movidos por esas zonas, tanto que «para pasar a Canle de Suez, a empresa na que traballaba dábanos cartos extra reservados xa para os subornos».

Cansado de esa inestabilidad, López, «tras 14 meses seguidos sen vir á casa», desembarca de un viaje en El Cairo, con billetes de vuelta para su base en Alemania. «Funme á oficina de Iberia para cambiar os billetes a Madrid, pero estaba pechada pola guerra entre Irak e Irán». Cuando volvió con sus compañeros, el vuelo alemán había partido y solo pudo quedarse en El Cairo «despois de que a policía me retirase o pasaporte cando lles fun preguntar se saíra o vóo (..) Os da empresa conseguiron meterme nun hotel e logo logrei saír para Madrid a través de Italia». Una vez en casa, la decisión estaba tomada: «Non volvo».

Cambio de latitudes

Albino dejó la mercante en 1981 y puso rumbo a Sudáfrica, donde «o ritmo indo de mariñeiro era tremendo, traballábamos as 24 horas porque había peixe espeso». Bromea: «Se chego a ter a bicicleta aló, escapo». Tras esa campaña, le esperaban 14 años de Gran Sol desde puertos como Burela o Cariño, ahora ya con el título de patrón de costa, que luego fue también de pesca.

Fue así como se embarcó para las aguas del paralelo 60 Norte, donde tuvo «que facer de todo, ía de patrón pero axudaba en cuberta, ata o maquinista facía de cociñeiro». Achaca esta precariedad «a que os armadores intentan aforrar en todo, son todos iguais; e nós, no barco, sufrímolo». Señala incluso que «algúns compañeiros ían sen contrato, sen cotizar á Seguridade Social durante anos». Para más inri, «sempre de noite e mal tempo: non compensa o soldo»

Cansado, de nuevo, López dejó el Gran Sol a mediados de los 90 para abordar los remolcadores. «Primeiro en Galicia e logo en Barcelona, nos de altura». Años más estables, por fin, trabajando como primer oficial y salvando vidas; aunque O Pillo a todo le saca punta: «Como os remolcadores europeos, nada, que os de aquí... Daquela, polo menos, necesitaban unha boa renovación».

Una vida dando vueltas al mundo: Chicago, Río de Janeiro, El Cairo...

«Cando empezas, o instinto vaiche á mercante, pero logo veñen os fillos, a hipoteca e vaste á pesca». Albino López repasa sus vueltas al mundo, que no fueron pocas. Su ya mencionado debut, en Chicago con 17 años y sin entender palabra, resultó una prueba de fuego. «Tiñamos que subir ós Grandes Lagos do Canadá, pois Chicago ten a costa no Lago Míchigan, e a min, por ser o máis novo, mandábanme nunha especie de bambán para amarrar a estacha á esclusa que se usaba para remontar os lagos».

Desde el vuelo en columpio por Canadá a los 17, con el paso de los años Albino estaría en muchos otros puntos del mundo, como Río de Janeiro, donde vio emborracharse a los alemanes en Copacabana y vibró en un estadio de Maracaná repleto para ver a la mítica Brasil de los 70.

«Dunha volta, en Filipinas, prendéronme». En un viaje de la India a Filipinas (a la Isla de Mindanao) para recoger un barco, él y su compañero perdieron el vuelo. Se fueron en el siguiente, pero hubo un error y «ao chegar eu non estaba na lista de pasaxeiros». Detenido, esperó con la policía hasta que «unha muller» irrumpió para pedirle disculpas y dejarlo irse. «Funme correndo para o avión de Mindanao, cheguei de casualidade e alí entrei eu, ‘o señor presidente’, con todos esperando por min e o meu amigo escachando de risa».

Juergas brasileñas, inestabilidad egipcia y tensión filipina. López vivió en muchas ocasiones la historia sobre su barco: desde el golpe dictatorial de Videla en Argentina, «que deixou triste e pobre o país», hasta los ataques de piratas en el Mediterráneo, «onde por menos de nada tiñas ás pistolas en cuberta». Hoy vive su historia particular en O Vicedo, donde disfruta de su playa de Xilloi, «a máis bonita de todas».

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«No 1981 en Sudáfrica traballábamos as 24 horas porque había peixe espeso»