Rafa González: «De pequeño me llamaban pulpo y las chicas no se acercaban»

Lucense de As Nogais, de pequeño soñaba con ser cirujano y ahora regenta A Nova Lanchiña, dos pulperías fundadas por sus padres de regreso de la emigración en Francia

Rafael González, de la pulpeira A Nova Lanchiña
Rafael González, de la pulpeira A Nova Lanchiña

Regenta dos locales con el mismo nombre y situados a apenas unos metros de distancia. A Nova Lanchiña de Capitán Juan Varela y A Nova Lanchiña de la calle Eusebio da Guarda. «El primero es más tradicional y el segundo, más moderno. Hay clientes a los que les gusta más el estilo taberna y otros prefieren un espacio más funcional», destaca Rafael, Rafa, González López, hijo de Esther, que todavía corta pulpo de vez en cuando, y Victorino, fallecido hace una década, los fundadores de la famosa pulpeira.

Hay quien sostiene incluso que está más rico en un lugar que en el otro. «Es cierto, incluso dicen que es más sabroso el aceite que utilizamos arriba (por el de Capitán Juan Varela). Será por la costumbre, o por la decoración del sitio, pero es el mismo aceite de oliva virgen extra que compramos directamente a una cooperativa de Jaén. El pimentón también es idéntico. Y las cincuenta y pico toneladas que compramos al año van igual para un local que para el otro. Utilizamos pulpo de Marruecos clasificación Japón, que es el mejor al que podemos acceder. Es más caro, pero se nota. Nos encantaría que pudiese ser gallego, pero semejante cantidad de kilos no los hay», explica. «La única diferencia gastronómica entre uno y otro local es que en el de abajo ofrecemos una carta más amplia», especifica.

Este negocio fundado a mediados de los setenta reabrió este 1 de junio tras unos meses cerrado por la pandemia. «Ahora tenemos control de acceso, sistema de reservas, aunque también se puede ir directamente, y toda la desinfección habida y por haber para que la gente este tranquila. También el personal extrema las medidas de seguridad. Por el momento, estamos contentos porque ocupamos todas las mesas disponibles y hacemos dos turnos. No es la marabunta de antes, pero no nos quejamos», analiza. Un cambio importante es que ahora una de las pulpeiras abre el domingo, algo que hacía muchos años que no sucedía. 

La pequeña Sofía

Tiene 52 años y una niña de tres y medio, Sofía. «Te puedes imaginar la alegría cuando nació. Fui padre con 48 años y pico. Es la única nieta y el juguete de la casa», asegura. Su mujer, Mónica Ponte, con la que lleva desde que eran adolescentes, trabaja en el negocio familiar y dirige las cocinas.

Rafa nació en As Nogais, en la provincia de Lugo. «Somos de una familia labriega. Teníamos vacas y sachos. Mis padres estuvieron emigrados en Francia y, cuando volvieron, se instalaron en A Coruña», relata. Se encontraron con que había unos señores que traspasaban el negocio en los Mallos. Cuentan que en 1975 dos socios montaron A Lanchiña y, cuando se separaron, uno de ellos decidió llamarle a su negocio A Nova Lanchiña. Este verano hará 44 años.

«Me matricularon en el María Barbeito y después estuve tres años en el Luis Vives de Pontedeume, que fue donde más estudié. Debido al negocio de mis padres, de pequeño los amigos me llamaban pulpo. Las chicas pensaban que era por otra cosa y no se acercaban. Y, nada de nada, en mi vida usé los ocho brazos», comenta sonriente. 

Las motos antiguas

Dice que de pequeño soñaba con ser cirujano, y ahora ni corta el pulpo. «Soy pulpeiro, pero no corto. Antes de dedicarme a esto fui viajante de joyería de una multinacional italiana. Después, para aprender el oficio, monté la cafetería Trocadero, en O Burgo, que alquilé cuando abrimos la segunda pulpeira. No daba hecho», recuerda.

El pulpo sigue siendo la estrella de la carta, seguido del raxo y de los mejillones en escabeche. «Yo soy comedor de pulpo y de churrasco. Suelo probar una tapita todos los días para comprobar el punto. Me gusta con bastante picante. Si lo pido en otro local no protesto a no ser que sea muy flagrante. Un mal día lo tiene cualquiera», dice.

Reconoce Rafa González que siempre ha sido un amante del motor. «Tengo tres motos antiguas y me encanta ir a Lira, donde tengo muchos amigos, o a As Nogais, donde están mis orígenes», confiesa desde A Nova Llanchiña, un local ya mítico.

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