Aterrizan en un desierto Lavacolla 150 gallegos, tripulantes de un cablero maltés

Algunos tuvieron que demorar varias semanas el retorno por el estado de alarma


santiago / la voz

«Moi preocupados polo que está pasando en España, dispostos a botar unha man no que faga falta e con moitas gañas de estar coa familia». Las palabras del joven Héctor Alba, de Ribeira, resumen el sentir de los 150 tripulantes del cablero de bandera maltesa Solitaire, que a las siete de la tarde llegaron a Lavacolla en el único vuelo, de la compañía Tui Fly, que operó ayer en el desierto aeropuerto compostelano.

Algunos de ellos, como Jorge Cruz, portugués residente en Baiona, tenían que haber regresado a Galicia hace algo más de un mes, pero la declaración del estado de alarma los confinó en el buque, de la compañía de construcción submarina Allseas Group, con sede en Suiza, y prolongaron su período de trabajo hasta ahora, cuando concluyeron el proyecto, consistente en la instalación de las tuberías para una plataforma petrolífera frente a las costas de Noruega.

Los que retornaron ayer a Galicia son prácticamente la mitad de la miembros de la tripulación del Solitaire, un buque de 300 metros de eslora y 41 de manga en el que se aplicó un estricto protocolo de seguridad frente a la pandemia del coronavirus. Un chequeo diario a todos los marineros, con medición de la temperatura, utilización de equipos de protección individual y observación de las distancias de seguridad en el trabajo y en el tiempo de ocio, así como durante las comidas, tanto en la disposición a la mesa -un máximo de cuatro en cada una- como en la elaboración de los alimentos, que se los servían precintados... Ninguno de los tripulantes dio positivo en los controles de COVID-19 en estas semanas: «Viaxamos todos sans», afirmó uno de los retornados. No fue así en otros buques de los que tuvieron noticia al desembarcar el pasado martes en el puerto de Róterdam, desde donde fueron trasladados a Ámsterdam para tomar el vuelo de regreso.

En Lavacolla les esperaban autobuses y varios taxis -estos para trasladarlos de uno en uno, en aplicación de las normas de prevención del contagio- a sus hogares en las comarcas de Pontevedra, O Morrazo, Vigo y A Coruña, entre otros puntos de Galicia.

«Vimos de estar confinados no barco e seguiremos confinados na casa, felices de estar coa familia», explicaban camino del autobús. Ahora esperarán en sus domicilios a que concluya el estado de alarma y a ser llamados por la compañía para un nuevo trabajo a bordo del Solitaire, un buque habitual en la ejecución de grandes proyectos de instalación de gasoductos en el Báltico y el mar del Norte. Mientras tanto, los tripulantes gallegos tienen claro que van a cumplir las normas de confinamiento en casa. «Iso seguro», afirma Juan José Duarte, de Sanxenxo.

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