«Con la pensión que me quedó de Suiza, en Galicia vivo mejor que allí»

Pepe Sordo cambió Friburgo por O Grove el año pasado, tras jubilarse


Como turista y acompañando a su hermano. Así llegó Pepe Sordo a Friburgo cuando tenía 19 años. «Fui a ver si me gustaba, pero al principio no me gustó nada, quería volver», recuerda. Llegó a hacerlo en varias ocasiones, pero las oportunidades laborales siempre le llevaban de vuelta a la ciudad Suiza: «Fregué platos, trabajé en un restaurante haciendo pizzas... ¡hasta 200 al día hacía!». Al final, fue el amor el que lo retuvo en el país helvético, tras conocer a su mujer, Aurora, de origen asturiano.

En Friburgo crearon un hogar, tuvieron un hijo y dejaron transcurrir los años. Hasta que Pepe, que va a cumplir los 66, se jubiló el año pasado: «Entonces me dije: me voy para la tierra, que con la pensión que me queda vivo mejor en Galicia que aquí», cuenta. Y es que, aunque reconoce que la ciudad en la que ha pasado más de media vida le encanta, también apunta que la vida allí «se ha puesto muy cara; solo en sanidad se te van 1.000 francos al mes, más de 900 euros. Los peajes, sin embargo, son mucho más baratos. En Galicia la circulación está carísima».

Más allá de las razones económicas, su hijo trabaja en la factoría viguesa de Citröen desde hace más de diez años. «Así que por si vienen los nietos, estamos más cerca», bromea.

A finales de primavera hará un año que el matrimonio se instaló en San Vicente do Mar (aunque Pepe es natural de Xermade, en Lugo). Él, de momento, no echa de menos su vida en Suiza, donde no deja ningún pariente porque sus hermanos ya retornaron antes que él. Tras meses de mucho papeleo -«aquí maréante moito, en Suiza é todo máis rápido», asegura-, dedica el tiempo a caminar y tomar algún café, aunque ya le ronda por la cabeza la idea de apuntarse a algún curso. «Me apetece aprender a tocar la gaita, al menos un par de canciones para montar alguna juerga con los amigos», confiesa con buen humor.

Galicia lidera el flujo de emigrantes retornados durante el último año

manuel varela / m. p. v.

Una de cada cuatro personas que llegaron a la comunidad son de origen gallego

Hace más tres décadas que Galicia inició una crisis demográfica que se agudiza cada año. La comunidad contó con el peor saldo vegetativo del país— la diferencia entre nacimientos y muertes—, con un desequilibrio negativo de más de 8.400 personas. La población volvió a reducirse hasta caer por debajo de la barrera de los 2,7 millones de personas, según la actualización del censo que realiza el Instituto Nacional de Estadística cada mes de enero. Solo la inmigración logra suavizar la tendencia, con una presencia de gallegos retornados cada vez mayor.

En los primeros seis meses del año pasado llegaron a Galicia más de 11.000 personas desde el extranjero. Nunca hasta entonces, desde el inicio de la serie histórica en el 2008, hubo un flujo migratorio tan elevado en el primer semestre del año. Más de 2.860 personas eran de nacionalidad española, es decir, gallegos retornados en su gran mayoría. La proporción indica que uno de cada cuatro inmigrantes son de la comunidad, dejando el flujo más elevado del conjunto nacional. 

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