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La llegada a Pontevedra de venezolanos sin recursos pone al límite a las oenegés

En el comedor social se pasó de 3 o 4 comensales de Sudamérica a haber entre 25 y 30


pontevedra / la voz

Tras unos años durísimos por la crisis, que llevó a comedores sociales y a las puertas de las entidades benéficas a muchas personas que hasta la recesión eran de clase media, las oenegé de Pontevedra creían que lo peor ya había pasado. Y que ahora el principal caballo de batalla sería la pobreza crónica, es decir, atender a los pobres que ya lo eran antes de la crisis y que continúan en riesgo de exclusión social. Pero desde hace unos meses se están topando con una necesidad añadida. Ayer, desde el Banco de Alimentos de Pontevedra, la asociación Boa Vida o el comedor social de San Francisco explicaban que están teniendo mucha más demanda de ayuda por el elevado número de personas sudamericanas sin recursos que están llegando a la Boa Vila. Llegan, por razones obvias, de Venezuela. Pero también de países limítrofes con la tierra de Simón Bolívar. Algunas entidades están ya al límite.

Comencemos por el Banco de Alimentos. Desde allí, José Luis Doval explica que afortunadamente este año han subido las donaciones pero que aún así la entidad va muy justa para poder entregar las 40 toneladas de comida correspondientes al mes de junio, cuando hace reparto doble para compensar el cierre de agosto. «A estas alturas deberíamos ir bien porque hubo donaciones pero es que aumentó la demanda por parte de las entidades a las que les damos alimentos. Y subió porque están llegando más personas de Sudamérica con muchas necesidades, que necesitan desde lo más básico, que es la comida».

Algo similar cuenta el padre Gonzalo, el responsable del comedor de San Francisco. «La verdad es que sí que estamos notando que vienen muchísimas más personas sudamericanas. Antes podíamos tener tres o cuatro y ahora mismo el número es ya de 25 o 30 personas procedentes de Sudamérica que vienen a comer. Principalmente, son venezolanos, lo cual es lógico por la situación que están viviendo en su tierra», indica el padre franciscano. Ayer mismo se sentaron a comer en San Francisco 122 personas. Es una cifra alta, pero que todavía suele serlo más conforme va avanzando el mes y se van terminando los ingresos. «Que vengan 122 personas es bastante pero a veces llegamos a las 140. También es cierto que en otras ocasiones bajamos... pero últimamente así están las cosas», insiste el padre Gonzalo.

El verano, la gran esperanza

Tanto las oenegés como muchas de las personas en riesgo de exclusión esperan con ansia el verano, cuando es más fácil que algunas acaben encontrando trabajo en sectores como la hostelería. Desde el comedor social animan a algunos usuarios recién llegados de otros países a acudir a las oenegé para que les expliquen las posibilidades que tienen para insertarse en el mercado.

Mientras tanto, mientras las necesidades sigan siendo muchas, las oenegés animan a donar, sobre todo alimentos. En el caso del banco se lo pone fácil a los pontevedreses. Los días 14 y 15 hará una recogida de comida en los supermercados Eroski en Pontevedra y Eroski y Familia de Marín. Se piden alimentos no perecederos y básicos para las familias, como leche, aceite o harina. El comedor social también admite todo tipo de donaciones.

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