«Tras seis años en Suiza voy a volver a mi tierra. Estoy ilusionado, por fin tengo trabajo allí»

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pontevedra / la voz

Álvaro fue una de esas personas a las que la crisis de la construcción le puso la vida patas arriba en plena juventud. Natural de Poio, había trabajado de carpintero y de pintor, su especialidad. Pero con la crisis del ladrillo se quedó a cero, sin trabajo y sin ilusión. Alguien le propuso probar suerte en Suiza y, aunque le costó dar el paso, finalmente hizo las maletas hacia la emigración. Le fue bien. Pero siempre quiso regresar a casa. Justo ahora está a punto de emprender el camino de vuelta. Así que habla desde un lugar cercano a Berna con la emoción metida en el cuerpo: «Tras seis años en Suiza voy a volver a mi tierra con la idea de quedarme. Estoy ilusionado, por fin tengo trabajo allí», señala Álvaro.

Llegó a Suiza con 27 años y cansado de que se le cerrasen puertas en su tierra. Allí encontró trabajo como pintor y con unas condiciones que define como «bastante buenas». Es cierto que puntualmente también se vio fuera del mercado suizo en algún momento. Pero enseguida remontó y ayer mismo hablaba con el mono de pintor puesto, desde la obra en la que trabajaba.

Dice que vino de vacaciones en Navidad y contactó con una empresa de Pontevedra, que le ofreció trabajo de lo suyo. Empezó entonces a pensar en volver. Y ya tiene tomada la decisión: «Espero estar ahí en primavera, estoy arreglando algunos papeles pendientes y a partir de ahí planificaré la vuelta», señala. 

«Yo de momento me quedo»

Opina lo contrario otro vecino y amigo suyo de Poio, de edad similar, que también se marchó a trabajar a Suiza. Él es escayolista. Y de momento no se atreve a tomar el camino de vuelta a Galicia. «No tengo muy claro que fuese a encontrar trabajo ahí y que, si lo hubiese, fuese con buenas condiciones. Aquí ahora mismo estoy de jefe de equipo, veo que progreso, así que de momento me quedo», cuenta desde Ginebra.

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maría hermida

Las empresas tienen dificultades para encontrar oficiales y peones, así como fontaneros, pintores y electricistas

Albañiles metidos a camareros, encofradores en talleres de empleo municipales, peones haciendo las maletas hacia la emigración u oficiales del andamio montando negocios o incluso haciendo fila en el comedor social de San Francisco y viviendo bajo un puente -esta última realidad la contó en este periódico un antiguo obrero y ahora indigente con cama en una caravana en Mollavao-. Esa fue la situación a la que se vieron abocados muchos trabajadores de la construcción cuando la burbuja inmobiliaria estalló y ya no se movía un solo ladrillo. «Casi todo el mundo huyó a otros sectores», decía ayer un oficial de albañilería que se recicló como transportista. ¿Cómo están las cosas ahora? Parece que el trabajo repunta en la construcción -en parte, como reconocen las propias compañías, porque en año electoral se hace mucha más obra pública- y, sin embargo, las empresas de la zona no encuentren oficiales, peones, pintores o fontaneros.

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