La oferta de empleos técnicos favorece el retorno de la emigración gallega de la crisis

La menor competitividad salarial de las empresas gallegas se compensa con más flexibilidad laboral


Redacción / La Voz

Aunque las grandes cifras invitan a matizar el optimismo -la tasa de paro sobrepasa aún el 12 % y hay casi 150.000 gallegos que siguen buscando, sin éxito, un puesto de trabajo-, el mercado laboral gallego encadena ya cinco años consecutivos de recuperación. Y el pronóstico de las empresas de colocación es que, pese a los tambores de la desaceleración económica, en este 2019 continuará la racha. Tan seguros están de que la recuperación no descarrilará que apuntan incluso los sectores que más mano de obra demandarán en los próximos meses.

Las industrias de la alimentación y la automoción serán, por su peso en la economía gallega, los grandes motores del empleo en la comunidad. Así lo apunta la consultora de recursos Randstad, una de las multinacionales del sector, que recuerda que el fuerte incremento de las exportaciones agroalimentarias en la región, que se han duplicado en apenas un lustro, ha provocado que las empresas busquen perfiles de comercio exterior, ADE, publicidad y márketing. Todo eso, con el inglés como requisito imprescindible para los candidatos.

Pero no será tan fácil dar con los profesionales adecuados. Y es que, remarca la firma, «uno de los mayores retos con los que se encontrarán las empresas gallegas en los próximos meses será la falta de perfiles especializados», destacando las dificultades que detectan para cubrir vacantes en puestos muy técnicos.

Una tendencia que corroboran en otras empresas del sector. Manuel Fidalgo, responsable de la delegación de Michael Page en Galicia, explica que los programadores y los ingenieros son los profesionales más buscados en la comunidad. Tanta es la demanda que, según explica, se está produciendo un retorno de trabajadores gallegos que emigraron en los años de la crisis: «En la mitad de los procesos de selección participan candidatos de aquí, o con arraigo en la comunidad, pero que ahora mismo están fuera». Una tendencia que confirma Eduardo Adán, director comercial de Nortempo, que explica que «se trata normalmente de gente que está en Madrid o Barcelona, trabajando en empresas punteras del sector TIC, que ahora ven cómo empresas gallegas de menor tamaño hacen una apuesta por incorporar a estos profesionales, que además de estar interesados en volver a casa tienen una gran experiencia y aportan valor añadido a estas compañías».

La automoción y la industria alimentaria son los grandes nichos de empleo en Galicia.

El mayor problema para captar de vuelta esos talentos está, principalmente, en la nómina. «Aunque aquí los sueldos son más bajos, las empresas suelen hacer un esfuerzo para ser competitivas en materia salarial», apunta Adán, mientras Fidalgo matiza que, ante las limitaciones en el apartado económico, los reclutadores gallegos se centran en ofrecer más flexibilidad laboral, tanto en horarios como en teletrabajo o ampliación del período estival de jornada reducida. «Condiciones que hace diez años eran ciencia ficción», resume.

Entre esos puestos de trabajo que las empresas gallegas tienen problemas para cubrir están los de programadores de Java o desarrolladores .Net. El problema, explica Gabriel Táuriz, del grupo Arestora, es que se trata de perfiles hiperespecializados: «No es como un director financiero, que puede trabajar en una conservera y luego cambiar de sector». 

Faltan relevos en los oficios

Para quien no esté formado en nuevas tecnologías, las consultoras de recursos humanos lanzan un mensaje de tranquilidad: también hay empleo fuera del campo de la informática. Desde Arestora señalan al sector de la geriatría y, en general, del cuidado de las personas mayores, que no hará sino crecer en Galicia por el envejecimiento de la población.

Después están la hostelería, donde siempre hay una alta rotación laboral, lo que mantiene la demanda de camareros y cocineros, y los oficios tradicionales, cada vez más difíciles de cubrir por la falta de relevo generacional. Una escasez de profesionales que, como explica Eduardo Adán, se nota en el naval vigués, que espera una gran carga de trabajo en los próximos meses, pero también en el agroalimentario, que ha sido un sector refugio durante la crisis, aunque ahora es complicado encontrar perfiles como los de mecánico de cierre o fileteador de atún. Tanto que, explica, muchas veces son las propias ETT las que dan cursos de formación para disponer de una bolsa estable de candidatos.

La informática es ya, tras la educación, el sector que más puestos de trabajo crea

No solo lo dicen las empresas de colocación, sino que lo reflejan ya las estadísticas oficiales: el sector de la programación y la informática se ha convertido en uno de los motores que mueven el mercado laboral gallego. La prueba, los 1.900 nuevos puestos de trabajo que se crearon en esa rama de actividad en el 2018, de acuerdo con los datos de afiliados a la Seguridad Social publicados por el Instituto Galego de Estatística. Solo la educación, que dio de alta a más de 4.800 nuevos cotizantes en la comunidad, generó más empleo.

Cifras que confirman que se está produciendo un cambio de tendencia, en el que sectores de más valor añadido, como el de las tecnologías de la información, y otros vinculados a la nueva economía digital, como el transporte y la logística (que generó más de 1.200 puestos de trabajo en la comunidad el año pasado), diversifican un mercado laboral que antes dependía en exceso de sectores como la construcción y la hostelería. Pero eso no quiere decir que estos pierdan peso: la edificación dio empleo a más de 800 personas, seis veces más que el año anterior, y bares y restaurantes incorporaron a más de mil nuevos trabajadores.

La estadística refleja también la crisis que sufre el comercio minorista, que se tradujo en la pérdida de más de 900 puestos en estos establecimientos en los últimos doce meses. Destaca también el tijeretazo al empleo en el sector público, que prescindió de 1.260 trabajadores el año pasado, aunque el recorte, en términos relativos, fue mayor en las empresas de telecomunicaciones, que redujeron un 18 % sus plantillas, prescindiendo de 700 asalariados.

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