Emigrantes retornados comparten su experiencia en el IES As Mariñas

Los estudiantes de 4.º de la ESO vivieron dos jornadas con los voluntarios


Durante la jornada, que se produjo dentro del marco del programa Fálame da emigración promovido por el Espazo + 60 de Afundación, los voluntarios charlaron con los alumnos para hacerles partícipes de sus años de vida en el extranjero. Alemania, Francia, Venezuela y Suiza fueron los destinos que acogieron a los protagonistas del proyecto durante la década de los 60 y 70. Historias de vida diferentes con el objetivo de que los jóvenes conozcan todas las caras de lo que conlleva la emigración, lo positivo y lo negativo.

En el caso de Elena, ella no vivió en primera persona la emigración, pero sí sus consecuencias. Sus recuerdos no son positivos, ya que con doce años tuvo que hacer frente a la marcha de su padre que se embarcó rumbo a Venezuela. Una circunstancia que provocó que Elena no tuviese contacto con él durante 44 años en los que el progenitor enviaba dinero a casa de forma regular.

Además, más tarde su madre también se vio obligada a marcharse, en este caso a Londres, para buscar trabajo y mejorar las condiciones familiares. Años más tarde los padres de Elena regresaron, pero ella ya había crecido. «La familia debería estar siempre unida y nosotros, como tantos otros, nos perdimos eso por la emigración», expone.

Por su parte, Pilar representa la otra cara de la moneda. Ella se marchó a Alemania porque «quería ganar dinero. Había oído historias de vecinos que se habían ido, les iba muy bien y quise probar», relata. Allí estuvo doce años. «Me casé y tuve a mis hijos. Fuimos muy felices», explica. Entre los motivos por los que volvió estaba «la crisis económica que sufrió el país». «Los españoles empezamos a ser mal vistos porque creían que les quitábamos el trabajo a los locales y me trasladaron a España», explica.

Pilar Roel, que vivió en Alemania, comenta con los estudiantes una fotografía de la emigración.

Alumnos llegados del extranjero narran sus vivencias

 

 

Uno de los objetivos que persigue el programa Fálame da emigración es crear una relación intergeneracional entre mayores y jóvenes. Por ello, dentro del proyecto se anima también a los estudiantes a compartir sus vivencias con los voluntarios del proyecto.

En el caso del encuentro mantenido en el IES As Mariñas varios estudiantes procedentes de países extranjeros narraron el cambio que supuso para ellos el cambiar de país. Por un lado, Franz Carro llegó a España desde Filipinas en donde vivía. «Estaba en una especie de centro de acogida hasta que me adoptó una familia española», relata. El joven confiesa que durante el viaje «lo pasé fatal porque no quería venir», pero que ahora «me gusta todo de aquí, estoy muy contento».

Junto a él está su compañera Jannet, de Bolivia. Para ella, abandonar su país también fue una experiencia dura. «Galicia me gusta mucho, pero extraño mi país», comenta. En su caso, primero se mudaron sus padres y una vez asentados y con trabajo se vinieron ella y su hermana. A pesar de manifestar que aquí es feliz, tiene claro que «cuando acabe el bachillerato quiero ir a estudiar a la universidad a mi país, mis padres están de acuerdo», expone.

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