Gallegos en Irlanda del Norte: «El 'brexit' ha elevado la tensión entre protestantes y católicos»

Puede haber algún conato violento, pero descartan una vuelta a los años de plomo

Cartel contra los controles fronterizos del «brexit», en el puerto de Larne
Cartel contra los controles fronterizos del «brexit», en el puerto de Larne

Londres /E. La Voz

Además de los retos administrativos, la preservación de la delicada paz en Irlanda del Norte era uno de los objetivos de las complejas negociaciones sobre el brexit que el Reino Unido y la Unión Europea. Sin embargo, a tres meses de la materialización del divorcio la meta parece no haberse cumplido y eso inquieta a la comunidad gallega en el Úlster. 

«La puesta en funcionamiento de los controles fronterizos entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido ha hecho subir la tensión entre las comunidades protestante y católica. No es como en los años 70, pero hay más tensión y así lo reflejan la aparición de pintadas en las calles y las llamadas ‘manifestaciones de poder' [concentraciones de militantes de grupos paramilitares unionistas]», afirma Ramón Muñoz, vecino de Ribeira (A Coruña) que lleva cinco años en la provincia británica.

Pese a que da por un hecho que a corto plazo podría producirse algún conato de violencia, sobre todo si Londres y Bruselas no hallan una solución a los problemas que la aplicación del Protocolo para Irlanda del Norte está provocando en el comercio, descartó que «sea algo muy grave».

El ferrolano Ángel Leira también palpa el descontento, pero no vislumbra un posible resurgir del conflicto. ¿La razón? «Los políticos, la ciudadanía y hasta las organizaciones paramilitares rechazan de plano la violencia. He conocido a gente cuyos familiares estuvieron bastante implicados en el conflicto y ahora reniegan absolutamente de aquellos años de plomo. Creo que la gente terminó muy cansada de lo que ocurrió, y después de tres décadas de tranquilidad, da la impresión de que hace falta mucho más que controles en el puerto de Larne para reavivar la violencia». 

Más que escasez, demoras

Leira, que estudia un doctorado en Sociología en la Queen's University Belfast, cree que las restricciones impuestas para frenar la pandemia del covid-19 están sirviendo, colateralmente, de muro de contención para evitar que los ánimos se desborden. «Vivo en una de las zonas protestantes de Belfast, en la que habitualmente hay desfiles de la Orden de Orange, y aunque en mi calle hay muchas pegatinas con el lema No Irish sea border, en realidad no se puede saber la magnitud del descontento porque estamos confinados y no hay protestas», apuntó. 

La madrileña Sara Martínez, que lleva dos años viviendo en Irlanda del Norte, también cree que la pandemia ha conseguido solapar la magnitud real del brexit. Y aunque aseguró no haber sentido ningún cambio drástico a partir del 1 de enero, cuando se materializó el divorcio, sí ha detectado otros menos perceptibles. «Conozco empresas que han cancelado contratos con trabajadores comunitarios y veo que se nos va cerrando el panorama profesional», explicó.

El papeleo frena el comercio con el Reino Unido, afirma el coruñés Ramón Muñoz 

Respecto la escasez de productos que la prensa vienen denunciando, Ramón Muñoz, que trabaja en una cadena de farmacias, aseveró que, más que desabastecimiento, lo que hay son demoras en la llegada de productos.

«Todo el papeleo y los nuevos controles están haciendo que los productos que vienen del resto del país tarden más en llegar. Por ejemplo, donde trabajo estamos importando medicamentos de España y la República de Irlanda, porque llegan más rápido que los producidos en el resto del Reino Unido», dice. El coruñés asevera que estos contratiempos han provocado que algunas empresas inglesas, escocesas y galesas dejen de comerciar con Irlanda del Norte. «El volumen de negocio no es tan grande como para compensar lo que tienen que gastar en trámites», explicó.

No parece previsible que estos problemas se superen a corto plazo. La decisión de Londres de modificar unilateralmente el Protocolo para Irlanda del Norte ha tensado las relaciones con los Veintisiete, quienes han optado por paralizar la ratificación del acuerdo posbrexit

«Michael Gove, no perdonamos, no olvidamos». Este mensaje amenazador contra el ministro responsable vigilar la aplicación del brexit apareció en una calle del sur de Belfast, una zona donde actúan grupos paramilitares protestantes. La pintada es una muestra más de la escalada de tensión sectaria provocada por del pacto posbrexit. 

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