Coruñesa entre Ourense y Londres

Dominga, residente de uno de los geriátricos más afectados por el convid-19 en Celanova, sobrevivió al virus a miles de kilómetros de su hijo, que pasó «un sinvivir» en Reino Unido


Dominga, de 84 años, vive en una residencia de la localidad ourensana de Celanova, pero es coruñesa. Me cuenta mi compañero Pablo Varela que, un día antes de iniciarse el estado de alarma, José Luis Souto, su hijo, tenía pensado viajar desde Londres a Galicia para verla. «Pero viendo cómo se estaba poniendo el panorama, lo cancelé. Y estaba tranquilo, porque al ser un pueblo pequeño, no pensé en lo que finalmente ocurrió», cuenta. Pero pasó. Y no solo eso, sino que el coronavirus apareció en el recinto para intentar llevarse, entre otros, a Dominga. No lo consiguió. «Tiene un problema en sus piernas. Y fue ella la que tomó la decisión de irse al geriátrico porque no quería condicionar a los demás», dice su hijo. Se marchó con un condicionante de que, al año, podría acercarse a otra residencia más próxima a su familia. Pero se enamoró de Celanova y su gente, así que ya no se quiso marchar. «Dijo que allí se encontraba bien. Todo el mundo se conoce y ella aprecia que siempre esté el mismo personal», explica. Cuando la San Carlos mandó un mensaje de socorro tras irrumpir el covid-19 en las instalaciones, Dominga fue una de las primeras usuarias que se trasladaron a Baños de Molgas. «Lo pasó estando completamente asintomática y ahora está perfecta, pero durante esos días, para mí se trató de un sinvivir. Fue muy duro, porque a sus 84 años y siendo diabética tenía muchas papeletas», detalla. Ya falta menos para que se puedan volver a ver.

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