El salón de casa convertido en la escuela del National Ballet

Samuel L. Legaspi, que estudia en el centro londinense de danza, ha regresado a Lugo por la pandemia y ahora sigue las clases a través de Internet

Samuel, durante un ensayo en el salón de su casa en Lugo
Samuel, durante un ensayo en el salón de su casa en Lugo

Lugo / La Voz

El hogar de la familia Legaspi, en Lugo, se ha quedado sin salón. Por obra y gracia del confinamiento, el espacio en el que antes se sucedían las charlas y los ratos de televisión ha transmutado en un aula de ballet en la que un galán de noche hace las veces de barra, mientras de fondo suenan música clásica o directrices en inglés.

Tras semejante cambio está Samuel, el benjamín de la familia, al que el coronavirus ha alterado los planes. El pasado mes de septiembre vio cumplido su deseo de empezar a formarse como bailarín clásico en el English National Ballet School, la escuela del segundo ballet más importante del Reino Unido. Se marchó a Londres a cursar segundo y allí lo pilló la pandemia.

En las aulas del edificio victoriano en que se asienta la escuela del English National Ballet hay alumnos llegados de todo el mundo. Cuando comenzó a hablarse del coronavirus al principio se lo tomaron a guasa, como casi todos, pero a medida que las cifras avanzaban, también crecía el recelo. «Os alumnos de primeiro e terceiro marcharon pronto, pero os de segundo, que estabamos preparando unha actuación para Semana Santa, estabamos emocionados e non queríamos irnos», cuenta Samuel desde su casa en Lugo, a la que llegó tras cierta odisea.

Samuel comenzó el pasado otoño sus estudios de ballet clásico en Londres
Samuel comenzó el pasado otoño sus estudios de ballet clásico en Londres

Cuando la cosa se complicó, la escuela londinense, siguiendo el ejemplo de otras, decidió cerrar sus puertas temporalmente y Samuel y los «catro gatos» que quedaban hicieron las maletas, aunque en su caso tuvo que aguardar más de una semana para coger un avión, después de que el primero se lo cancelaran.

De vuelta en el hogar, tras unos primeros días de incertidumbre, la escuela propuso a Samuel y al resto de alumnos intentar seguir el curso online. Y en esas están, a pesar de que el salón de casa no se construyó pensando en que el largo y esbelto Samuel acabaría dando saltos y haciendo alguna que otra pirueta sobre el parqué.

Os xoves, cun pianista en directo, ensaiamos todos xuntos a través de Internet»

«Apartamos os mobles e fixemos como un miniestudio na casa», cuenta el futuro bailarín, «a estratexia que nos marcaron dende a escola é dividirnos por grupos e seguir online as clases. O profesor mándanos os exercizos gravados dende a súa terraza, os luns e os martes preparámolos na casa, os mércores gravámonos executándoos para que nos corrixan, e os xoves, cun pianista en directo, ensaiamos todos xuntos a través de Internet», relata.

Sin duda, la imagen no es la habitual. Un profesor británico en su casa, el pianista en la suya y un buen puñado de alumnos desperdigados por todo el planeta, desde Japón a México pasando por Australia, ensayando al mismo tiempo a través de la pantalla de un ordenador.

«Tentamos tamén preparar unha coreografía, pero foi un pouco chasco, así que sobre todo traballamos exercizos estáticos. Porque tamén temos o problema de que non temos espazo suficiente para facer exercizos de centro. O que máis facemos é barra, que no meu caso é un galán», relata. El espacio es el que es, y confiesa entre risas que «algunha patada a algún moble xa caeu».

Samuel, feliz por estar viviendo su sueño en la capital británica, reconoce que la pandemia ha truncado un curso que estaba disfrutando, pero le pone buena cara y defiende que así también tendrá la oportunidad de mejorar. «Na casa, ao estar só todo o tempo podes mellorar, podes insistir nas debilidades sen présa e prepararte a fondo para dalo todo ao volver».

Porque el lucense regresó a casa con una buena noticia. «Xa fixeramos os exames finais e teño praza para o próximo curso!». Para entonces confía en que la pandemia esté superada y pueda volver a cambiar el salón de casa por las amplias salas del English National Ballet School.

Samuel busca mecenas para ir al National Ballet

lorena garcía calvo

El lucense ha sido admitido para formarse en la compañía, pero el coste de la matrícula amenaza su sueño

Es de noche en un día entre semana. La familia López Legaspi se encuentra en el salón viendo la tele y Carmela, la madre, recibe un correo electrónico en su móvil. «Dear Samuel,...», reza el encabezado. La tensión se dispara. El remitente es el English National Ballet de Londres, la segunda compañía de danza más importante del Reino Unido, y cuya directora es la reputada Tamara Rojo. Los nervios afloran. Samuel, cuyo futuro está en juego, ejerce de traductor: «¡Que si, que teño praza!», grita con júbilo. Acaban de admitirlo en una de las escuelas de ballet más prestigiosas del mundo. Su sueño de ser bailarín profesional da un paso de gigante. Aunque en el camino siempre hay obstáculos.

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