El arte en Reino Unido tiene acento gallego

Triunfan, disfrutan y son legión en Londres, el epicentro mundial de la creación. Eso sí, a todas estas artistas les gustaría trabajar más en casa


Redacción / La Voz

«En Galicia tiras una piedra y te sale un artista». Esa frase, que le dijo un irlandés, ha quedado tatuada en la mente de Carla Andrade. Nacida en Nigrán en 1983, lleva solo año y medio en Londres, pero ya se siente parte la comunidad. Esa comunidad formada por los profesionales del arte. Después de haber vivido en Bélgica, París, Nepal o Chile, el brexit no fue un impedimento para ella. «Pude aprovechar un préstamo que da el Gobierno para estudiar en Reino Unido que va a dejar de existir». Ella es uno de esos talentos gallegos que se abre camino en Londres, el epicentro mundial del arte contemporáneo. «No lo veo como algo definitivo, sino como un lugar de aprendizaje, de enriquecimiento. Hace diez años todo pasaba en Nueva York. Hoy en día, este es el lugar», comenta.

Carla es artista visual y, tras estudiar un máster en Goldsmiths, trabaja en un museo y da clases de arte a nivel particular. Quería «encontrar» el equilibrio antes de lanzarse a producir lejos de España. «Aquí el arte se entiende como algo valioso. Se toma en serio al artista. Todo es espectacular, sobre todo a nivel underground. Poder vivir esto es un chute de energía», dice esta gallega que se expresa a través de instalaciones y que no ha parado desde el 2011. «Crecí en una familia al margen del mundo del arte y no había tenido gran contacto. Sí que iba sola a las exposiciones y tuve siempre un interés muy fuerte en la estética y la expresión visual. Mi padre me regaló una antigua Polaroid y empecé a hacer fotos por placer. Ser artista fue espontáneo. No me siento fotógrafa ni cineasta, pero sí trabajo con ambas cámaras. A través de las instalaciones, con vídeos y fotos, el tamaño, el lugar y el orden, me expreso». El paisaje es su hilo conductor y Galicia sigue en su espíritu. «El paisaje fue la razón de empezar mi trabajo fotográfico. Cuando vivía en Madrid echaba mucho de menos el paisaje. Siempre he tenido un apego muy grande a la naturaleza y aborrecido las ciudades. Así atrapaba mis sentimientos de libertad, era la forma de salir de la realidad artificial y obligatoria en la que vivimos». Un ansia que le hace elegir los escenarios de forma intuitiva. «Es la búsqueda de una voz propia. He tratado de crear mi mirada, mi propia voz, saliendo de ese modelo a seguir que determina qué está bien o mal. Para mí es importante crear otro lenguaje que difiera del discurso patriarcal establecido».

«El paisaje fue la razón de empezar mi trabajo fotográfico»

Carla se expresa de forma humilde y se siente incapaz de determinar si alguna de sus obras ha marcado un antes y un después en su carrera porque «funciona como una cadena que va evolucionando».

Imagen de «Marruecos», de Carla Andrade
Imagen de «Marruecos», de Carla Andrade

«La primera obra que me hizo trabajar como artista fue Biocentrismo del Sueño. O incluso Marruecos, una serie de fotos humildes, que tiene muchas connotaciones emocionales para mí porque parte de mi familia tiene orígenes marroquíes. Todo aquello me hizo decir: quiero dedicarme solamente a esto». Lo dice mientras piensa en la estabilidad que le permite vivir tranquila en Londres y en su actual trabajo en un cortometraje que sale de una instalación. «Estoy buscando financiación y colaboraciones», comenta.

Imagen de «Biocentrismo de sueño», de Carla Andrade
Imagen de «Biocentrismo de sueño», de Carla Andrade

Sobre las tablas

Mientras Carla busca su camino, Ana Inés Jabares-Pita trabaja por seguir en la brecha. Esta coruñesa del 87, es una de las escenógrafas más aclamadas. Sus estudios de Bellas Artes y Música, además de haber formado parte del coro de la Sinfónica de Galicia trazaron su camino de forma invisible. «Lo que más me apasiona es no tener que elegir entre disciplinas». «No tenía ni idea de que la escenografía era una opción laboral hasta que me fui a hacer un Erasmus a Italia. Tenía que convalidar asignaturas y lo hice con dibujo técnico para teatros». Desde ese momento, Ana Inés se ha metido de lleno en todo tipo de escenarios, en la magia que rodea al teatro o a la ópera, incluso su vestuario. Ella les da vida y forma desde el 2011 cuando recaló en Londres también para estudiar un máster. «Me presenté a un concurso de escenografía junto a otras 500 personas. Era una forma de validarme. No me lo esperaba, pero gané y pensé: 'voy a poder vivir de mi trabajo artístico'». Ese premio era el prestigioso Linbury Prize y desde entonces no ha parado. «Para mí el momento de más nervios no se genera cuando se va a abrir el show, sino cuando tengo que presentar la escenografía y el vestuario delante del resto del equipo. Todo el mundo tiene preguntas. Es como hacer un examen: tengo que conocer los materiales, cómo van a funcionar o cuánto van a costar. Una vez que se pone todo en marcha, es muy emocionante. Es comunicar algo que piensas durante meses».

Imagen de «Idomeneus», con escenografía de Ana Inés Jabares-Pita
Imagen de «Idomeneus», con escenografía de Ana Inés Jabares-Pita

Antes de lanzarse a un proyecto tiene claro que necesita conexión con aquellos con los que va a trabajar. «A una de las primeras directoras con las que trabajé no la conocía y la llevé al museo de ciencias, a la zona en la que juegan los niños. Era una forma de conectar de forma más cercana. Lo varío con cada persona: en otro proyecto, me enviaron el guion y mi respuesta fue una lista de canciones. A partir de eso me dieron el trabajo», relata.

A día de hoy trabaja en Edimburgo en una versión de Orgullo y Prejuicio y prepara un proyecto con la English National Opera. «Cada proyecto te ofrece algo diferente. Idomeneus, que fue de los primeros que hice, Lela & co...».

Entre sus metas está España, pero no se pone límites porque ha decido que es mejor variarlas cada año. «Me encantaría trabajar con Tamara Rojo, que además está aquí en Londres. También con La Fura del Baus, en el Teatro Real, diseñar una escenografía para Lady Gaga, una exposición en el V&A y exponer en la Tate Modern», dice riendo. Lo peleará por ahora lejos de casa. «En España no hay tanto apoyo ni tanta financiación. Siento que aquí hay más trabajo y opciones. España tiene mucha historia de teatro, pero aquí llevan más años desarrollando los distintos trabajos dentro de este mundo. Con el brexit no he tenido problema. Cuando se votó sí me preocupaba, pero ahora llevamos tantos años de incertidumbre, que me dejo llevar. Si pudiese pasar la mitad del año trabajando en España y la otra mitad aquí, los pasaba encantada, pero la verdad es que es complicado».

La plataforma

Entre un lado y otro del Canal de La Mancha ha armonizado su vida Carolina Núñez. Esta coruñesa de 1973 es empresaria en ambos países, con lo que eso supone con el brexit en marcha. Hija de un artista y una escritora, se fue a Londres en el 2001 y disfrutó de la «ciudad de las oportunidades» trabajando en una multinacional del diseño. Y eso que su propio proyecto aún estaba por llegar. «En el 2012 me di cuenta de que hacía falta un medio que hablase de los artistas españoles, que les diese dignidad. Hay mucha oferta y es difícil como español salir en un medio». Así nació Brit Es Magazine, la referencia editorial para el mundo del arte. «Empezamos a través de las redes sociales, después con una agenda de eventos y, al poco tiempo, artistas que no conocíamos nos empezaban a mandar mensajes». Y no solo eso. Por Brit Es Magazine se interesaron al embajada española en Londres o el Instituto Cervantes. Pasados los años, siguen apostando por lo más importante: la calidad.

«Nos preguntan si es una revista de gallegos porque hay muchos haciendo cosas interesantes. Además, se apoyan mucho entre ellos. Los gallegos somos emigrantes por historia y eso te ayuda a sobrevivir». Tanto que en torno a Brit Es se ha creado una familia: «Si la revista no existiese, muchos artistas estarían solos. Son emigrantes, la lengua les frena, el mercado es diferente y el público también. Los que vienen aquí tienen algo en común: la valentía. Desde luego no lo tienen fácil, pero es cierto que puede que haya más oportunidades. Aún así, tienen que trabajárselas. Nadie les regala nada», comenta a la vez que reivindica visibilidad: «En Galicia les falta reconocimiento, pero estamos trabajando en ello». Lo que ahora teme es el efecto brexit: «Muchos están regresando. Dicen: 'si no me quieren aquí, me voy'. Es una profesión que les hace vulnerables. Un artista puede estar seis meses creando sin venta alguna. También van y vienen, otros tiene el estudio grande en Galicia... La verdad es que es un trabajo difícil de demostrar con papeles», explica.

«Muchos están regresando. Dicen: 'si no me quieren aquí, me voy'. Es una profesión que les hace vulnerables»

A ella misma y a su familia les ha afectado y piensa que le afectará. Carolina tiene dos empresas: una en Londres y otra en A Coruña. «Si me pongo en el peor escenario, tendría que escoger. No tendría sentido tener una empresa en España para vender alguna revista».

En el mundo

Para Isabel Castro Jung esa separación de Reino Unido de la Unión Europea le despierta contradicciones. Ella es tan germana como gallega. Su padre, de Santa Comba, emigró a Alemania y allí conoció a su madre. «Tengo una conexión muy fuerte con Galicia: los olores, ir a casa de mi abuela, me siento muy conectada con la tierra, pero vengo de dos culturas. Eso ha sido una constante en mi vida. Por ejemplo, mi padre nos cantaba nanas en gallego, pero nos hablaban tanto en castellano como en alemán». Ella llegó a Londres hace siete años y desde ese momento se siente respetada. «He hecho cosas que no pude hacer en España. Cuando llegué era todo excitante, pero es cierto que intimida. Aquí hay respeto al arte, pero también me di cuenta que un artista tiene que hacerse con su lugar. Es cierto que me siento respetada. Lo nuestro es considerado una carrera profesional». Tras ese trabajo, su nombre no genera dudas. Isabel es escultora y hace performance. En su obra, los trajes son clave, pero no se considera diseñadora. «Siempre he enfocado las ideas desde el punto de vista de artista visual. Siempre me ha gustado mezclar: me guío por ideas, conceptos, por lo que quiero transmitir. La definición de escultora va más conmigo porque soy muy de materiales, trabajo en tres dimensiones, jugar con la escultura. ¡Me lo paso tan bien!». Es una referente y sus proyectos también lo son. Ahora mismo con The Penelope Project busca cuestionar la existencia y la desigualdad entre géneros.

«La definición de escultora va más conmigo porque soy muy de materiales, trabajo en tres dimensiones, jugar con la escultura. ¡Me lo paso tan bien!»

«Lo comparto con una artista inglesa, Helen David. Es participativo, una instalación con objetos, fotografía y vídeo. Está en pleno desarrollo. Lo que me parece diferente es que la gente puede participar. Nació de la urgencia de decir: '¿cómo es posible que todavía haya discriminación y desigualdad?, ¿cómo podemos hacer visibles a mujeres maravillosas?», explica

En la otra obra que tiene en marcha, 8x8 Alrededor del mundo, reflexiona sobre las fronteras, la identidad o las nacionalidades. «Vivimos en un mundo loco. No puedo concebir la exclusión o las hostilidades. Necesito crear una utopía contra esto». Un trabajo basado en una anécdota de su padre. «Esa idea de que te vas a un edificio, consulado o embajada, y es otro país... me parece absurdo y gracioso. Ideé esta performance en la que viajo alrededor del mundo sin salir de Londres, visitando consulados. Todo esto me lleva a profundizar en la libertad de movimientos, la identidad o las nacionalidades». Una idea artística que impacta directamente con la realidad que se vive en Reino Unido con el brexit. «No sé si me va a afectar tanto como artista o como persona. Nunca me había imaginado que los británicos iban a votar brexit. Fue triste, me dediqué a negarlo. Lo más curioso es que nos han dejado a todos fuera, a todas las personas que vivimos aquí, que somos una gran comunidad».

Arte «plástica»

La compostelana María José Arceo puede decir que lleva más tiempo en Reino Unido que en España. Llegó a Londres en 1984, con solo 20 años, con el objetivo de estudiar inglés. «No tenía claro que quisiese dedicarme al arte. Yo dibujaba desde adolescente, pero como una forma de darle una salida a mi energía». María José también en un referente en el mundo del arte contemporáneo. Ella busca las huellas que dejó la humanidad en el agua y el medio ambiente. «Cuando era niña tenía dos obsesiones: quería ser arqueóloga y oceanógrafa. Mi trabajo refleja ambos intereses». Uno de los más conocidos tiene como escenario el Támesis. Bajo el barro ha encontrado clavos, cadenas o zapatos. «Me di cuenta de que, al bajar la marea, empecé a encontrarme cerámicas y todo tipo de materiales. Empecé a interesarme en las suelas de los zapatos. Una vez un arqueólogo me dijo que tenía suelas de unos 600 años, incluso de más. Entonces me cuestioné una cosa: si el cuero dura tanto, ¿qué va a pasar con la goma y el plástico de hoy en día?. En el caso de los plásticos, al principio los recogía porque me daban asco. Lo acumulaba y lo tiraba. Como me llamaron la atención, empecé a llevarlo a casa y vi que se hacían montañas. Tenía que hacer algo para visibilizarlo». Sus obras son conceptuales. «Hay gente que hace figuras. Yo lo represento de forma minimalista». En Neocide creó un muro de metacrilato de plástico. «La gente me preguntaba cuánto tiempo me había llevado. Cuántas playas había limpiado. Vi que las personas querían cuantificar el problema. Se quedaban alucinados al saber que lo que veían era fruto de pocas limpiezas».

María José Arceo protagonizó el festival Totally Thames con Future Dust en el 2017
María José Arceo protagonizó el festival Totally Thames con Future Dust en el 2017

En el caso de Future Dust, fueron jaulas las que rellenó de ese material. «Es una obra de 12 metros por 4 y esas 34 jaulas rellenas de plástico. La expuse en el río y la gente me abrazaba y me daba las gracias. No se podían crecer las cantidades que una persona, con un coche pequeño y eléctrico, en 40 limpiezas, había llegado a recoger. Les dije: ¡esta obra está hecha con un tercio de ese plástico!». Una forma de trabajar que llama mucho la atención y la ha traído, entre a otros lugares, al festival coruñés Mar de Mares o crear instalaciones en la Cidade da Cultura.

Inauguración de «Plástico a mareas» el pasado mes de junio en la Cidade da Cultura
Inauguración de «Plástico a mareas» el pasado mes de junio en la Cidade da Cultura

«En los últimos años he hecho cosas en Galicia, pero no sé si se me conoce, la verdad. Creo que, en general, cada vez me estoy integrado más en el mundo del arte en España. Y yo encantado, claro. La verdad es que en algún momento he pensado en volver, pero aquí tengo muchos contactos. Future Dust me ha dado mucha visibilidad. Sería más bien un ir y venir. Quizás, cuando sea más famosa. Si tienes un nombre establecido, la gente viene a buscarte a ti», dice riendo.

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