«Comer en familia protege contra el ciberacoso»

La psiquiatra gallega María Martínez-Hervés  trabaja en una unidad para agudos de entre 13 y 18 años en The Beacon Center de Londres


redacción / la voz

La gallega María Martínez-Hervés es psiquiatra consultora del Niño y del Adolescente en The Beacon Centre, del Edgware Community Hospital de Barnet (Reino Unido). Seis años de experiencia en esta unidad le han enseñado que los casos de acoso on-line vienen casi siempre precedidos de acoso presencial en el colegio. La experta expuso su trabajo en las XIV Jornadas Científicas de la Fundación Alicia Koplowitz, que se celebraron en Madrid.

-¿La lacra del acoso es peor de lo que pensamos?

-El acoso tradicional existe desde el principio de los tiempos, pero durante los últimos cinco años hemos empezado a escuchar mucho más en los medios de comunicación sobre los riesgos asociados al uso de Internet y las tecnologías. Según varios estudios realizados en diferentes países europeos, España muestra con diferencia la menor tasa de menores víctimas de ciberacoso, a pesar de ser uno de los países en el que los menores tienen más acceso a Internet y perfiles en redes sociales.

-¿Cuál es la edad de más riesgo?

-Entre el 2010 y el 2015 la edad media de inicio de uso de Internet por los menores pasó de los 10 años a los 7 años. En nuestro estudio en Londres preguntamos a los adolescentes y los niños y nos dijeron que fueron víctimas de ciberacoso por primera vez alrededor de los 11 años (las niñas alrededor de los 12). Sin embargo la edad en la que habían sido víctimas por primera vez de acoso en el cole era menor para ambos géneros: 9 y 10 años, respectivamente. Se sabe que el riesgo de ser víctima de ciber acoso es mayor alrededor de los 14 o 15 años y a partir de ahí disminuye relativamente, manteniéndose elevado el riesgo durante el resto de la adolescencia en formas más indirectas (expandir rumores en la red, hacerse pasar por otra persona...). Hay que tener en cuenta que entre un 80 y un 90 % de las víctimas de ciberacoso son también víctimas del acoso tradicional.

-¿Cómo puede afectar a la salud física y psicológica de los menores?

-El impacto emocional del acoso, tanto on-line como tradicional, es importante, con un aumento significativo en la frecuencia de síntomas psicosomáticos (dolor abdominal crónico, cefaleas...), síntomas de ansiedad, depresión, baja autoestima, y de trauma. El impacto es mayor en aquellos que son víctimas tanto de ciberacoso como de acoso tradicional al mismo tiempo. Los menores pueden manifestar este malestar pidiendo ir al médico por dolores subjetivos, no queriendo ir al cole o dejando de ver a los amigos.

-¿Cree que los padres están dejando a sus hijos desprotegidos ante este tema?

-El uso de la tecnología y de Internet no solo aporta riesgos, si no también muchos beneficios que ayudan al aprendizaje del menor y a su desarrollo en una sociedad en la que a los nacidos en este milenio se les conoce como la Generación de la Red. Curiosamente, los menores que tienen menos acceso a Internet y, por tanto, están menos expuestos a los riesgos y oportunidades, suelen estar más afectados y preocupados cuando tienen una experiencia negativa on-line. La exposición a riesgos no implica necesariamente daño, si no que depende de las habilidades y del soporte familiar y social para poder aprender a gestionar dichos riesgos y desarrollar resiliencia.

-¿Cómo debemos protegerlos?

-Existen diferentes maneras que los padres tienen para proteger a los menores. De todas ellas, controlar y monitorizar son las menos recomendables, puesto que acaban afectando a la relación de confianza entre padres e hijos, y el menor acaba ocultando o no contando las cosas. Las formas de mediación que han mostrado mayores beneficios son las restricciones, como poner normas de tiempo de uso, dónde se usa, qué plataformas no utilizar... Y la comunicación activa con el menor sobre qué actividades realiza on-line y con qué riesgos puede encontrarse. Hay un par de estudios que incluso han visto la relación entre la frecuencia de comidas familiares y el impacto del ciberacoso en la víctimas. Las comidas resultaron ser muy protectoras puesto que facilitan la comunicación en la familia. También hay evidencia de que sentirse apoyados y entendidos por los profesores es un factor protector a la hora de desarrollar resiliencia.

-Hay una tendencia que dice que mejor nada de redes.

-El tiempo que los menores pasan on-line está directamente ligado al tiempo que pasan sus padres y a la disponibilidad de dispositivos en casa. Apoyar una corriente en la que el menor no aprenda las habilidades necesarias para el mundo actual sería privarle de grandes beneficios de cara al futuro.

«No mujer, tu hija no es negra. Es marroncita, color chocolate»

Doménico Chiappe / Rocío Mendoza

Multa pionera a la Administración por acoso racista a una niña en el colegio

 

Cuando crezca quiere ser profesora de educación especial. Ahora está en el Instituto. Tiene 13 años. Hace dos años sufrió acoso escolar en el colegio Cardenal Herrera Oria, de Madrid. Allí, entre 2016 y 2017, un grupo de niñas de su edad le dirigían miradas desafiantes, no le hablaban ni dejaban que le hablaran, la insultaba por el color de su piel, la convirtieron en alguien invisible. Varias frases se quedaron clavadas en su mente: hueles mal, cuatro ojos, inmigrante de mierda, nadie te quiere.

«Me empecé a dar cuenta por ciertos comportamientos que empezó a desarrollar, como insomnio, pesadillas, irritabilidad, no querer ir al colegio, ansiedad», cuenta Petra Ferreyra, la madre de C., que inició un proceso judicial que esta semana ha llegado a una sentencia pionera en España, en la que se ha condenado a la Comunidad de Madrid a una indemnización a la menor por un ineficaz manejo del problema. Por un «innegable daño moral», el juzgado en lo Contencioso Administrativo 34 de Madrid falló en favor de la niña contra la Consejería de Educación. «Ni la dirección del centro ni el profesorado indagó sobre lo que realmente estaba sucediendo, tratando de relativizar el problema a cosa de niños», dice la sentencia, que fija la indemnización en 7.500 euros, aunque no puede ser «cuantificada». Cuando su hija comenzó a referir sólo «algunas cosas» de lo que le sucedía en el colegio, Ferreyra acudió al centro educativo, habló con la directora. Recuerda una conversación de este tenor:

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