«He puesto a medio Culleredo a hacer teatro y, a la otra mitad, a verlo»

Drama y comedia salen a borbotones por los poros de su piel. Ella es feliz entre bambalinas


A Coruña / la voz

Todo empezó con un anuncio por palabras en este periódico: «Se buscan chavales para hacer un espectáculo de Broadway en Culleredo». Se presentaron casi cien chicos y con ellos hizo Susana Crespo (A Coruña, 1969) su primer show y creó la compañía El Ruiseñor. Corría el año 2006.

-¿Cuándo descubrió su pasión por el drama?

-Cuando vivía en Londres. Es que allí el teatro es obligatorio en la escuela. Mi primer musical fue a los nueve años.

-Sin embargo, cuando retornó a Galicia, estudió otra cosa.

-Estudié diseño de moda y corte y confección, que era otra de mis pasiones. Solté una cosa y me agarré fuertemente a la otra.

-Hasta que los dos caminos se volvieron a juntar.

-Tuve una tienda de ropa, Athicus, que era un miniteatro. Y los escaparates, mis escenarios. En ellos escenificaba pequeñas obras de teatro. Luego me llamaron para participar en unos desfiles de moda en el municipio y a mí se me ocurrió hacerlos creando una serie de historias con el vestuario. Los actores eran los chavales que tenía como clientes en la tienda.

-¿Puede ser que el nombre de la tienda esté conectado con el de la compañía de teatro?

-Así es. Es que soy muy sentimental para todo. Le puse Athicus por el inolvidable Atticus Finch de Matar a un ruiseñor. De niña estaba obsesionada con esa película. Y Gregory Peck me recordaba a mi padre, que era ebanista y por el que yo siempre sentí adoración. La «th» fue porque con doble t ya estaba cogido.

-Total, que tiene un éxito tremendo y se establece ya como El Ruiseñor. Desde entonces, ¿cuántos alumnos han pasado por la escuela?

-Actualmente son 450, pero en estos trece años han pasado muchísimos más por las clases de técnica teatral. Algunos siguen viniendo. Tienen 30 años, llevan conmigo desde el principio ¡y no se quieren ir! [Risas] Y eso que ya están trabajando. También hemos creado un grupo de adultos.

-La verdad es que ha puesto a medio Culleredo a hacer teatro.

-He puesto a medio Culleredo a hacer teatro y, a la otra mitad, a verlo, que eso es muy importante. Me sorprende que, vaya donde vaya, me preguntan cuándo estrenamos la siguiente obra. Tenemos un público muy fiel que se mueve allá donde vamos.

-Han representado a Shakespeare, recibido numerosos premios y parido actores de renombre. ¿Se imaginaba que llegaría tan lejos con todo esto?

-Nunca me imaginé que me dedicaría por completo a ello. Y, de hecho, me costó cerrar la tienda. Me iba muy bien.

-Pero no daba abasto.

-La tienda me apasionaba, pero no podía con todo a la vez. Era una cosa u otra. Además, empecé a dar clases en la Laboral y claro...

-Se preguntó a quién quiero más.

-Ese era el dilema. La moda o el teatro. La gente me decía: «Nadie deja un negocio que funciona».

-¿Haría el teatro una asignatura obligatoria en la escuela?

-Por supuesto. Piense en cómo forma el pensamiento teatral, la fuerza que da y los miedos que ayuda a superar.

-¿Qué se aprende sobre el escenario?

-A creer en ti, a tener la capacidad de decir algo en voz alta. ¿Cómo se defiende una persona que no sabe expresarse? Todo eso se aprende con el teatro.

La entrañable sonrisa de Susana Crespo tiene acento británico. Es fruto de su infancia en Londres, a donde emigraron sus padres cuando era un bebé de nueve meses. Para regresar a su A Coruña natal, a los 17 años, la tuvieron que traer casi a rastras, porque en Inglaterra había descubierto el amor de su vida: el teatro.

-A día de hoy, ¿ya se siente más gallega que inglesa o qué?

-Solo sé que, cuando llego a Londres, me huele a casa.

-Pero en O Burgo es feliz.

-Sí, aquí soy feliz con mi escuela de teatro. Venir todos los días a este lugar, en el Jardín Botánico de O Burgo, es un privilegio.

-¿Qué le da el teatro?

-Vida. La suerte de poder vivir en un cuento de hadas continuo.

-¿Algún gen dramático que declarar en la familia?

-Mi madre. Tenía una forma de hacerte creer las cosas... Era muy clown. ¡De casta le viene al galgo!

-La perdió hace poquito.

-Sí, esta noche he soñado con ella. Es como si la tuviera a mi lado. [Muestra sus ojos llorosos].

-¿Todos llevamos un actor de teatro dentro?

-Sí, yo creo que todo el mundo tiene la posibilidad de convertirse en actor de teatro. Piense que el director es el único que ve la jugada de frente y sabe cuáles son las necesidades de la obra. Pero también es él quien tiene que saber explotar la parte que más vale de cada alumno. Yo, a veces, escribo trajes a medida.

-¿Qué planes tiene para el futuro? ¿Seguir sumando ruiseñores?

-Seguir como estamos. No soy ambiciosa. Me han pedido diversas colaboraciones y no siempre digo que sí. Me gusta lo que hago y ya está.

-Hace las cosas porque le gustan.

-Me gusta enseñar y me gusta la parte creativa. Soy la primera que se ríe hasta en los ensayos. Sí, estoy viviendo mi sueño.

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