«Facer unha 'paparota' ou xogar ao fútbol non é a única forma de celebrar a cultura galega»

Los más jóvenes denuncian que el Centro Gallego de Londres no acoge sus iniciativas

Imagen de archivo de una fiesta en el centro
Imagen de archivo de una fiesta en el centro

Redacción / La Voz

Hace décadas era el gesto natural. Un emigrante gallego recién llegado a una gran capital, tenía una cita en su agenda: acudir al centro gallego de turno. Una tendencia que en diferentes puntos de la diáspora se ha modificado. Entre los motivos, la facilidad para comunicarse por la Red. Pero también, el hecho de que la emigración más joven o los hijos de gallegos ya no se sienten identificados con esos colectivos. «Mesmo agora é o natural. Achégaste ao centro, pero se roldas os 30 anos ya percibes que alí non hai nada para ti. Entras no pasado. Glorifican o de antes. Xa non hai xente nova». Quien lo dice es una gallega afincada en Londres. Esa fue su sensación al acercarse al centro gallego en la capital británica. Su opinión es compartida por muchos usuarios que intentaron integrarse en este colectivo y aseguran haberse sentido rechazados. No tanto por ellos mismos, sino por sus iniciativas.

«Achégaste ao centro, pero se roldas os 30 anos ya percibes que alí non hai nada para ti»

Es lo que le pasó a Troula, un grupo de familias galegofalantes en Londres que en el año 2015 puso en común una necesidad: darle a sus niños la posibilidad de jugar, aprender y socializar en gallego.«Puxémonos en contacto co centro galego para pedir axuda loxística e financeira para as actividades para nenos e familias e fomos totalmente ignorados», dicen. Y es que la agrupación no tiene, ni puede permitirse, un local por lo que pensaron que formar parte del centro sería perfecto. «Non houbo un rexeitamento activo, pero si unha falta absoluta de interese en integrarnos ao centro ou apoiar as nosas actividades culturais. O presidente mostrou un unha actitude pasivo agresiva ao non contestar as numerosas chamadas, mensaxes e correos electrónicos, malia a queixarse, paradóxicamente, de que as novas xeracións non teñen interese no centro», explican.

Nicolás Miño Suárez es el presidente del colectivo desde hace 25 años, la mitad de la historia del Centro Gallego de Londres. Confirma que desde Troula se pusieron en contacto con él, pero que sus intenciones no le convencieron. «Primero tienes que hacerte socio, no querer meterte ya en la directiva. Los que vengan, tendrán que adaptarse a la dinámica del centro. Nunca nos oponemos a nada. Eran muchas familias con muchos niños pequeños, pero querían que les dejásemos el sitio para hacer lo que querían», dice molesto, aunque reconociendo a la vez que no hay relevo generacional.

«Non cumpre ningunha función relevante de proxección e divulgación da cultura galega e tampouco fai un esforzo por acoller ás novas xeracións de emigrantes»

Troula niega que esa fuese su intención. Ellos accedían a hacerse socios con la condición de mantener a su profesora y decidir dónde serían las clases. Nunca recibieron una respuesta de la directiva a su propuesta. También ponen en tela de juicio la actividad actual de la entidad. «O Centro Galego de Londres é esencialmente un bar e un restaurante. Non cumpre ningunha función relevante de proxección e divulgación da cultura galega e tampouco fai un esforzo por acoller ás novas xeracións de emigrantes, que están a facer unha labor de activismo cultural sen recibir apoio público algún», explican.

El Centro Galego de Londres recibió 8.800 euros en el 2017 para, como explicita la administración gallega en el Diario Oficial de Galicia, «axudas para proxectos culturais, sociais, de accións formativas e proxectos promovidos pola xuventude». En el 2016 fueron 8.750 euros.

Nicolás Miño mantiene que sí se cumple con esta misión: «Tenemos un grupo de gaitas. También un grupo de baile. Muy reducido, eso sí, porque los chavales ya no se animan. Tenemos un equipo de fútbol -el Deportivo Galicia-, ciclismo y golf. Incluso jugamos al billar. La gente dice que esto no es cultura, pero yo creo que sí: el fútbol, por ejemplo, le está facilitando a mucha gente un foro de encuentro muy importante», asegura el presidente.

«Tenemos un grupo de gaitas. También un grupo de baile. Muy reducido, eso sí, porque los chavales ya no se animan»

Algo con lo que Troula no está de acuerdo. «Organizar unha paparota o Día de Galicia, xogar ao fútbol e facer queimadas nun restaurante, que é un negocio privado, non poden ser as únicas maneiras de celebrar a identidade e a cultura galegas. Debemos esixir que os cartos públicos sexan empregados con eficacia e transparencia en actividades e servizos de interese para todas as xeracións e a altura do século XXI», comenta este grupo de padres.

No son los únicos que lo piensan. «No se hace iniciativa cultural alguna», dice un hijo de gallegos nacido en Londres que pasó en el centro su infancia. No quiere identificarse por la relación que mantiene aún con la entidad. «Antes era otra cosa. La gente joven que se acerca al centro ya no está a gusto. Es un bar que está alquilado a dos personas que pagan la renta y allí entra cualquiera». Y es que el hecho de que el bar sea el protagonista de las instalaciones, no sienta precisamente bien a aquellos que apuestan por la promoción de la galleguidad. 

El coruñés Iago Muiños fue por última vez al centro en el 2016 y ya en ese momento percibió que la programación cultural es más bien deportiva. «É esa a cultura galega que queremos subvencionar? Na miña opinión, non. Para que me vou facer socio se funciona como un bar e ao bar podo ir simplemente coma cliente? Que sentido ten ser socio dun bar? Non hai nada cultural nin para nenos?», concluye.

«Para que me vou facer socio se funciona como un bar e ao bar podo ir simplemente coma cliente?»

Un centro en el que el bar le gana la partida al espacio de los socios

David Carril conoce la dinámica del centro. Natural de Camariñas, ha actuado, impartido clases de pandereta y baile en las instalaciones, pero con el permiso de los responsables del bar. «Conto coa súa axuda. Páganme polas actuacións e ás veces préstanme o local para dar clase. Teño boa relación cos xerentes do local e tamén coa directiva. Se o centro recibe cartos, ten que abrirlle as portas ás asociacións», comenta.

Nicolás Miño cree que el alquiler del bar es necesario. «Tener un edificio aquí es carísimo. El fin de semana hay jóvenes en el bar. Además, tenemos un espacio para club social». Confirma también que en ese espacio hay una biblioteca. Eso sí, sin uso. «Se pusieron los libros, pero nadie vino a leer». Otros gallegos aseguran que nadie la gestiona y que los libros solo cogen polvo.

En dos años, el 2016 y el 2017, este centro recibió unos 10.000 euros para gastos de funcionamiento. Iago Muiños se pregunta en su blog cómo un centro con un espacio pequeño para los socios necesita ese dinero para gastos. El presidente niega que con esa cantidad se paguen las facturas del bar.

La Xunta ha destinado en el 2018 algo más de un millón de euros en subvenciones a los centros en el exterior. Ayudas que deben justificar previamente. En el caso de la capital británica, un grupo de Facebook llamado Galegos Morriñentos en Londres funciona como referencia para la emigración. Es la única red social en el mundo con Rexistro de Galeguidade. Son más de 2.800 usuarios, aunque no todos residen en Inglaterra. Otros, como Rega-UK o Caramiña son también punto de encuentro cultural.

Batalla en el Centro Gallego de Montreal: «Aquí solo se programa flamenco»

Gladys Vázquez
Imagen de la entrada del Centro Galego de Montreal que figura en la petición de Change.org
Imagen de la entrada del Centro Galego de Montreal que figura en la petición de Change.org

Un grupo de exsocios asegura sentise «turista» en el edificio. Dicen haber sufrido represalias cuando intentaron poner en marcha iniciativas relacionadas con la tierra. Desde la directiva niegan las acusaciones

A más de 6.000 kilómetros de Galicia se ha desatado una auténtica lucha por la galleguidad. En el Centro Gallego de Montreal mantienen un enfrentamiento entre socios y exsocios que ha traspasado las fronteras canadienses gracias a una denuncia en la plataforma Change.org.

La ourensana María José Fernández, que lleva más de 30 años en Montreal, es la impulsora. Asegura que este centro gallego es cualquier cosa menos gallego. Ella fue incluso secretaria del colectivo y denucia que ni los gallegos en Montreal ni los recién llegados tienen un espacio «para ayudas o actos sociales». Mantiene que el centro está manipulado por la actual directiva.

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