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Pilar Osorio, de A Pontenova, una de las primeras enfermeras de España en 1912


A la entrada del cementerio de Taramundi (Asturias) una placa de 1915 dice así: “Caminante que pasas distraído/ fija tu vista en esta morada/ y aprende, si no lo has sabido,/ que es lo mismo ser todo… que ser nada./ Aquí terminan vanidad y vanos gustos/ mezquindad y egoísmos/ envidias y pleitos…/ y comienza la gloria de los justos”.

Puede que sí. Habrá quien crea que allí, de puertas adentro, comienza la gloria de los justos. Pero, de puertas afuera, es obvio que no para todos. Al menos no se inició para Pilar Osorio Carballosa, de Vilameá (A Pontenova), una de las cinco primeras enfermeras españolas que fue enviada a Londres en 1912 para aprender el oficio y que formó parte del inicial Cuerpo de Enfermeras de España creado en 1915 a instancias de la Reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII.

Pilar reposa allí, en ese camposanto, en una humilde tumba bajo tierra. Se diría, parodiando a Cernuda, que reposa donde habita el olvido, que solo es memoria de una piedra sepultada entre ortigas. De momento, ni comisionados, ni políticos ni funcionarios llegaron hasta su sepulcro ni se preocuparon en recuperar su figura. La figura de una mujer luchadora, culta, desdichada y pionera, que abrió puertas y recorrió caminos antes vedados para su género. Como si este país, Galicia, estuviera tan sobrado de mujeres así…

De su existencia, me habló un día Fran Bouso, el escritor de Mondoñedo. Pero fue el número 61, de junio de 1912, de la revista El Agricultor -el órgano de la sociedad de labradores y agricultores de Riotorto y de la Unión Agrícola y Pecuaria de Vilaodrid y Vilameá- el que me puso en la senda de conocer su vida y su obra. El citado ejemplar, en una noticia titulada “El Cuerpo de Enfermeras”, dice así: “Pensionada por el Ministerio de Fomento, mediante propuesta en la cual ocupaba el primer lugar, ha salido para Londres, con objeto de practicar como enfermera en los hospitales de la gran ciudad, la ilustrada señorita María del Pilar Osorio Carballosa. Irá al frente de otras cuatro señoritas, igualmente pensionadas al mismo efecto. Va a darse, pues, el primer paso para organizar en España un competente Cuerpo de Enfermeras.” La información de la revista que dirigía Elías Santomé concluye de este modo: “La señorita Osorio tiene 19 años y es gallega, del confinante distrito de Vilameá. Su triunfo denota el grado de cultura que ha alcanzado, pese a sus pocos años, y honra a las mujeres de nuestra tierra. La felicitamos, como a su tío don Luciano Carballosa, nuestro querido amigo”.

Pensionadas en Londres 18 meses a iniciativa de la reina Victoria Eugenia

Los servicios de asistencia sanitaria eran muy deficientes en España a principios del siglo XX y dependían de instituciones benéficas y religiosas. Por eso, con ocasión de la 1ª Guerra Mundial, la reina Victoria Eugenia, que era inglesa y enfermera, fundó, a través de Cruz Roja, un Cuerpo de Enfermeras similar a los existentes en Europa. E impulsó la Real Orden de 1915 para profesionalizar la labor de enfermería y construir el Hospital Central de la Cruz Roja, sede de la primera Escuela. Por entonces, el Estado enviaba al extranjero, pensionados, pequeños grupos de obreros, ingenieros y técnicos para que se formasen y aplicasen sus conocimientos en fábricas y talleres españoles. Para seleccionarlos, se creó una Junta Central de Pensionados que formaban, entre otros, Gumersindo de Azcárate, Dato, Ramón y Cajal y representes de obreros y universidades.

En 1912, por un Real Decreto de 19 de abril se convocó, por primera vez, un concurso para conceder 5 pensiones de 18 meses de duración en Inglaterra a mujeres dedicadas a la asistencia de enfermos en hospitales y clínicas. Las pagas eran de 180 francos mensuales y corrían a cargo del Estado el viaje y las matrículas en escuelas. Se exigía saber inglés y francés, tener entre 18 y 30 años y ser solteras o viudas sin hijos. Fueron elegidas Pilar Osorio Carballosa, de Vilameá (A Pontenova), Saturnina Herreros, de Almansa (Albacete), Amparo Torres, Ana Pérez Trillo y Herodiana Escobedo, hija de los Marqueses del Salar, de Granada. Salieron de Madrid el 6 de junio de 1912 e ingresaron en el London Hospital. Fue una experiencia singular y única que no se repitió pues las pensiones en el extranjero siguieron pivotando sobre obreros e ingenieros. Pero las cinco mujeres citadas, a su regreso, fueron las pioneras de la asistencia sanitaria en España y desarrollaron, como enfermeras, largas y fructíferas carreras profesionales.

martinfvizoso@gmail.com

Su tío y mentor organizó en Vigo colonias para niños pobres

La enfermera de Vilameá se educó en Vigo con su tío Luciano Carballosa Lodos, que era maestro y uno de los organizadores, en 1904, de la Colonia Escolar de Verano que llevó a veinte niños pobres de la ciudad olívica a Carballiño (Ourense). La iniciativa, según Jorge Lamas, había partido de un grupo de jóvenes educadores vinculados a la revista La Escuela Moderna ?Fernando Conde, Fernando García Arenal, Ramón Gil y Carballosa- y dos de ellos, Gil y Carballosa, acompañaron y atendieron a los niños.

Bajo la orientación de su tío, Pilar Osorio estudió francés e inglés, lo que fue determinante para obtener su beca para Londres. Una beca que le fue concedida, por cierto, siendo Ministro de Fomento Rafael Gasset, hijo del también político Eduardo Gasset (concejal de Madrid, Ministro de Ultramar), gallego de Pontecesures (Pontevedra) y abuelo del filósofo José Ortega y Gasset.

Se casó con Enrique Marín, un famoso escultor malagueño

Pilar Osorio trabajaba como enfermera en el Hospital de La Pedrosa, en Santander, cuando conoció a Enrique Marín Higuero, famoso escultor malagueño formado en la Escuela de San Fernando y pensionado en Roma y París. Él labraba allí en 1918 el grupo escultórico “Homenaje al doctor Salazar”, inaugurado por la Reina de España. Estaba casado con Juana Gasset pero se separó de ella para contraer nupcias con la joven enfermera de Vilameá que entonces tenía 25 años.

El matrimonio de Pilar y Enrique se asentó en Vallecas (Madrid) y tuvo dos hijos, Francisco y Enrique, que murieron en la Guerra Civil. Tras esta, él, que era profesor en la citada escuela, convivió con otra mujer, Dora Martínez, que, según el biógrafo del escultor, Juan José García, era alumna suya. El escultor murió en 1954 y fue enterrado en La Almudena. Su esposa Pilar, de la que no llegó a separarse, falleció años después y descansa en Taramundi (Asturias).

Enrique Martín fue autor de obras tan relevantes como el Monumento a las Repúblicas Americanas, de la Plaza de Salamanca en Madrid; La Esfinge, en Ronda (Málaga); o, entre otras, un grupo de figuras femeninas que representan a los cinco continentes con el dios Hermes en la fachada del Banco Pastor de Vigo.

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