«En Nova Zelanda, o de estar illados favorece o control do coronavirus»

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OCEANÍA

Oriundo del barrio de A Ponte, Pablo Guitián vive en Oceanía desde el año 2015

24 may 2021 . Actualizado a las 12:14 h.

Al otro lado del mundo, a casi 20.000 kilómetros de su casa, vive Pablo Guitián, un ourensano de A Ponte que en el año 2015 se marchó a Nueva Zelanda con su pareja, Beatriz Reboredo, después de que ella recibiese una oferta de la Universidad de Auckland para realizar un doctorado en Física. «Foi unha combinación de varios factores, pero ó final, de forma conxunta, optamos por vir», dice Pablo.

Llevan ya seis años en la Isla Norte del archipiélago, donde también está ubicada la capital del país, Wellington. Auckland, casi en el sector más septentrional y con más de un millón de habitantes, está a las puertas de maravillas naturales como el parque regional de Waitakere. «É a cidade máis grande da nación. E durante a pandemia, foi blindada para entradas e saídas por un par de casos de transmisión comunitaria. E serían tres veces se contamos a corentena do inicio, no mes de marzo de hai un ano», apunta Guitián, formado como fisioterapeuta.

Desde que el covid-19 hizo acto de presencia a escala global, en Nueva Zelanda se apostó por una estrategia basada en un estricto cierre de fronteras, comunicación clara y transparente de sus dirigentes y mucho énfasis en la trazabilidad del virus entre la población. «As comparacións con outros países poden ser algo inxustas porque o feito de estar xeográficamente illados e con núcleos de poboación relativamente separados son factores que favorecen o control do virus», razona el ourensano, ya con la pauta completa de la vacuna, al igual que Beatriz. A mediados de marzo, después de aproximadamente un año de cierre, se abrieron las conexiones con el mar de Tasmania, lo que significó la reapertura del turismo con Australia. Con varias condiciones, eso sí. «Esperamos que todo saia ben e sexa o primeiro dos pasos que nos permita poder voltar a casa para visitar ós nosos», comenta Guitián. Hace ya dos años que no la disfruta. «O primeiro que botamos de menos é a familia, ós amigos e un paseo polo barrio da Ponte. E algo de troula. Bueno, bastante troula...», dice.

En Nueva Zelanda, un país muy dependiente del comercio internacional y donde el turismo está en expansión, su debe, en cierta manera, sigue estando en casa. «Menos dun 5 % da poboación pode manter unha conversa na lingua maorí ou a ten como habitual», dice Guitián. En las escuelas, su enseñanza no está regulada, pero el idioma forma parte indispensable de la cultura del país. «Os maoríes son un pobo onde o común prima sempre sobre o individual. Teñen un forte sentido de garda e protección da natureza, e fortes lazos cos seus antepasados», agrega este ourensano.

Semanas atrás, y como parte del comienzo de un proyecto en el que su empresa colabora con el Instituto Nacional de Investigación, Beatriz se juntó con varios integrantes del programa y, siguiendo al líder de desarrollo maorí del mismo, acudieron a un powhiri, una ceremonia de bienvenida donde cada uno hizo sus presentaciones -también denominadas mihimihis- al resto del grupo. Y además, realizaron los tradicionales saludos de nariz con los guardianes de la tierra donde se iniciaba el proyecto en su marae -el lugar de reunión para las distintas comunidades-. «Existe esta responsabilidade dos que fan ciencia, neste caso, de manter ás comunidades máis expostas e vulnerables activamente incluídas dalgún modo nos proxectos que afectan á terra, ó clima, ós campos...», comenta Guitián.