De Galicia a Nueva Zelanda a la búsqueda de la mejor herramienta de traducción

Una investigadora de A Coruña valida en el país oceánico el sistema neuronal interactivo como ayuda para realizar el trabajo de los profesionales en este campo


redacción | la voz

¿Cómo encaja la traducción automática en el aprendizaje de idiomas?, ¿es una herramienta útil para un traductor profesional?, ¿cómo se puede integrar en las actividades escolares? A estas preguntas intenta responder la investigadora de A Coruña Marina Sánchez Torrón. Pero no lo hace desde Galicia, ni desde España. Ni siquiera desde Europa. Lo hace desde Nueva Zelanda, adonde llegó hace casi cinco años con su marido y sus hijos. No se lo pensó mucho. «Mandé a la Universidad de Auckland mi propuesta para hacer un doctorado, fue aceptada y me concedieron una beca», resume, como si fuera fácil un cambio de vida tan radical, en la que se embarcó después de estudiar Traducción e Interpretación en la Universidad Alfonso X El Sabio y realizar un máster en traducción automática en la Universidad de Manchester.

Ahora es investigadora posdoctoral honoraria en la Universidad de Auckland. Y aquí es donde le llegó su último desafío, en colaboración con el catedrático de la Universidad Johns Hopkins Philipp Koehn y con su alumna Rebecca Knowles: validar la traducción neuronal interactiva como un sistema para ayudar a los traductores profesionales a mejorar su trabajo y con capacidad de mejorar las prestaciones de la traducción automática que se utiliza generalmente.

«En nuestro estudio ?explica? la mayoría de los traductores prefirieron traducir en el modo interactivo que poseditar, lo que es muy alentador, porque si vas a estar muchas horas delante de un ordenador es preferible que sea utilizando una herramienta con la que estés cómodo». Con el nuevo sistema también realizaron su trabajo más rápido y utilizaron menos el teclado y el ratón, lo que «puede hacer también que la interacción con el ordenador sea más cómoda». La prueba se hizo con textos periodísticos en inglés y en español. «Aún hay mucho que investigar, con otros idiomas y otros textos, pero los resultados de nuestro trabajo son prometedores y espero que animen a otros a seguir investigando», advierte Sánchez Torrón.

Un mercado millonario

Pero, ¿cuál es la diferencia entre los dos sistemas? En la traducción automática convencional, en la que un ordenador realiza la traslación de los textos escritos, el profesional humano debe corregir los errores que contiene. Es lo que se conoce como posteditar y es la practica habitual cuando un traductor humano trabaja con esta herramienta.

En la traducción neuronal interactiva ?en este caso se utilizó la desarrollada por el equipo de Phillipp Koehn en la Universidad Johns Hopkins?, el profesional empieza a escribir su traducción y el sistema le sugiere cómo completar la palabra que está escribiendo y las que pueden ir a continuación. Algo así como lo que hace Whasapp o Gmail, pero de forma más sofisticada. El traductor las puede aceptar o ignorar. Si prescinde de ellas y empieza a escribir su propio texto, el sistema le recomendará completarla con otras palabras, teniendo en cuenta las que ya ha escrito. Y así sucesivamente.

En el estudio se compararon ambos procesos teniendo el cuenta el tiempo empleado en las traducciones con cada uno de ellos, la calidad de los textos, el esfuerzo realizado y las preferencias de los propios profesionales.

«La principal diferencia es que un traductor neuronal es capaz de aprovechar el hecho de que las palabras que tienen significados similares se usan en contextos similares», aclara Marina Sánchez.

Pero la traducción automática neuronal, de momento, tampoco es la panacea. Puede ocurrir que produzca una traducción que suena muy natural, pero que omita un ‘no’ y cambie totalmente el sentido de la frase.

El traductor humano profesional, por tanto, sigue siendo imprescindible para obtener textos de calidad, pero la tecnología sí le puede ayudar a realizar su trabajo mejor y de forma más rápida, lo que, a su vez, también supone un ahorro para los clientes. No es un avance menor en un mercado, el de la traducción de textos, que este año movilizará 48.000 millones de euros, por lo que hay mucho interés en «desarrollar y poner en práctica tecnologías que ayuden a aumentar la productividad de la traducción», explica Sánchez.

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