Una ourensana en el futuro

Alba Calpurnia Gil Blanco estudia un máster de diseño gráfico en la ciudad australiana de Gold Coast


ourense / la voz

La ourensana Alba Calpurnia Gil Blanco está en el futuro. Nueve horas la separan de su casa, de Ourense. Tiene 22 años y nació en la capital ourensana, aunque se mudó a Pontevedra para licenciarse en Bellas Artes tras sus estudios obligatorios en la ciudad. Desde hace varios meses reside en Australia donde, seguramente, tuvo que explicar a más de uno el significado de su segundo nombre: Calpurnia. Ahora mismo reside en Gold Coast, una ciudad costera en el este de Australia, en el estado de Queensland, donde se especializa en diseño gráfico. «Australia es un país para tomárselo con calma», afirma nada más se le pregunta por la vida allí. «Casi todos los novatos coincidimos en lo mismo, van a otro ritmo, están mucho más relajados» señala para referirse a los otros extranjeros que comparten su experiencia.

«Creo que lo que más extraño son los horarios y la comida. Tienes que adaptarte a las costumbres de allá donde vayas, claro, pero aquí el día empieza a las 6 y termina a las 5 de la tarde, siempre me sabe a poco. Y respecto a la comida... creo que no hay nada que explicar», dice añorando, seguramente, los manjares de su casa y la cocina gallega y ourensana. Sin embargo, afirma: «No extraño nada mi rutina por allí. Nunca me convenció lo de ‘mejor malo conocido que bueno por conocer’. Me moría de ganas de moverme y conocer nuevas formas de existir, cuanto más lejos mejor. La verdad es que no tengo nada de morriña».

Sobre su día a día y el tiempo de ocio, relata: «En Australia no es nada barato ir a tomar unas cervezas o un café, pero para compensar siempre hay alguna promoción. En mi tiempo libre voy con algún amigo a tomar algo a cualquier sitio en el que alguien sospeche que hay alguna oferta. Es divertido hacerlo, ya que es una ciudad grande y parece que siempre hay sitios nuevos», explica.

Y para los habitantes de esas tierras solo tiene buenas palabras: «Los australianos son, sobre todo, relajados. Por lo general son gente cercana y amable, con mucha paciencia con los extranjeros. Somos muchos por aquí, así que supongo que están acostumbrados». Aun así, explica que parecen un poco ajenos al resto del mundo y que aunque al principio le parecía raro que algunos no supieran si España está en Europa o en América, al final acabó admitiendo que ella tampoco tenía la mínima idea de cómo era y lo que pasaba en Australia antes de viajar hasta allí. «Tal vez deberíamos reflexionar al respecto», apunta. Tras meses en la antípodas puede decir que empieza a adaptarse y a conocer sus rutinas. «La población de Australia es de 24,6 millones casi la mitad que en España y aunque la extensión del país es increíble, casi todo el mundo se concentra en unas pocas ciudades y, aun así, siguen manteniendo la calma, de alguna forma». Y confiesa que no era consciente de lo gigantesca que era Australia antes de mudarse.

«Hay gente de todas partes del mundo conviviendo a la perfección y con un buen nivel de vida. En mi ciudad, además, hay mucha cultura de playa. Muchos surfistas, para cumplir el tópico, y mucha gente que se levanta pronto para ir a darse un baño a la playa antes de empezar con su día. También es una ciudad vacacional, así que hay muchos turistas de otras partes del país o de otros continentes», explica.

La experiencia está siendo asombrosa y Alba Calpurnia no está perdiendo la oportunidad de vivirla a tope. Habrá que esperar para saber si decide regresar o al final es absorbida por el futuro y decide seguir disfrutando de las aguas turquesas y los desiertos infinitos.

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