Mónica Cartelle: «En Luisiana los estudiantes de doctorado cobran 29.000 dólares al año»

La investigadora coruñesa tiene su laboratorio propio en EE.UU. tras su paso por Ecuador y Nottingham


la voz / a coruña

No hay nada comparable a los esfuerzos que hacen las madres por sus hijos. En el caso de Mónica Cartelle (1976) no fue distinto: «Mi madre trabajaba duro para que yo tuviera las oportunidades que ella no pudo tener», confiesa. Con su esfuerzo consiguió una beca de la Fundación Barrié de la Maza para hacer sus estudios posdoctorales en Nottingham. «Confiaron en mi entonces y lo siguen haciendo a día de hoy», señala Cartelle. Cuando ya estaba adaptada a las tierras británicas logró una beca Marie Curie con la que pudo quedar hasta el 2013 para desarrollar su posdoc. «Fue una etapa que me trajo muchas alegrías. Allí conocí al amor de mi vida, me casé y tuve mi primer bebé», indica.

«Fue una etapa fantástica donde aprendí muchísimo y adquirí una madurez profesional que me ha servido de mucho»

El destino tenía un nuevo destino para ella: Ecuador. «Ahí conseguí una plaza como prometeo. Este era un programa que consistía en traer investigadores para promover la investigación y la ciencia en el país», comenta Cartelle. En esta etapa, fue profesora en la Universidad de Medicina y la responsable del laboratorio nacional de resistencias microbianas. «Fue una etapa fantástica donde aprendí muchísimo y adquirí una madurez profesional que me ha servido de mucho».

«Se les da la oportunidad de rotar por tres laboratorios diferentes para que elijan el que más les gusta y ahí empiezan sus tesis»

No obstante, no se trató de su ubicación definitiva. «En el 2015 decidimos que sería bueno para mi carrera, como para la de mi marido como fotógrafo y para el futuro de nuestros dos hijos movernos a Estados Unidos». Tras una estancia de cuatro años en Georgia, le ofrecieron una plaza como Assitant Professor en la Universidad de Luisiana «para montar mi propio laboratorio y mi línea de investigación, el Gestal Lab». Cartelle considera que el programa de doctorado de la facultad «es espectacular». «En España los estudiantes de doctorado con suerte son mileuristas. En Luisiana los estudiantes cobran 29.000 dólares al año. No solo eso, sino que se les da la oportunidad de rotar por tres laboratorios diferentes para que elijan el que más les gusta y ahí empiezan sus tesis», añade Cartelle.

Lo que más le ha costado a la hora de gestionar una carrera en investigación fuera de su país ha sido el idioma y los trámites: «Entender la burocracia de cada país ha sido difícil pero enriquecedor», resalta.

«Me han dado unas condiciones de trabajo muy competitivas para poder realizar mi línea de investigación»

Pese a que echa mucho de menos a su familia y que intenta venir todas las veces que puede a A Coruña, Cartelle cuenta que ha encontrado su lugar: «Aquí vinimos a echar raíces. Me han dado unas condiciones de trabajo muy competitivas para poder realizar mi línea de investigación. Además, mi marido y mis hijos tienen un futuro prometedor».

Galicia se cotiza lejos de casa

Gladys Vázquez

Tienen empleo, sueldos más altos y futuro profesional, pero el retorno siempre está en mente de la última generación de gallegos en el exterior. El trabajo les importa, pero también la experiencia

Hogar, morriña o familia, son tres palabras que significan mucho y que están presentes en su relato, aunque estén viviendo con pasión una importante etapa a miles de kilómetros de casa. Ellos son la última generación de gallegos en la emigración. Según datos del INE, entre el 2007 y el 2018, 95.000 gallegos hicieron las maletas para irse al extranjero. Muchos de ellos conforman esa generación de la crisis económica que arrancaba en el 2008. Jóvenes víctimas de la precariedad laboral, a pesar de su alta formación. Es el caso del coruñés Víctor Barros. A sus 33 años, suma ya cinco en Dublín. Estudió Relaciones Laborales y Recursos Humanos en la Universidade da Coruña y, después de una larga etapa trabajando en Galicia, decidió lanzarse. «La mayoría de las empresas potentes a nivel mundial tienen su sede europea en Irlanda. Atraen a nativos de toda Europa». Él se siente realizado y valorado en su trabajo en el portal de empleo Indeed. «Mi plan era venir uno o dos años. Ahora es complicado saber el tiempo que me quedaré. Me encantaría volver con un trabajo que me ofrezca un equilibrio entre vida personal y profesional, con progresión y un salario competitivo», dice Víctor. Y es que más del 70 % de los gallegos emigrados se han planteado el regreso. La mayoría, a medio o largo plazo. Esta es solo alguna de las conclusiones de la encuesta realizada por La Voz de Galicia en colaboración con la Secretaria de Estado de Migraciones del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Según este estudio ­­—en el que han participado 1.592 personas — el 60 % de los consultados tenía como principal razón para emigrar la búsqueda de trabajo. Son los más jóvenes, aquellos que tienen 29 años o menos, quienes más indican esta motivación. La cambadesa Ana Costa también tiene en sus planes volver a Galicia. «Lo ideal sería regresar con una oportunidad laboral que me permitiese seguir evolucionando, pero no sería el factor fundamental». Y es que esta ingeniera de 29 años se siente plena con su trabajo en Volvo Cars en Gotemburgo. «En Suecia existen muchas empresas tecnológicas que buscan jóvenes cualificados. Con saber inglés, puedes tener una buena oportunidad», apunta.

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